domingo, 27 de enero de 2013

Volver, con la frente marchita


Ayer me sentía morir. No es que ahora me sienta mejor, pero en la tarde ese sábado algo me sacó de la cama. Habrá sido el hambre, y me senté a merendar a la mesa con mis padres, esperando que alguno me preguntara cómo estaba, nada más. No ocurrió, y luego se fueron a no sé dónde y quedé solo. Aún no eran las 6 de la tarde, al día le quedaban muchas horas, demasiadas. Salí al patio a estar con mis plantas y… el alma me volvió al cuerpo. Me llené de plenitud y hasta fui a correr, eufórico. Tuve muchas ganas de salir por la noche a bailar, y aunque no tenía quién me acompañara pensé en salir solo, algo que nunca hice. Anoche me quedé en casa, pero al fin y al cabo mis piernas no hubieran resistido ninguna pista, así que dormí sin más, tranquilo, sin culpas, sin rencores.

Hace tiempo que tengo ganas de volver a escribir. Digamos que comprendí que las cosas que me hacen bien son tan necesarias como imprescindibles. Escribir creo que lo es; mis plantas y cuidarlas también me son imprescindibles. Ahora soy fotógrafo; hace tiempo que no escribo en el blog pero tengo que decir, con orgullo y placer, que en diciembre terminé mi primer curso de fotografía y ahora quiero dedicarme a ello: me gusta, me hace bien, y saber que no lo hago mal me gratifica, como muy pocas cosas en mi vida.

Últimamente ando perdido. Aunque no lo crean, los días previos al 21 de diciembre, el del famoso fin de ciclo maya fueron un antes y un después. Mi vida se estaba llenando de desaciertos, y en esas jornadas mi ánimo fue increíblemente patético. Luego vino la calma y hoy por hoy sigo perdido; mis únicas certezas son que no tengo lo que creía sí tener.

Por fin me hice cargo de la decisión que mi otro 'Yo' ya había tomado hacía tiempo y dije que no volvería a la facultad. Por el momento aún no se lo digo a mi papá; mi mamá ya lo supo y su descrédito fue total. El resto de la gente no solo me apoya, hasta celebra mi decisión. Situaciones como esta me perturban mucho, sobre todo por la importancia que la opinión de mis padres causa en mi.

Y aunque aún no he encontrado trabajo, y esa sería la madre de todos mis problemas, hay algo más que ocupa casi todo mi tiempo, y que es casi el motivo de que vuelta de nuevo a escribir en este blog: un chico.
No cualquier chico. Se llama A. Y ES UN PELOTUD…, no, se llama A. y lo conocí hace más de un año. Simplemente, para referencia está esta entrada del 28 de febrerode 2012.
Desde aquel día no supe nada de él. Por aquel momento no imaginé que no lo sacaría de mi cabeza hasta hoy. Un día estando solo decidí perdonarlo, y agradecerle todo lo que me había dado; todo esto lo hice en mi cabeza, el único lugar donde vale la pena hacerlo. Y como el destino tiene una relación particular conmigo, créanlo o no, a los dos días A. apareció en mi vida, otra vez. En esta ocasión su discurso -más convincente de lo que lo escribiré- me decía que siempre me recordaba, que había recapacitado y que se había dado cuenta de su error… palabras más, palabras menos.
Imaginen la situación; yo estaba en las nubes y sentía que el tiempo no había sido en balde. Nuevamente entré en el vértigo de aquellas primeras dos semanas de hacía un año. Y esta vez, como aquella, tampoco duró más, pero lo peor lo defino de esta manera:

“Soy un tipo herido (desde Pini que lo soy), uno más que, como muchos, creó su propia coraza. De repente se aparece él, A., y me endulzó -mucho- los oídos. ¡Y le creí! Entonces bajé la guardia y decidí volver a confiar. Pero sin motivo válido me atacó, vulnerable yo, y todo lo demás ha sido enojo”.

Claro, uno lo piensa bien y cae en la cuenta que lo mejor es tenerlo lejos. Pero mi corazón no entiende de la lógica occidental, y la obsesión amenaza con salir en forma de espuma por mi boca y ojos, sobre todo desde que sé que está de novio, con alguien que es todo aquello que no soy (rubio, sonrisa perfecta, actitud segura, DELGADO). Al final no sé que me duele más: que ese muchacho sea tan lindo o que A. se haya puesto de novio con él, cuando lo que lo alejó de mi (o hizo que me alejara) fue esa posibilidad…

Así que, Mundo, aquí me tienen, y es probable que me encuentren de manera más frecuente porque, quizás a ustedes no les ocurra, pero yo escribo y exorcizo cada uno de mis demonios. Cómo explico sino que ahora me sienta tan b… mejor. 


domingo, 13 de mayo de 2012

A veces decimos adiós


Creo que llegó el momento del adiós.
Las despedidas nunca me han gustado, me sabían a muerte. Siempre rondaron por mi cabeza las sombras de la esta señora que, ustedes saben, nadie la ha visto con cara de mujer. Mi mayor temor era que mi padre muriera, o mi madre. Un día me llamaron por teléfono; esa mañana tenía muchas ganas de quedarme en la cama y mi celular estaba sin batería. Una idea, entonces, me atacó y me hizo levantar para conectar el teléfono. ¿Qué idea? Que ese mismo teléfono sonaría para decirme que mi padre o mi hermano había muerto. Pasaron unas horas y, efectivamente, el celular sonó. Era mi madre que me llamaba para avisarme que Lucas había tenido un accidente en su moto. 16 días después él murió.
Desde ese momento no le temo a las despedidas. A fuerza de buscar una razón para vivir, para sobrevivir, necesité creer en la “vida” de la muerte y, sin inventar nada, adherí a la lógica de los ciclos: uno se cierra pero las cosas han de continuar. Metáforas como estas ya me sé decenas. Mi psicóloga me dijo una que me gustó mucho. Se refería también a mi pasión por los cactus: Cuando se muere una planta, me decía, uno ya no se ocupa más de ella. Mas, se dispone a reutilizar la tierra y la maceta, y concentra su energía en las plantas que aún están vivas.
Algunos ciclos se han cerrado. Y aunque no he visto abrirse la puerta de alguno más no puedo decir que no me encuentre en ningún otro nuevo.
La historia ha vuelto a comenzar desde octubre. Una tarde extraña, lluviosa, volvíamos a mi casa sólo ya tres integrantes. Los días fueron pasando y sin querer atravesamos Navidad y luego Año Nuevo. Estábamos sobre el verano. Cada día se llora menos. Yo conocí un chico y dejé de verlo demasiado pronto. Fue una de esas personas que si se te cruzan en la vida tendrás que hacer todo para no perderlas, al menos deberás mantener a raya tu pulsión por la histeria. Bueno, yo esto último no lo sabía; he ganado la amarga experiencia. Mi vida sexual-sentimental terminó allí, por febrero.
No ha pasado mucho más, al menos nada comparable a un funeral.
Si alguna vez abandoné mis estudios, he vuelto sobre mis palabras para retomarlos, aunque me encuentre en una lucha continua. Y realmente no hay mucho más; la pasión, el pecado, la locura y el exceso se han tomado largas vacaciones en mi vada.
He dejado de escribir tanto como de leer. Y mientras me acecha ahora la curiosidad por la fotografía. Otras artes, en mi cabeza, tampoco me son desdeñables.
Así que diré adiós, que puede sonar a un “hasta luego”, que realmente no me preocupa. Sin más, necesito agradecer a quienes he conocido, a quienes me han hecho pensar. Ha sido una experiencia maravillosa. Conservaré mi cuenta de Google. Gracias.

martes, 28 de febrero de 2012

Qué título le pongo a otra entrada sobre hombres?

Es así. ‘A’, con el que estaba todo ok, me dice un día que no quiere verme más; por ahí, quizás, amigos. “No”, le digo, “no cojo con mis amigos”.

En pocos días más me eliminó del FB y yo, como mariquita resentida, lo bloqueé.

Pero ayer corrí la de Damocles de su espalda y lo volví a admitir. ¿PARA QUÉ? ¡¡¡NOSE!!! Pasa que desde ese día que no volvimos a hablar no dejé de pensar en él. Yo sé perfectamente que no estoy preparado para una relación

a) porque no la voy a sostener en el tiempo, no puedo ni quiero.

b) Porque otras cosas me distraen. Y si la hacemos, la hacemos bien. Es decir, no tengo tiempo, y soy tan bueno, no quiero hacerte sufrir.

En vista de esta realidad, me obstino fantaseando volver a verlo, que se desdiga de sus palabras, que mintió para autopreservarse, que realmente me quiere… OJO GUSTAVO, ¿por qué seguir? Porque sí carajo, es mi naturaleza negativa.

...

Estuve pensando en publicar un mensaje en FB. Aún no decido no hacerlo. No decido nada. Sería algo así:

Si podees leer esto, quiero decir que me arrepiento de mi actitud para con vos. Todavía tengo la excusa de verte y entregarte tu (objeto que me prestó), pero me dije que no te volvería a molestar. Pero que va, ¿hay algo que quisiera más? Te extraño, no te miento.

martes, 10 de enero de 2012

Todo nuevo bajo el sol

La semana pasada fuimos, con mis amigos, a la playa gay friendly y conocimos a unos chicos –maduritos- de Buenos Aires, tres amigos. Dos son feos. Pero charlamos largo rato y nos despedimos con un “nos vemos”.

Este fin de semana fuimos, otra vez con mis amigos, a bailar. La pasamos -al menos quien escribe- tan bien como pocas veces. Tuvimos un show de transformistas que yo no conocía, y aún me río de un sketch en particular, que fue tremendo. A mitad del show nos encontramos con los “bitch boys”, así apodé a los muchachos de la gay friendly, ya que necesitamos un calificativo para referirnos a ellos, porque los nombramos con frecuencia. Son “R”, “A”, y “G”. “G” es el más chico pero parece el más viejo. Es el que menos habó y casi no conocemos nada de él. El mayorcito es A, que parece apenas treintañero y está bárbaro, obviamente es el más lindo, y como diría mi amigo: la tiene re clara. Ni hablar de cómo baila, tan sensual, tan sexual. En el boliche, “A” se hizo el pelotudo y no perdió oportunidad para tirarme onda, agarrarme de la cintura e intentar alcoholizarme. Pero como ya quedamos con mi amigo que este año dejo de dar “planes sociales” (haciendo analogía política… una suerte de asistencialismo a los más necesitados, que vendrían a ser los chicos más feos, según él), necesariamente tuve que esquivar cualquier señal de suya. No es maldad, pero me produce rechazo el poco cuidado de su aspecto.

Pasando las horas el ambiente mejoraba, la música era como me gusta y la pista se despejaba. Un rato antes, dando una vuelta por ese sótano que es el boliche, pude ver a un “chiquitín” que me llamó la atención y que luego individualicé muy cerca mío. Fue la primera vez que “levanté” a alguien en un boliche. Primero lo mire de arriba abajo, asegurándome que viera esto que estaba haciendo. Y ahí empezó el juego de miradas y sonrisas. Ya cuando se puso bien cerca inventé una excusa que hasta a mi me pareció muy tonta: le pregunté si se llamaba “M”… porque conocía a un tal “M” que era muy lindo. Bueno, con esto quedó más que encantado y minutos más tarde estábamos besándonos.

Me sedujo tanto que pareciera de 23, 24 quizás, y que tuviera en realidad 29. Y que fuera médico (las profesiones son, para mi, un salto cuántico). Me dije: “¡otra vez!”, cuando me hizo saber que era de Buenos Aires.

Se llama “J”, es medio petiso, asumo que su afección insinúa su rol (otro indicio fue la manera en la que escrutaba mi cuerpo, en especial mis bíceps), una sonrisa hermosa, vocecita tierna y una forma de besar que hasta ese momento no conocía: me tomaba como por arrebato, pero los besos eran breves, incluso indecisos. Me dijo, con elocuencia única, que le parecía hermoso, muy lindo, y fue la primera vez que pensé que por ahí, efectivamente, lo soy. También me dijo que estaba sorprendido de que el chico más lindo de la pista (yo) le diera bola. Dijo otras cosas más, pero esto, en particular, me resultó creíble. Casi terminando la noche me pidió que volviera al día siguiente… y eso hice.

Como él estaría con sus amigos, no me dedicaría tiempo exclusivo. Y esto era para mi un problema, puesto que yo iría solo. Convine, entonces, llegar algo más tarde, y aproveché para quedar con un chico que había conocido en la semana por el chat local. Otro que después de verme por webcam también me repitió que era muy lindo y bla bla. Entonces fui a la casa de este muchacho, que no es feo, pero que de seguro a mi amigo no le gustará. Se llama “A2”, 25 y vive solo. Se lo ve maduro y bastante autosuficiente, en el buen sentido.

Yo sabía qué era lo que podía pasar. Me dijo que me invitaría un baso con agua (no toma alcohol) y que a cambio yo debería pagar un “peaje”. Terminamos teniendo sexo. Yo, hiper exhausto, él, semienamorado. Con mucha gentileza me dejó bañarme y de ahí me fui al boliche.

Rápido me encontré con “J”; nos dispusimos a cruzar unas palabras cuando me crucé al autor del abandonado blog amigo Sal de allí, con el que hicimos algunas migas virtuales en estos años (su pareja es transformista y trabaja en este boliche marplatense, por temporada). “J” desapareció, y media hora después decidí ir a buscarlo.

No paso mucho más de esa forma extraña de besar. Acaso si me incomodé por no poder hablar de algo. Intuí que no había tomado sólo alcohol, pues tardaba mucho en responder, o a veces no lo hacía, sólo me miraba y reía. Luego me dejó solo para volver con sus amigos. Sentado, tan cansado estaba, me distraje mirando a “R”, uno de los “bitch boys”, que de pronto me reconoció y con cara de sorpresa se acercó:

-Qué haces acá, solito?

-Me dejaron solito.

-Venite, estoy con los chicos-. Y fui a pasar el rato con ellos

Más tarde, “A” me confesaba que ya me habían visto “acompañado” y por eso no se habían acercado.

Por un instante llegué a sentirme realmente saturado de todo, de la gente, de la música, de esa extraña situación, con porteños que había visto dos veces, a caso algo más de una hora. Y decidí terminar, irme. Saludé a todos y busqué a “J” para despedirme. Algo me dijo que tampoco él tenía tantas ganas de todo eso. Pero, muy gentil, me acompañó hasta la puerta y retrazó mi huida, con más de esos extraños besos, pidiéndome que si iba a Buenos Aires lo fuera a visitar.

Siento todas estas situaciones tan extrañas, tan ajenas a mi. Y es que lo son, por mucho que mi consiente y su pariente “el tonto” lo hayan deseado. Y por fin se me da, conocer a alguien que termina con mi mayor abstinencia desde mi inicio sexual y que me promete encuentros regulares sin compromiso; ligar con el chico más lindo del boliche; sentirme efectivamente lindo. Estos tres o cuatro días todo ha sido vértigo en mi vida (omito otras historias aburridas), yo, que siempre pedí que mi existencia no fuera tan aburrida. Digo, estoy conforme, no feliz ni alegre, conforme. Pero me falta algo, que viene de más profundo, y tiene que ver con mis padres. Ellos nunca se enteraron de nada. No tendrían que haberse enterado, pero ni preguntaron si saldría, si volvería o no, si porque estaba contento o qué me pasaba. Tener tanto que decir y que a nadie le importe. Ese es el dejo amargo de todo mi recuerdo

lunes, 26 de diciembre de 2011

Navidad problemática # 26

Supongo que el primer gran desafío, luego de la muerte de mi hermano, era la Navidad.

Hemos estado hablando algo con mi psicóloga sobre ello. Me explicó la importancia de esta fecha, me habló de la energía circulante de estos días (me dijo cosas que no recuerdo, pero creo haber asimilado el concepto). Solo, luego, me pregunté si mi rechazo visceral por esta festividad en particular era real. Me propuse ponerle onda. Esta sería una Navidad distinta, la primera del resto que nos toque vivir.

Al principio no sabía bien qué iba a ocurrir. Tradicionalmente, las Fiestas se pasan en esta casa porque es amplia. A veces vienen parientes. Siempre se cocina mucho.

Esta vez, algunos de los de siempre avisaron con tiempo que no vendrían; los otros no se habían pronunciado hasta ayer. Hace un día o dos me enteré que el plan original de mi mamá era acostarse temprano, pero recapacitó. Recién el 23 se animaron a hacer las compras para la mesa (antes, como siempre, se habría comprado todo por lo menos dos semanas antes); Navidad estaba tomando forma.

En la víspera se ultimaban detalles. Yo llegué bien tarde a casa, con el tiempo casi justo para bañarme y sentarme a la mesa. Y fuimos, nomás, los que quedábamos vivos y un tío: 4 en total.

Y fue un desastre. Faltando más de una hora para las 12 se habían agotado todos los temas. Mi mamá se torturaba (tiene una forma particular: se frota los dedos de las manos; ahí yo ya sé que piensa en mi hermano) con la mirada fija en la mesa; yo moría del sueño; mi tío suspiraba a causa de la molestia de su vientre abultado. Mi papá al fin se rindió, y concentró su mirada ausente en el televisor. Por momentos, casi turnados, todos nos dispersamos: no sé para qué se levantaron los otros, yo lo hice para fumar un “puchín”, a ver si así podía remarla.

Y dieron las doce y… bueno, abrazo a papá, abrazo al tío, y cuando llega el de mamá todo se fue al diablo. Se puso a llorar desconsoladamente.

Diría que lo entiendo, pero… no. Yo soy el hermano del muerto; en esta vida nací con pito, nunca nadie saldrá de mi interior. Será por mi real convencimiento de que la muerte es sólo una metáfora… no lo sé, mi madre no lo entiende, y yo no la entiendo. Y puedo ver que su camino hacia la Verdad -uno largo y duro, por cierto- recién se inicia. Estas, sus lágrimas, a menos de tres meses, son tan sólo las primeras.

Cuando entreví que se calmó un poco me fui a buscar sus regalos. En esta casa nunca nadie ha hecho regalos navideños. Quizás yo sí los hice alguna vez, pero eso en sí mismo es tan extraño que puede que sea una fantasía mía y no un recuerdo auténtico. No sé porqué tenemos estas prácticas… con el deseo inmenso que tengo de que alguien me regale algo sin que yo lo pida.

A mi mamá le regalé un perfume. Era eso o una pulsera. No sabría que otra cosa darle. Igual que a mi papá: le compré un CD de Vicentico. Son tan herméticos mis viejos. Quizás realmente sí fueron regalos de mierda, que bien caros me salieron ahora que no trabajo: mi mamá simuló que le gustó, pero me pidió que lo saque de su vista (así lo interpreto). Mi papá fue más honesto. El CD sigue en el mismo lugar en que lo apoyé para que lo viera hace más de 24 horas. Dudo que sepa de qué o quién trata, ni siquiera le quitó el envoltorio.

Alguien me ha dicho que debo dejar de esperar nada de los demás. Pero me duele. No por el dinero; es la reacción. Realmente, nunca nadie que me quiso me regaló algo para Navidad. Realmente no esperaba que en esta ocasión fuera distinto. Pero que me hagan esto… yo entiendo que se les murió un hijo, pero a mi se me fue antes de tiempo un hermano. Ellos se tienen a sí mismos, pero yo no tengo a nadie. Y un día ellos también morirán y mi sentimiento de soledad será efectivamente real. Creo que mi situación no es mejor que la de ellos. No me quejo, pero pongo voluntad.

O quizás yo sea el culpable, un estúpido infeliz que no tiene la capacidad de comprender que nada de lo de ellos se puede comparar. Feliz Navidad.

martes, 18 de octubre de 2011

Nunca más volverá

Hoy entré a su pieza y caí en la cuenta de que nunca más volverá. Entré buscando algo, no sé qué. Empecé a revolver sus cosas y en un cajón, debajo de una carpeta había una foto suya junto a mi mamá. Mi hermano había guardado una foto en la que abrazaba a nuestra mamá, ahí. Y yo la encontré. No lo esperaba. Con mi hermano no teníamos mucha comunicación, y desde el momento que comprendí que me respetaba yo dejé de invadir su privacidad. No tenía forma de imaginar que entre sus cosas guardaba una foto junto a la mujer que más amó. Y yo la encontré allí. No la vió nadie más antes que yo. Y no fue la foto, fue mi hermano quien allí la dejó y yo la encontré. ¿Entienden? En este momento no paro de llorar. Creo que por fin llegué a la tristeza, a darme cuenta que jamás volverá, que se fue, que abandonó una vida a poco de haberla iniciado. Supe y sentí todo esto al darme cuenta que sus cosas estaban acomodadas a su manera, una que lo espera al final del día para que las vuelva a ordenar. Pero eso ya no ocurrirá. Mi hermano dejó una foto guardada y nadie más la vio después de él. Nadie más que yo, hoy.

sábado, 15 de octubre de 2011

La desgracia que golpea a nuestra puerta

Uno piensa que estas cosas le suceden a los demás.

Hace menos de una semana murió mi hermano. Fue todo muy sorpresivo: un día cumplió años, dos días después chocó con su moto, y a las semanas su corazón dejó de latir. Tenía un año menos que yo.

Hoy no tengo tantas ganas de hablar de él. Supongo que al pasar los días, los meses, nos iremos acostumbrando a su ausencia. Aprenderemos a convivir sin él, porque de eso se trata: llevar esta marca en nuestros corazones para toda la vida.

Desde luego, mis energías ahora se concentran en apuntalar a mis padres.

Por mi parte, me suceden cosas extrañas. No siento dolor. No es que me encuentre insensible. Por momentos me emociono mucho y, claro, lloro. Pero me sorprende que ni mi llanto ni lágrimas son de dolor. Es muy extraño. Yo he vivido un ataque de pánico y he sentido el dolor en el corazón por la angustia. Pero hoy no me duele nada de eso. Es como que tengo muy claro que mi hermano siguió y sigue su camino de Evolución, que nada ni nadie lo habría detenido. Quizás algún día lo comprenda mejor y me quite la culpa de no sufrir. Al menos he tenido la oportunidad de decirle que lo amo, mientras estaba en coma en una cama de hospital; creo que eso tiene mucho que ver en cómo me siento ahora.

Mi vida y la de mi familia se ha detenido. Mi papá al menos volvió a trabajar y a tener su mente un poco más ocupada. El caso de mi madre es distinto y eso será un capítulo aparte para todos.

Yo abandoné en la práctica el departamento que ocupo en el centro. Me queda el alquiler de un par de meses más, pero es en casa de mis padres donde duermo hace casi un mes. También dejé la facultad; tanto ir y venir, de médicos y hospital, rezos y familia, angustia y no sé qué otras cosas pudieron más que mi concentración, pero no tanto como la culpa (sí, ella otra vez).

Trabajo: hacía un mes que estaba desempleado al momento de la primera desgracia, la del accidente. Y hoy siento que mi mamá necesita mi compañía, o al menos no me atrevo a dejarla sola. Aunque veo que eso será inevitable en la proximidad. Mis cuentas ya están en rojo; y a pesar de una serie de reflexiones, de corte ecologista-espiritual-revolucionarias de último momento (todas amparadas en el hastío que me producel eso que llamamos consumismo), nuevamente me invade la necesidad de disponer de dinero, naturalmente.

En casa, mi antiguo y nuevo hogar, me entretengo con tareas de jardinería. No tengo muy claro cómo seguirá mi vida. Ahora comienza una serie de cuestiones burocráticas que no podemos eludir referentes a la muerte de mi hermano. Planeo preparar al menos un final para la facultad y comenzar a pensar en buscar trabajo. Tengo en la cabeza el tema de mi cuerpo, de mi aspecto físico: empieza el calor y me siento incómodo con poca ropa. Desde el último verano no he engordado tanto. Pero bueno, ya saben.

Por ahora eso.

Nota de color: en el velorio me reencontré con Pini, mi ex. Estaba en Mar del Plata cuando se enteró y quiso verme. Hacía por lo menos dos meses que no teníamos contacto alguno. Y allí nos abrazamos largamente y me dejó llorar en su hombro. No se quedó mucho tiempo, pero el que estuvo se la pasó acariciándome. Me dijo que me quería y que al igual que yo, me había extrañado mucho y que siempre estaría a mi lado. Por supuesto, ni bien lo vi reafirmé que aún lo amo y lo haré por mucho tiempo. Cosas de la vida.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Adicto a Facebook

Entiendo perfectamente que a nadie le interesa. Y quizas sólo escriba esto para que Peter se apronte (me comunicaré con vos cuando sea necesario, en las próximas semanas)... Cerré mi cuenta de Facebook. No deja de traerme problemas. Me conectó todo el tiempo para ver si "alguien" en especial publica algo... y ni siquiera usa la red social... No sé a dónde estoy llevando mi vida. Mañana he de hablarlo con mi psicóloga, justo cuando se decide a dejar de verme tan seguido.

Hoy extraño mucho a Pini

Yo sé que lo nuestro es un imposible. O un posible doloroso e innecesario. Las cosas están mejor así ahora que no nos liga más que los buenos recuerdos. Pero sucede que hoy lo extraño mucho.

En reiterados momentos del día lo he recordado de manera particular. Sí, aún estoy en ese estado en el que cualquier cosa puede arrastrarme a su persona. Por ejemplo, mientras escuchaba la radio, pasaron un tema de Dread Mar I. Esa banda le gusta mucho a Pini, y por si fuera poco, no creo haber escuchado menos de 10 veces el disco entero cuando fui por primera vez a su casa: mientras nos amábamos y volvíamos a dormir, desde la madrugada hasta la mañana esa fue nuestra música de fondo. Tengo un recuerdo muy particular sobre eso. En un momento le pregunté qué sería de nosotros. Hacia poco más de un mes que nos conocíamos. Me dijo que no sabía pero que dejáramos pasar el tiempo, él nos daría una respuesta. Y en ese momento escuchamos de fondo algo como “yo sé que lo que siento es amor, y esta creciendo”. Nos reímos, los dos ya lo sabíamos.

Por estos días mi papá esta en casa y se entretiene haciendo algunas refacciones. Se detiene un momento y toma el vaso con jugo que le alcanza mi mamá. Se miran un instante, no mucho más… se han dicho todo. No sé si se aman, no me interesa. Sí sé que se respetan y necesitan. Ya han concretado sus vidas y aunque no fue fácil están contentos en cómo lo han hecho, y juntos. Me pregunté también en el día cómo sería nuestro presente, o futuro, si la vida nos hubiese encontrado en otro lugar. Quizás no hubiesen funcionado. Yo creo que sí…

En este momento estoy tentado de escribirle un mensaje, pero… ¿qué decirle?

Hace un mes y medio que lo vi por última vez, y hace casi tres semanas que dejamos de comunicarnos. Quedamos en que deberíamos vernos, sabiendo el uno del otro que ninguno estaba bien. Pocos días después se enteró que lo había eliminado de Facebook. (Lo sé; parece una chiquilinada. Pero era doloroso para mi abrir esta página de vicios y ver la foto de su perfil. Opté por mi. Pero él tampoco lo necesitaba. Sabía y sabe mi número si quiere “saber cómo estoy”). Su descargo fue el siguiente:


“Quise entrar en tu Face para saber qué es lo que te está pasando. No pensé que me eliminarías. Me duele pensar que es tan fácil desechar una persona u olvidarla. No quiero perseguirte ni que lo sientas así pero no sé qué pensar… qué fue real y que queda en el plano de lo virtual…”


No sé. A veces pienso que daría mucho de lo que tengo por volver a vernos, besarnos, para una noche juntos, llorar y volver. A su lado, por instantes, me sentí parte del Universo, pleno, feliz de tener la oportunidad de vivir. Pero también pienso que, aunque no soy tan joven, son 25 los años que llevo a cuestas; mi vida, a diferencia de la mayoría, empezó hace poco y necesito construir mucho antes que nada. No sé… la verdad, no sé.



PD: este texto no se acomoda a mi gusto. Pero lo tomo como un descargo. Disculpen las incoherencias. No lo quiero releer.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Sí, soy un idiota

"¿Qué haces esta noche?" "Me veo con Edgardo…" "¡Ah! Qué lindo. Te vas a cuidar, ¿no?" "No vamos a hacer nada." "¿Por?" "Porque me duele el pito…" "¿!Y por qué!?"


Le mentí que me masturbé de una manera algo violenta. Que me dolía, sí, pero por otra cosa. Me daba vergüenza decirle que había invitado al chico más feo de Mar del Plata a tomar mate… y que no fue mate lo que él terminó tomando.

Antes de lograr que se fuera ya me sentía morir, con una sensación de suciedad en todo el cuerpo, principalmente en las manos. Él me preguntó varias veces qué me pasaba y yo fingí que estaba preocupado por lo mucho que tenía que estudiar.

Este ser extraño al que ni me atrevo inventarle un nombre insistía perpetuamente con verme, saludarme, que me extrañaba y no sé cuantas cosas más. Me cansé de decirle que no, y ya comenzaba a darme lástima. Un día más volvió a insistir. Acepté. Llegó en menos de lo esperado para instalarse en mi departamento hasta después que se ocultó el sol. Tarde, la conversación ya me aburría hasta que le propuse salir a caminar; lo quería sacar de lo que considero mi territorio. No quiso.


-¿Qué querés hacer, entonces?


Admiré su sinceridad; hizo una seña para que fuéramos a la cama. Le dije que no, que en cambio me enseñara a estudiar (sí, no se estudiar, y él sí).

Y allí se desvirtuó todo. No entraré en detalles, estoy sumamente avergonzado. Él es repugnante y yo… aún no me lo explico.

Caí en la cuenta de lo que hacía demasiado tarde, cuando mi “yo” estaba dentro de su “él”. Aquello era eterno y ya empezaba a experimentar algo parecido a la náusea. Mentí otra vez, que estaba cansado, que ya no tenía fuerza ni en las piernas ni en los brazos.

Como si fuera poco a mi pesar se recostó a mi lado y ¡me abrazó! Si por él fuera hubiéramos comenzado un nuevo día de esa manera. Esperé el tiempo que creí exacto y me fue al baño. Cuando volví lo encontré vistiéndose lentamente. Todavía sentí piedad, y por el frío le presté una campera que ahora deberá devolverme. Sí, soy un idiota.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Edgardo

Edgardo es un chico algo menor que yo que trabaja en un centro comercial al que voy con frecuencia a hacer compras. Edgardo me gusta tanto como nervioso me pone. Es increíble el poder que ejerce sobre mí. Ojalá nunca lo descubra. Ojalá no sea tarde.

Yo apenas sabía su nombre, y ni tenía la certeza de que fuera gay, aunque albergaba mis serias dudas. Un día lo agregué a Facebook y me aceptó. Pegamos onda. No pude evitar hacerle saber que me encantaba (traicionando todas mis recetas de conquista) y él tan sólo dejó deslizar que algo mío lo atraía. Pocos días después quedamos en vernos y ese gran paso para mi humanidad sólo lo saboreé con disgusto: no pude robarle el beso que quería.

Sucede que es más tímido que yo, y yo tan poco vivido que no puedo decodificar sus señales.

Para la misma semana lo invité a comer a mi departamento, con sabe dios que intensiones, pues aún yo estaba de novio. Muy tarde para mi gusto me dijo que no vendría y comencé a oler histeria.

Seguíamos conversando hasta que la semana pasada lo invité a ir a bailar un viernes, el peor de los días para salir en plan “gay” en el invierno marplatense. De todas formas la pasamos bien, me agrada su compañía.

Como nunca al día siguiente tuve que salir nuevamente (era el cumpleaños del novio de mi ángel guardián, Leandro) y confirmé que ese sí era un buen día para ir a bailar y se lo hice saber a Edgardo, quien no perdió tiempo para comprometerme para el próximo fin de semana. Que fue ayer.

Esta vez le pedí que viniera antes. Después de un tiempo me pidió permiso para recostarse en mi cama, para poder ver mejor la tele. Yo, por mi parte pude (y solamente) recostarme cerca suyo pero a distancia abismal. Le mentí que tenía mucho frío, pero la realidad era que el temblor inacabable de mi cuerpo no era más que los nervios que me producía la idea de besarlo. Ambos nos dimos sueño y como la cosa no iba para ningún lugar terminamos por ir a bailar, muy al pesar de nuestro deseo.

Allí en el boliche la pasamos muy bien. Este diálogo lo considero memorable:

-Bailás muy bien-, dijo Edgardo.

-Nah. A mi me gusta como bailas vos. Además estás muy lindo-, admití.

-Vos también-, me sonrió (dios, es tan… atractivo).

-No era necesario mentirme-, le dije con la sonrisa que empleo para este latiguillo.

-No te miento. Si no hubiese dicho simplemente “gracias”.

Quiso irse temprano. Y bastante temprano como para hacer valer el costo de la entrada estábamos volviendo a mi departamento. Yo lo había invitado a desayunar, puesto que él me había mentido que tenía hambre.

Ni bien entró se recostó en la cama. Pensé que sería oportuno sentarme un rato a su lado. Volvía a temblarme el cuerpo. Estaba diciendo muchas tonterías y ya empezaba a mirarlo. Era un punto de no retorno y me asustaba la sola idea del rechazo.

Esto no fue lo más oportuno, pero le pregunté si podía darle un beso. El lo dudó, y ese instante mínimo que tardó para decirme que sí fue de terror.

Lo besé. Yo sé que amó mis besos. Y por mi lado yo sólo me saqué las ganas. Me quedé con sabor a poco, me esperaba más del “beso”. Pero tener en mi cama al proyecto de Adonis hiper relajado fue bastante para madrugada del domingo.

Nota: Su piel es maravillosa, terriblemente suave. Pero tiene estrías, algo que me desconcertó. Esto es tan sólo un ejemplo. Me hizo pensar que si alguien como él puede provocarme tantas cosas, qué será lo que yo puedo transmitir con mi cuerpo que no tiene estrías, y no es muy distinto al suyo. No entiendo por qué me desvalorizo tanto cuando todo me indica que soy mejor de lo que entiendo.

PD: volverá. Y habremos de tener sexo. Será raro, lo sé.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Historia de un final (II)

Peter dice

cómo andás en tu segundo día libre laboralmente?

Gustavo dice

m separé, supongo que lo sabes…

Peter dice

no lo sé, sólo lo suponía por comentarios y demases...

qué pasó?

Gustavo dice

no es oficial, solo falta la firma

pero se terminaron los llamados tanto como los mensajes

Peter dice

pero en el fuero interno es oficial o están ahí?

Gustavo dice

no sé qué pasó

no hay oficialidad ni fuero ni nada

Peter dice

o sea que ha faltado el diálogo...

Gustavo dice

si. Y tengo que ser sincero conmigo también...

no estoy maduro para una relación

menos si es a distancia

Peter dice

bueno, es bueno que lo asumas...

yo creo que ese es el tema en realidad

Gustavo dice

aunque lo amo y lo amaré por siempre

llegué a encontrar paralelos entre mi papá y él...

fue duro, todo un paradigma, más porque yo tomé la decisión, y en soledad

Peter dice

es medio loco, no?

y con la psico cómo anda la cosa? seguís?

Gustavo dice

si, ayer me dijo algo extraño

que en poco más comenzaremos a vernos solo 2 veces por semana

lo cual será sólo un alivio para mi bolsillo, jeje

Peter dice

cuántas veces se veían?????

Gustavo dice

JAJAJAJJAJA, ME EQUIVOQUE

quise decir por mes

Peter dice

ahhhhh....

pensé que estabas más chapa de lo que admitías

Gustavo dice

viajo a mediados de mes

siii?????

Gustavo dice

vos podrás verme?

Peter dice

sip sip sip

Gustavo dice

tendré q hablar con Pini

darle cierre definitivo a esto

puesto que no se digna a venir

o quizás lo hizo y no me enteré

sabes q?, además?

tengo a alguien entre ceja y ceja

jaaja

[INTERRUPCIÓN]

bueno, ya m quitaste protagonismo, no se como remontar

hablemos de vos

Peter dice

cuánto tiempo seguís en el departamento?

Gustavo dice

3 meses exactos desde ayer

Peter dice

(ahí te tiré una punta)

Gustavo dice

uhhhhhhhh

Peter dice

y luego???

Gustavo dice

padres

Peter dice

grrrr

Gustavo dice

esta todo mal con vos?

Peter dice

bueno... lo mío no es para contar por msn...esperarás a que te mande la carta o a verme

Nooooo.... no está todo mal... para nada

pasé una pequeña crisis existencial, pero bueno, hay cosas con nombres propios

pero si te digo que tiene nombre propio podés imaginar por dónde viene la cosa

(no digas nombres<)

Gustavo dice

si, [NOMBRE CESURADO]

Ah!, perdón, leí tarde

ese es mi chico (???)

jejejeje

dios, me siento como cuando tiras una piedra y cae en una ventana

che, habla!, no m hagas sentir peor

Peter dice

jajajajjajajajaj

básicamente, mañana se convierte en mi amante

Gustavo dice

ah, bueno

mejor

Peter dice

te quiero mucho..

Gustavo dice

yo tb...

fuiste una de las mejores cosas q m dejo Gabriel

Peter dice

la mejor, chiquito!!! la mejor!!! jajaj

viernes, 5 de agosto de 2011

Historia de un final (I)

La Navidad es una circunstancia que ejerce terrible poder sobre mi. La última no fue excepción y todavía les agradezco a mis padres que aceptaran mi decisión acostarme temprano, de dejarlos celebrar sin mi. Al otro día amanecí casi nuevo, como quien promete no beber y termina brindando la menor cantidad de veces posible. Era mi día libre y me la pasé haciendo eso que mejor me sale: contemplar la vida, o en otras palabras… nada. Estaba a punto de acostarme cuando suena el teléfono y del otro lado la voz inconfundible de mi ángel de la guarda:

-Vamos a bailar.

Es difícil decirle que no a Leandro. No porque sea irresistible (lo es para mi), si no porque todo lo que decide es bueno y beneficioso para ambos. Tanto que esa misma noche fue nexo entre Pini y yo. Él era su amigo, que estaba vacacionando en Mar del Plata. Estaba solo y desde que se reconocieron se quedó junto a nosotros. Él recuerda que yo le parecí lindo. Yo recuerdo que esa noche no quería terminarla sin besar a alguien. Pronto Leandro nos dejó solos un momento y nos dimos un beso. Fue especial, no me pregunten por qué, solo sé que me sentí distinto y no quise dejar de estar a su lado ningún momento.

A su favor tengo que decir que besa muy bien. Hay tantas cosas buenas en él…

Dos días después fuimos a cenar los tres. Antes de medianoche Leandro ya nos había dejado solos otra vez. Ese día volví a la casa de mis padres con las primeras señales del amanecer; habíamos pasado la noche en la calle, besándonos.

Era un sueño. Y al día siguiente nos volvimos a encontrar para pasar nuestra primera noche juntos. Claro, fue la primera vez que hicimos el amor.

Nos volvimos a ver un día más y al otro se terminaba el año de una manera que no pude soñar. En la madrugada del 1 de enero estaba en mi casa pasando otra noche de ensueño. Esa misma tarde volvía a su ciudad, prometiendo volver. Antes de poder extrañarlo estaba de nuevo pasando otra semana más conmigo…

viernes, 8 de julio de 2011

Mi tormento

Una vez escuché que un amor que se padece, más que amor, es un padecimiento.

Creo que me enamoré demasiado. Y lo padezco. Mi amor, mi novio, vive a 400 kilómetros, y con tanta fortuna que aún debo agradecer, lo veo al menos este mes, una vez por semana.

Lo extraño horrores. Y sólo quiero estar con él. Por su parte, él no siente más que felicidad por esto que nos sucede; sí, así como les digo, él es feliz así

Y yo siento que no puedo. Y así y todo no sé cómo decirle, en nombre de todo este amor, que ya no puedo seguir…

PD: Antes de ayer fue mi cumpleaños número 25. Pero eso no importa nada.

domingo, 12 de junio de 2011

Entonces se me ocurrió esta venganza

(Fragmento)

Esta vez yo iría a su negocio (una variante de drugstore, digamos…) y esta sería la situación:

(…)

Llego y desde ese mismo momento despierto sus nervios. Esto, acaso, no sería planeado; excepto aquella vez en que nuestra relación era mas fluida, siempre lo puse nervioso. Por qué será. Bueno, continuemos.

Él, nervioso, intenta saludarme como a un cliente más. Sólo imaginen su expresión, sus movimientos, dios, ya lo disfruto.

-Hola.

-Hola.

-Si, ¿que tal? Prime… ¿me das?-; Prime (para puritanos y extranjeros donde la globalización no nos abordó, es una marca cuyo nombre es homólogo a preservativos -condones). Existen otras como Tulipán o… Tulipán, pero no me imagino a alguien diciendo: Tulipán, ¿me das? Todos confiamos más en los costosos Prime.

Entonces Prime. Y su sangre pretende irrigar cada capilar de su rostro. Nervios, su respuesta. Pero como sabe que le juega en contra, esta vez ni una sonrisa tímida ni intimidada resultaría.

-Sí, ¿de cuál querés?-, y acá es donde comenzamos a jugar a que él es el vendedor y yo el cliente. A ver quién juega más, Zequito.

-Eh… a ver, esperá que consulto-. Y tomo mi celular y ejecuto una llamada ante su expresión de “No podes…”. Pero resulta que la escena ya pierde mucha credibilidad. Y tampoco me interesa tanto un acting delante suyo, la idea es sólo ponerlo en evidencia, demostrarle que hasta la idea más pobre que se me pueda caer lo mostraría en toda su vulnerabilidad. –Bueno, no me responde. Fue, dame el que más te guste a vos… que estoy apurado.

Señor vendedor debe ejecutar venta. Vencer al hombre, cumplir con el mandato capitalista. Y el pobre Zequito es tan inexperto o estará tan vencido que se limitará a ejecutar el acto.

Y yo me habría ido con 3 preservativos adicionales y una batalla ganada más que a decir verdad, no modifica mucho la guerra.

jueves, 26 de mayo de 2011

Vivir solo, pero de verdad

Hoy fui a visitar a Margot, una compañera-amiga del trabajo. Fui a conocer su casa, en donde vive con su novio, dos gatos y un perro.

Afortunadamente no tuve contacto ni con el perro ni con el novio. Sí con el gato, que es gris y aún cachorro. Es muy juguetón y cariñoso, quizás demasiado confianzudo. Nos entretuvimos largamente juntos y ahora tengo mis manos todas lastimadas por sus mordidas y rasguños. Se llama Simón. El otro gato es hembra y a pesar de ser muy distinta de Simón, Mora, tal su nombre, también es bellísima. Toda negra y de ojos amarillos. Esta bien alimentada, parece un cerdito ágil. No es muy sociable, pero se trepó a mi regazo varias veces para curiosear.

Por primera vez sentí que a mi vida le hacía falta un gato.

En un día gris, el mediodía en lo de Margot me fue para pura reflexión. No es novedad que ando sensible y muy pensativo. Fui a visitarla con tristeza. Yo no estoy bien. Pero conocer su casa me encantó. No es gran cosa, acaso si bastante vieja, esta algo desordenada y muy sucia. Pero ella es así (ellos son así, me refiero a la pareja, claro), y me parece perfecto.

Margot me cocinó pastel de papas, y gracias a dios me dejó solo en el living para pensar. Ya me había prometido ese almuerzo la semana pasada, porque según ella estoy comiendo muchas porquerías, y me vendría bien algo “potente”.

Mientras se hacía la comida, en mi cabeza se cocinaba la idea de irme a vivir solo. Es decir, terminar de obtener la independencia de mi casa familiar, porque si bien vivo solo, estoy obligado a ir por lo menos una vez por semana a casa de ellos para lavar la ropa y cuidar mis plantas. Pensaba esto porque he sentido estos días que a mi familia le importo poco. No sé cuánto así será, pero algunos acontecimientos me han dado mucho que pensar. Esto lo hablé con Adriana, mi psicóloga, y ella me dijo que probablemente me estén “castigando” por haberme ido. La cuestión es que no soy para nada indiferente a esta nueva actitud de ellos, y por lejos lo estoy padeciendo. Extraño mucho a mis padres…, sobre todo a mi papá.

Entonces se me ocurrió buscarme algún lugar para vivir los próximos 2012-2013. Yo no tengo muebles, apenas una cama (que tampoco es mía, tan sólo la que uso en la casa de mis padres; supongo que me la podré llevar el día que me vaya), mi ropa, mis libros, la portátil... Pensándolo bien no es poco. Pero bueno, son esas cosas. Y las plantas: yo colecciono cactus y suculentas. Son bastantes macetas, todas apenas entrarían en un balcón modesto. Y no me resigno a dejar de agrandar la colección. Y es vital que se vengan conmigo, pues eso es lo que hoy más me ata a la otra casa.

Se me presenta el tema de los costos; tengo un trabajo seguro, pero en la librería no puedo confiar en esa seguridad. Y si me voy definitivamente de la casa es para no volver, pero qué diablos, creo que ya no quiero volver. Antes tenía miedo de no poder terminar mi carrera. Ahora no sé si quiero alguna carrera. Y quizás ya no resulte tan mala la idea de valerme por mi mismo. No es tan difícil. Empezar a comprar cosas, diseñar desde cero y a mi gusto un hogar, mi hogar. Quien dice que no…

PD: esto de crecer me agota.

martes, 24 de mayo de 2011

3ra entrevista con Adriana, mi psicóloga

I

Hoy tuve mi tercera entrevista con Adriana, mi psicóloga. En la primera me dejó presentarle mi crisis. En la segunda hablamos un poco de mis padres y me dio un abrazo.

-Sí, te paso el número, pero te tengo que advertir… No es una psicóloga tradicional-, fue lo que me dijo Rebeca, una amiga, quien fuera paciente de ella. Si alguien lee esto se preguntará por qué ellas no siguen viéndose. Presumo que por el precio. Adriana cobra… el valor módico de su servicio por cada encuentro. Y se ha preparado por años para ello.

Adriana es terapeuta social. No sé qué es eso, yo sólo fui buscando ayuda. Además, y quizás principalmente, trabaja con el calendario maya, con terapia floral, reiki y otras cuestiones. Yo no fui buscando nada de esto último, pero tampoco me he resistido, pues lo que necesito es ayuda; además nunca le fui esquivo a lo esotérico.

Hoy empezamos la conversación con un “cómo estás”. Y le dije que estaba angustiado, que así había sido mi semana. Tuve que hablar de mis padres, una de las razones principales de mi estado, por lo menos en la semana. Le conté cuánto extraño a mi papá y que no había obtenido respuesta ante mi “llamado en voz baja” de afecto.

Esquivé el tema de mi mamá. Quizás su indiferencia la tenga más internalizada.

Me preguntó sobre mi homosexualidad. (Y ahora recuerdo que me dijo que su hermano también es gay, pero esto no me importó más que en el minuto en el que me lo contó) Pusimos sobre la mesa una serie de “impresiones” acerca de lo que ser homosexual significa, y creo que adhiero en la mayoría. Le dejé claro, y quizás por eso agotamos el tema con rapidez, que para mi es algo natural, que excepto mi papá, que no me lo pregunta (pero lo sabe igual), todos tienen conocimiento de lo que soy, que no lo oculto, que lo disfruto.

II

Al principio sentí ganas de llorar. Sólo al principio.

Después de dejarme hablar un rato se predispuso a prepararme mi “esencia floral”, para la angustia. Ya me lo había prometido la semana pasada. Sería para que estuviera contenido, puesto que ahora que estaba en vacaciones viajaría (viajaré, efectivamente), y sería bueno para mis días en Buenos Aires.

Cuando dejó de contar gotas para mi le pregunté cuál era el sentimiento opuesto al de la angustia (ya me había explicado en qué consistiría este tratamiento). Y me respondió algo que terminaría por convertirse en aquello que me llevaría para intentar desglosar hasta la próxima vez que nos veamos. Apenas van tres encuentros, pero de todos ellos me he llevado asuntos-cuestiones-puntos a analizar. De algunos me he ocupado más o menos. De ninguno me he olvidado.

Esta vez me dijo lo siguiente. Para empezar casi termina por interrumpir mi pregunta. Se disculpó indicando que se trataba de una impresión que le vino en el momento y que si no me lo decía en ese instante luego se olvidaría. Se trataba de algo que ya venía pensando desde los encuentros anteriores. Quizás en palabras no pueda yo expresar tanto como lo que sentí cuando me lo dijo. Para mi ha sido una gran impresión y es algo que he de pensar. Me dijo que cuando me veía sentía que estaba ante alguien escondido detrás de una apariencia; que había un gran potencial mío para “algo” que no explotaba o por temor o alguna otra cosa negativa. Me dejó en claro lo del potencial, para algo…, como una semilla que encierra grandes atributos, pero que aún no ha eclosionado. Yo soy una semilla de una planta fabulosa, pero semilla todavía. Y lo más extraordinario es que se trata de una semilla de no se qué.

También me dijo que sería bueno que me de un gusto que yo quiera. Que me estoy privando desde hace tiempo. “Independientemente de tu pareja”, dijo. Y lo primero que pensé es que me daba su aprobación para acostarme con alguien que yo quisiera y que no fuera Pini. Pero creo que no entendí. La miré como pidiendo más, pero no dijo nada. Y no sé a qué se refiere. Yo hoy quería ir a bailar, pero no tengo con quien. Creo que me quiso decir algo más personal, algo que dependiera sólo de mí.

III

Para terminar quise hablarle de lo ocurrido con Ezequiel esta semana.

Le conté que era un chico que había conocido hace un año en la facultad. Que me había portado mal con él. Que yo sabía que le gustaba y que de eso me había aprovechado. Que luego había sentido miedo de comprometerme y que finalmente lo había dejado solo y sufriendo. Que me había arrepentido se lo dije y que también le había pedido perdón. Le dije, sobre todo y a pesar de, que me gustaba. Pero que las últimas veces que nos habíamos cruzado él me había evitado. Le conté que Ezequiel me fue a buscar un día a la salida de mi trabajo para tomar un café.

Le dije, básicamente, que no entendía para qué había hecho eso. Se lo comentaba porque me parecía curioso que el mismo día de nuestro segundo encuentro, en dónde me había hablado de los karmas y demás, ese mismo día estaba Ezequiel hablándome de que tampoco entendía muy bien para qué estaba sentado delante mío, porque realmente no quería reanudar el vínculo. Seguro estaba, eso sí, de que quería saber cómo estaba yo, pero no tener noticias mías seguido. “Vos y yo no podemos ser amigos, y los dos sabemos por qué”. Me dijo que no me había saludado las veces anteriores porque estaba muy enojado conmigo y eso fue una gran sorpresa para mi. Pero que el enojo ya se le había pasado; se había dado cuenta de que no le sirve alimentarse de lo malo, que sólo de lo bueno puedo vivir. Esto mismo que escribo se lo dije a Adriana, y ella dijo que era increíble la gran madurez evolutiva que había en su ser. Y yo no pude resistirme a hacerle saber que Ezequiel también se veía con una terapeuta, y que ese concepto de la vida no pudo haberlo elaborado solo. No sé, me sentí menos.

Ante mi desconcierto me dijo que, al menos, yo ahora sabía eso de que él estaba enojado y que ya no lo está más. Y que las veces próximas en que nos encontremos podremos saludarnos y aquello que nos ligaba con más fuerza al pasado ya no sería tanto. Que eso era lo bueno de todo esto, que al menos en ello debía pensar.

sábado, 14 de mayo de 2011

Comunicado a la globosfera

Gustavo, creador de este espacio en la web, esta en crisis. Aún no define de qué se trata la crisis, pero seguro de ello está… y de varias facetas de la misma situación también tiene cuenta. En la semana ha celebrado la primera entrevista con una terapeuta. “Me hizo mierda”, fue su reflexión oculta. Esta mañana ha estado mejor de humor, pudo su entorno próximo corroborar.

Gustavo ha intentado varias veces escribir, pero no ha logrado nada concreto aún. No ha podido anoticiar al mundo la aventura de su nueva experiencia en donde se encuentra alquilando un cómodo departamento a metros de la costa; creyó que sería maravilloso y aún dice que lo es, a pesar de que ya siente en su espalda la soledad, y sí, ya tuvo crisis en llanto.

Gustavo también se ha puesto de novio, y rumores que aún no se confirman llevan por título la palabra “compromiso”. Hablamos, ¿claro está?, de ese muchacho Pini, quien conociera la madrugada del 26 de diciembre último.

Gustavo ha abandonado la facultad, al menos transitoriamente. Se trata esta de una de las consecuencias principales del delicado proceso por el que atraviesa.

Tiene como tarea nueva con su terapia la reflexión, y la sugerencia expresa de volver a escribir. Quizás tengamos noticias a la brevedad, directamente desde su pluma electrónica.