Es tan raro todo esto. Es como la montaña rusa, esa que no sabés qué lado agarra en cada rulo. Aquella que miraba desde abajo con curiosidad: me subo o no me subo, me preguntaba, hasta que sin darme cuenta ya estaba sentado. Claro, el que se subió más de una vez ya sabe, su exposición al vértigo es adrede. No fue así para mi.
Varias veces me subí a montañas rusas. Me acuerdo principalmente de dos. La peor era la roja. Tengo una foto gritando. Cuando estaba a punto de soltarse me dije: me quiero bajar. Pero me quedé (ni modo). Fue como una eternidad, algo así como 1 año y 8 meses, pero ¡que sensación! No había terminado y ya quería subir a otra. Pero cuando me bajé estaba mareado, confundido. No volví a subir, y recuerdo que no tenía ganas de volver cuando me invitaron. Pero ahora… Já, que no me la cruce.
¿Lo digo o no lo digo, lo digo o no lo digo? Ayer fui a bailar con Leandro. Iba mi profe, el único dueño de mis fantasías, si alguna vez las tuve. A mi me gustaba mi profe antes de Facundo, antes de Lucas, antes de Gabriel. Las pocas veces que hablamos fue para saludarnos, solo en la facultad. Sabía cosas de él por Leandro. Mi profe se enteró que me separé y apareció en mi msn, en mi cel, y en el boliche. Fue difícil, más de lo que esperaba. Estuve a punto de irme, hasta que quedamos solos. -Sos un poco duro- le dije-. Para bailar también. Así empezamos a hablar. Yo ya no le iba a insistir más. Pero todo se dio solo. Cerca de una mesa me fui acercando… y el se alejaba. Hasta que le dije que no lo hiciera más, y el que se alejó fui yo. Me dijo que se estaba alejando porque se quería ir más atrás, y me tomó de la cintura… … …
Nunca nadie me dio un beso tan lindo.
PD: En verano, en el Horno Pastelero también se cocinan bombones.
Como le dije ayer a mi amigo, yo no debería estar pensando en estas cosas, se supone que AÚN me estoy separando, que todavía no corté el cordón que me une a mi ex, si es que tal cosa existe (lo del cordón… metafóricamente… en general para todos… bah, qué se yo). Pero las noches son eternas, y con este ritmo más que todos los tangos, una canción que me queda bien en este momento y es la del gran Sabina, 19 días y 500 noches. En fin, a lo que iba era a mi intento de distracción. Agregaré una nota de color, algo que escuché por ahí, ¿será para todos? Una amiga una vez, entre risas de oveja, me dijo que mientras estas de novio se te acercan hasta los perros, pero cuando quedas libre, soltero (llámenlo como quieran) no existís para nadie, que nadie te da bola… Yo recuerdo que no era así mientras estaba de novio. Pero no era algo que me mortificara; yo soy fiel por naturaleza y por muy cerca que haya estado de cometer un error (esa noche fue larguísima) siempre honré nuestra relación, mucho más porque nadie me registraba. Pero cuando cortamos las cosas cambiaron, mi sensación de miedo a quedarme solo por el resto de la eternidad no fue más que eso, una sensación. El mundo me hizo saber que las cosas no tienen que ser así necesariamente, rápido se me presentaron las evidencias, y ahora las noches no son tan largas, porque además tengo leyendo un libro buenísimo en la mesa de luz que también tiene un protagonista con el mismo color de pelo. (No es que esté para tirar manteca al techo, pero) Igual está bien hacerse el distraído un rato (“¿vos decís?”, “ni idea, jamás me di cuenta”, le dije a Leandro), dejar pasar un tiempo, prudencial aunque sea. Algo así como cuando los Vicario le pidieron a los San Román esperar 4 meses hasta finalizar el luto por la pérdida de una de las hijas del matrimonio, antes de casar a Ángela con Bayardo (puro formalismo, aunque nos muramos de ganas).
Las cosas no tienen que estar tan mal. ¿Acaso, verdaderamente, no podemos ser amigos? Nos debemos la charla, falta cada vez menos para eso. Como dicen en mi familia, no esta bueno hacerse mala sangre.
Hoy soñé que hacía el amor con una compañera del trabajo. En realidad no era mi compañera, solo tenía su cara. Nunca trato de interpretar mis sueños, son rarísimos. Así que hice el amor con una mujer que poco se parecía a mi compañera, excepto por la cara. Era hermosa, era perfecta, era como me gustan las mujeres. Fue genial. Después entró un chico que no conozco (o quizás sí) y nos extorsionó. Nos dijo que si no lo dejábamos “participar” contaría todo. Mi mayor temor no era que hablara de lo que había sucedido, si no que dijera dónde había ocurrido. Yo, sin mucho convencimiento le abrí la puerta y lo dejé quedarse. Quería hacerlo, aunque más quería quedarme sólo con él. Cuando quisimos darnos cuenta de la hora eran las 9 de la mañana. Yo esperaba despedir a mis invitados mucho antes del amanecer. Pero ya era demasiado tarde. Entonces alguien más tocó a mi puerta. Esta vez era mi papá, que quería tomar unas medidas de la ventana de mi pieza. Le dije que lo hiciera en otro momento, que no lo podía dejar pasar. Él insistió y casi me obligó a dejarlo entrar. Todo era terrible. Había violado la más importante de las reglas de mi hogar, no tener relaciones sexuales debajo del techo de mis padres. Y ahí me encontraba yo, no solo con una mujer sino con un hombre, que no le importó mi pedido de discreción y fue el primero en cruzar el umbral de mi habitación para dirigirse al baño, no sin antes mirar desafiantemente a mi papá. Mi papá siguió con los ojos al desconocido semidesnudo dándole la espalda y luego me miró. No sé si encontró mi mirada, pues baje mi cabeza. Lo había traicionado, y eso no era lo peor, se estaba dando cuenta que yo era gay. Y más lo confundía con una chica cubierta de sábanas en mi pieza. ¿Por qué insistió en entrar? ¿No pudo haber quedado todo en una travesura?
Hoy desperté con algo de amargura. Ayer, cuando con mi papá volvíamos a casa, le saqué tema de conversación. Por lo general vamos callados, ambos cansados, sin muchas ganas de hablar. Pero ayer fue diferente. Propuse el tema para poder hablar de mi, pero él se entusiasmó y habló mucho. Pude sentir que conducía más lento para hacer la charla eterna. Me encantó que lo hiciera. Amo tanto a mi papá, y es la primera vez que me doy cuenta de ello. Tanto mal trato de mi parte me hace pensar en todo el tiempo que he perdido, en lo poco que me queda ahora. No es que él me esté por abandonar, pero el miedo sobrevuela mi cabeza y a veces es insoportable. Ya no sé que excusas inventar para pasar tiempo con él, decirle que lo quiero sin que se asuste (nunca se lo digo). Mi papá es la única persona que me importa en este mundo que aún no sabe de mi boca que soy gay. Lo quiero tanto y tanto lo respeto que tengo miedo de defraudarlo, hacerle sentir dolor. Tengo miedo que llore, no puedo permitir que eso ocurra. Yo sé que algún día lo entenderá; yo sé que él me ama y que verme feliz lo hará feliz, pero tengo tanto miedo de los primeros instantes. Cuando me preguntan que opina mi papá siempre digo que nunca se lo dije pero que de todos modos él lo sabe. Estoy seguro que un día me vio darle un beso a Gabriel. Estoy seguro que puede comprender que mi relación con él fue más que una amistad. Mi papá debe comprender que soy más prolijo y cuidadoso en mi forma de ser, comportarme y vestir que mi hermano por algo más que no es empeño en superarme. Nunca hablo de mujeres con él y… excepto por un error (eso me atormenta) él sabe que lloré una vez por Giselle. Yo estoy seguro que lo sabe, que lo debe imaginar, pero yo nunca se lo dije.
En mi día de franco decidí pasarla bien, tranquilo. Conseguí que no me molestaran a la mañana y terminé despertando a la hora deseada, bien descansado.
A la tarde me fui a cortar el pelo. Una experiencia interesante, excepto por el precio, que subió más del doble. Llegué y mientras esperaba uno de los peluqueros me clavó los ojos, se acercó y me dijo, “te voy lavando la cabeza”, e hizo lo propio. Mientras, se miraba con los compañeros y se sonreía a la vez que me ponía colorado. Otro peluquero se acercó y me tocó con mucho cariño el hombro; me preguntó si me cortaba con alguien en especial y ante mi negativa el que lavaba la cabeza dijo “¡SE LO CORTO YO!”, pero el que me tocó el hombro le dijo que no, que lo haría él; yo me ponía más colorado, pero esta vez me reía. Mientras me cortaba el pelo solo pudo arrancarme el nombre, pues en esa situación (la del corte de pelo) me vuelvo muy parco, tengo miedo, no me gusta y mi cara es algo elocuente. Cuando terminó, apareció el primero, el que me lavó la cabeza, y también me preguntó el nombre (yo me quedé con ganas de saber el de él, soy tan boludo…). Divinos los chicos, me hicieron sentir especial.
Después me fui a hacer unas compras. Me compré otro boxer, negro y fucsia, re lindo. En el camino me detuve a tomar un helado, asqueroso por cierto, con solo decir que lo mejor fue el cucurucho (del helado, jejeje). Antes de eso, también en el camino, me encontré con Giselle. Hacía más de dos años que no la veía. Sigue igual. De frente, me miró de reojo y se hizo la distraída. Entonces me acerqué y le arrojé con saña un bollo de papel que llevaba en la mano, directo a su cabeza. Se dio vuelta y me miró y la saludé con mucha hipocresía. Aceleré el paso, pero me chistó para que vuelva y la saludé. Colgó el celular (porque venía hablando) y empezó el monólogo. Sigue igual, dije más arriba. La charla fue algo así.
Yo: Hola -beso-, ¿cómo andas?
Ella: Ay, hola, ¿cómo estás? No te había visto, porque iba hablando por celular. Yo ando todo el día hablando por celular, en la calle también ando todo el día. Cualquiera va a decir que no lo quiero saludar pero en realidad es que no me doy cuenta…
Yo: Sí.
Ella: …y acá ando, haciendo unas compras, porque me voy al Sur, sí, por unos días, viste, por lo de mi tío, voy a cubrir unas vacaciones, un par de semanas, nada más, qué sé yo, está bueno. Y me quería comprar algo para llevar, ya que me voy de viaje. Y me pasa siempre lo mismo. Encuentro algo que me gusta y no tienen mi talle. ¿Y vos cómo andas? Yo encima con dolor de pie, viste que cuando nos veíamos tenía problemas en el pie, pero bueno, acá ando. ¿Y vos que estás haciendo? ¿Laburando, estudias?
Yo: estoy en una librería…
Ella: ¡Ah!, mirá que bueno, lo que te gusta, debés estar encantado. Bueno, me voy yendo. Que bueno que me hallas saludado, porque una vez te crucé en el centro y parece que estabas enojado y no me saludaste, no sé porqué. Igual que una vez en el colectivo. Subiste con un chico y yo estaba con mi mamá. Nos la pasamos todo el viaje preguntándonos si eras o no eras vos. Al final te bajaste y eras vos. Así que bueno, espero que estés bien. Un beso, chau.
Giselle no paró de mirarme de arriba abajo (yo me pregunto, ¿no se da cuenta la gente de lo feo que es hacer eso? A veces me muero por ver el atuendo o el aspecto general de la gente, pero procuro hacerlo con disimulo, no con desespero), por suerte yo estaba bien, muy combinado, no como ella, que era un desastre.
Después me fui a visitar a una amiga a su trabajo, hablamos muy poco, lo suficiente como para saber que no estoy tan mal, que hay cosas peores (la pobre no se toma día libre desde hace un mes, así tiene la cara).
Un día de saldo positivo, sin dudas.
PD: Finalmente me compré cera para depilar. Ya estoy más flaco, y tengo en mente empezar natación.
PD II: El video no tiene ninguna connotacion especial. Ese tema me gusta mucho, siempre imagino que Valeria se lo dice a Cacho Castaña, y que por su parte él canta "Ojalá que no puedas". Quería poner el de Amalia Montero (Ando buscando), pero no puedo.
"En todos los asuntos poco importantes el estilo, no la sinceridad, es lo esencial. En todos los asuntos importantes el estilo, no la sinceridad, es lo esencial"
Soy Gustavo y vivo en Mar del Plata. Tengo 24 años, un novio a la distancia, una familia más distante aún, y una vida con la que comprendí, ahora, que no sé qué hacer con ella. ¡Ah! Vivo solo, pero hasta diciembre nomás. Este blog nació hace más de tres años y fue para otra cosa. Tuvo varios fines. Casi lo di por perdido. Siempre trato de volver. A veces tengo éxito. ¿Respondo su pregunta?