domingo, 31 de enero de 2010

Mi blog es mío

Mi blog es mío. Si mi blog no está bien yo no estoy bien. Y si yo estoy bien mi blog debería decirlo.

La última entrada no es de las “buenas entradas”, no por lo mal escrita si no por lo que expresa. Ese día estaba mal, todo había salido mal. Era de noche y el mundo parecía venirse sobre mi.

Esa noche pasó. Sería un gran esfuerzo analizar y explicar todo lo sucedido. Solo diré que ya estoy mejor, que las cosas se aclararon, que todo vuelve a andar bien como antes. Diré solo eso, que hablar todos los días con mi Profe me encanta, nada más. Si no pasa nada antes de algún día de la semana que con el Profe ya hemos fijado, no tendré nada nuevo que contar. Así que hasta ese día... que llega pronto. Nada más.


PD: no estoy entusiasmado, ni contento, ni ansioso… Pero de a ratos sí.

viernes, 29 de enero de 2010

Suspensión de clases

Siento que odio la educación.

Cuando los problemas sobrevuelan la oscuridad, las noches son larguísimas. Uno despierta con la luz del sol alto y termina por darle crédito a las habladurías, sanas ellas, de que “las noches siempre serán largas en esos momentos”.

Tengo la ligera impresión de que mi profe leyó mi blog. Tengo la rara idea de que se inmiscuyó en mi Facebook y encontró esta dirección. Que se devoró algunas entradas. Con mi cabeza caliente, confundida, odiante, elaboré la teoría, sórdida, de que mi profe cree que lo estoy usando, que estoy intentando hacer lo que cualquier muchachito despechado haría. Razones no me faltan. Con mi profe compartimos un amigo, Leandro. Antes de ser mi amigo, Leandro es amigo de mi profe, las fidelidades están a la vista como cartas de juego a la mesa. Leandro le habrá dicho todo lo que él quiso saber, todo lo que yo pude contar. Mi profe habrá sorbido todas mis fotos, mi información personal, y finalmente habrá llegado aquí. Se habrá sonrojado cuando leyó lo del “beso más lindo”, ese que me dieron nunca jamás. Pero se habrá detenido igual en la última entrada, aquella confusa hasta para este autor, que habla de una montaña rusa. ¿Habrá pensado que quería volver a la misma montaña? ¿Que tan solo estaba probando un juego nuevo para hacer poner celosa a la montaña? Mi profe se habrá equivocado también.
Ayer estaba muy ilusionado. Volvería a verlo. A las 11 pm tuve un presentimiento horrible. Un nudo en el pecho que no me dejaba ni tragar agua. Me asusté. Llamé a mi mamá para saber que todo estuviera bien. Mi mamá no me respondió. A la 1.30 en punto me avisó Leandro que la salida se suspendía porque “no hay nadie” en el boliche. Yo me había quedado pensando en el mensaje de mi profe, de una hora antes, de “quisiera que nos veamos en otro lugar que no sea el boliche, solos!”. ¿No era mejor que no hubiera nadie?
Y fue un golpe duro. Salí de trabajar enojado, sin saber a dónde caminar. Me culpé y sentí culpa por permitirme sentir así. Y es que hay algo que mi profe no sabe. Si se entera puede que no lo vea más. Yo no les mentí, querido público, cuando dije que mi profe me gustaba desde el principio de los tiempos. Este joven señor, que respeto al punto de no decir su nombre, me gusta. Yo me ilusioné. Yo empecé a pensar en él. Si esta semana me han visto reír fue solo por él. Que me haya dejado plantado hizo que me olvidara un poco, que lo bajara del pedestal donde lo puse desde el inicio. Me hizo recordar que también es un hombre, de la misma naturaleza que los otros, que puede hacer mucho daño. Me recordó que no estoy para esos trotes, no ahora que me repongo de una caída de caballo importante.
Gracias profe, ahora ya no voy tan acelerado. Haceme lo que quieras, me voy a dejar. Dejame plantado si querés también, te lo voy a permitir. No nos une ningún vínculo, así que está todo bien.


jueves, 28 de enero de 2010

Montaña rusa



Que nadie diga que Paulina guarda rencor…

Es tan raro todo esto. Es como la montaña rusa, esa que no sabés qué lado agarra en cada rulo. Aquella que miraba desde abajo con curiosidad: me subo o no me subo, me preguntaba, hasta que sin darme cuenta ya estaba sentado. Claro, el que se subió más de una vez ya sabe, su exposición al vértigo es adrede. No fue así para mi.

Varias veces me subí a montañas rusas. Me acuerdo principalmente de dos. La peor era la roja. Tengo una foto gritando. Cuando estaba a punto de soltarse me dije: me quiero bajar. Pero me quedé (ni modo). Fue como una eternidad, algo así como 1 año y 8 meses, pero ¡que sensación! No había terminado y ya quería subir a otra. Pero cuando me bajé estaba mareado, confundido. No volví a subir, y recuerdo que no tenía ganas de volver cuando me invitaron. Pero ahora… Já, que no me la cruce.


PD: Hoy tengo clases.

martes, 26 de enero de 2010

El profe



¿Lo digo o no lo digo, lo digo o no lo digo? Ayer fui a bailar con Leandro. Iba mi profe, el único dueño de mis fantasías, si alguna vez las tuve. A mi me gustaba mi profe antes de Facundo, antes de Lucas, antes de Gabriel. Las pocas veces que hablamos fue para saludarnos, solo en la facultad. Sabía cosas de él por Leandro. Mi profe se enteró que me separé y apareció en mi msn, en mi cel, y en el boliche.
Fue difícil, más de lo que esperaba. Estuve a punto de irme, hasta que quedamos solos.
-Sos un poco duro- le dije-. Para bailar también.
Así empezamos a hablar. Yo ya no le iba a insistir más. Pero todo se dio solo. Cerca de una mesa me fui acercando… y el se alejaba. Hasta que le dije que no lo hiciera más, y el que se alejó fui yo. Me dijo que se estaba alejando porque se quería ir más atrás, y me tomó de la cintura…



Nunca nadie me dio un beso tan lindo.

PD: En verano, en el Horno Pastelero también se cocinan bombones.

sábado, 23 de enero de 2010

Corazonada

A pedido de Gabriel (…) borro la última entrada. Espero que así sí te guste, amigo.


En el capítulo anterior...

jueves, 21 de enero de 2010

Día # 9

Como le dije ayer a mi amigo, yo no debería estar pensando en estas cosas, se supone que AÚN me estoy separando, que todavía no corté el cordón que me une a mi ex, si es que tal cosa existe (lo del cordón… metafóricamente… en general para todos… bah, qué se yo).
Pero las noches son eternas, y con este ritmo más que todos los tangos, una canción que me queda bien en este momento y es la del gran Sabina, 19 días y 500 noches.
En fin, a lo que iba era a mi intento de distracción. Agregaré una nota de color, algo que escuché por ahí, ¿será para todos? Una amiga una vez, entre risas de oveja, me dijo que mientras estas de novio se te acercan hasta los perros, pero cuando quedas libre, soltero (llámenlo como quieran) no existís para nadie, que nadie te da bola… Yo recuerdo que no era así mientras estaba de novio. Pero no era algo que me mortificara; yo soy fiel por naturaleza y por muy cerca que haya estado de cometer un error (esa noche fue larguísima) siempre honré nuestra relación, mucho más porque nadie me registraba. Pero cuando cortamos las cosas cambiaron, mi sensación de miedo a quedarme solo por el resto de la eternidad no fue más que eso, una sensación. El mundo me hizo saber que las cosas no tienen que ser así necesariamente, rápido se me presentaron las evidencias, y ahora las noches no son tan largas, porque además tengo leyendo un libro buenísimo en la mesa de luz que también tiene un protagonista con el mismo color de pelo.
(No es que esté para tirar manteca al techo, pero) Igual está bien hacerse el distraído un rato (“¿vos decís?”, “ni idea, jamás me di cuenta”, le dije a Leandro), dejar pasar un tiempo, prudencial aunque sea. Algo así como cuando los Vicario le pidieron a los San Román esperar 4 meses hasta finalizar el luto por la pérdida de una de las hijas del matrimonio, antes de casar a Ángela con Bayardo (puro formalismo, aunque nos muramos de ganas).

Las cosas no tienen que estar tan mal. ¿Acaso, verdaderamente, no podemos ser amigos? Nos debemos la charla, falta cada vez menos para eso. Como dicen en mi familia, no esta bueno hacerse mala sangre.