jueves, 24 de junio de 2010

Ellos (cuento)

Soñé que me pedía un beso. Después otro. Luego no soñé más… se los había dado todos.

domingo, 20 de junio de 2010

Soltero y la mar en coche (II)

Hoy en Argentina es el día de la Bandera primero, y del Padre también, pero este dato es puramente referencial (a menos que quieran considerarme como un papito y quieran felicitarme en este día. Pueden hacerlo).
Todavía me estoy haciendo a la idea de la soltería. Ya mantuve algunas charlas con mis amigos referentes en las que casi me suplicaron “no ponerme de novio” al menos por un tiempo. Quieren que desarrolle proyectos propios, es decir que me proyecte a mi mismo, que me ocupe de Gustavo y creo que tienen razón.
Por su parte H (como prefrieren algunos llamar a Horacio) se llamó a silencio y desde allí me acosa por msn con cuentas fantasmas al igual que por Facebook. Por momentos me pregunto si es muy predecible o si tan solo lo reconozco por conocerlo justamente.
Mi Profe (¿lo recuerdan?) apareció de nuevo porque ya esta enterado de “mi drama” con H. Me pregunto qué querrá. Creo saberlo. Leandro ya me previno: “ni se te ocurra”, y creo que tiene razón. Pero yo soy un ser tentable y estoy seguro que no resistiría tenerlo en frente solamente mirándome… Debería evitar esa situación.
Por otro lado está Andrés. Ayer me instó a salir, a festejar mi soltería. Me gustó que dijera eso porque sé que realmente no quiere que lo haga. Le dije que no lo haría porque yo no soy de esas personas. Me recordó que igual estaba en todo mi derecho, al igual que él, y eso sí que ya no me gustó. Me dijo también que me quería, pero sabía muy bien que yo no quería nada; yo le dije que eso era verdad, pero que igual a él sí quería verlo. Él dijo que también, pero que también buscaba estar de novio.

-Nos podemos seguir viendo, yo también quiero. Pero quiero que sepas que yo sí quiero estar con alguien y que no voy a dejar de conocer gente.
-Me parece bien-, mentí.

jueves, 17 de junio de 2010

Teoría del amor

Quiero contarles una cosa muy interesante que me contó Andrés un día después de vernos. Venía a cuento de su experiencia con su ex y la mía con el mío. Casi historias parecidas (lo de él duró un año más y a ambos nos dejaron). Es así: me habló de su teoría sobre el amor, que es como el yogourt (?). Según Andrés el amor es como un yogourt, depende del gusto, alguno es más rico que otro y son todos distintos. Se supone (para la analogía) que a todos nos gusta el yogourt. Que por tiempos lo preferimos de frutilla, otros de durazno. Andrés me dijo que hay que saber darse cuenta cuando un yogourt está vencido para desecharlo a tiempo. No se puede comer un yogourt vencido porque hace mal. Según Andrés hay que darse cuenta cuando el amor se vence, y dejar de insistir (“te puede agarrar una cagadera infernal”). Simplemente recordar a ese amor como un buen yogourt…
Andrés (22) tuvo un novio menor que él. Fue su primera experiencia para este chico y seguro la pasaron bien. Como a Gabriel y a mi, este chico quiso probar cosas nuevas. Como Gabriel conmigo, decidió terminar con Andrés y este quedó destrozado, como yo en su momento. Andrés quiso volver. Yo también quise. Ellos acaso lo intentaron y de allí nació su teoría.
Me dijo que ya no lo ama pero que por siempre guardará los mejores recuerdos. Que si insistiera podría volver con su ex, porque a pesar de lo mal que hoy se llevan él también lo quiere; pero que es inútil, que el yogourt esta vencido y que sólo puede recordarlo como algo bueno.

PD: Esto viene a que últimamente estoy replanteando aquello que creía sobre el amor eterno. Una idea por demás romántica que muy en el fondo me resisto a desechar, pero que todo me indica que es así, que tal cosa no existe más que para la literatura, las películas y los ingenuos. El Amor no existe, existen los amores. Y esto es triste. Pero es que yo estoy triste.

Soltero y la mar en coche

Habrán notado mi ausencia. A veces las cosas me superan. Horacio me superó. Y debí poner un límite. Ya no pude soportar sus amenazas de suicidio, su llanto angustiado, sus llamados en la madrugada ni el de sus familiares. Tampoco la culpa, porque yo no lo amo sino que mucho lo quiero. Y porque ando en otra.
Ayer nos vimos para terminar. Me pidió que no lo deje; le dije que no era yo, pero que va, era yo. Quedó destrozado. Tanto que me recordó a mi mismo hace medio año.
Le dije que ya pasará, que pronto aprenderá a no confiar en nadie, en la manera que yo dejé de hacerlo desde que me separé. Que así se crece y uno termina sobreviviendo.
Me duele mucho verlo así, pero sinceramente creo que es mejor.
Antes de irme a Buenos Aires, a verme con Peter, ir a un vivero y verme también con Carlos, conocí a un chico. Que lo tenía desde hace un año en el msn, pero con el que empecé a hablar más desde hace un mes. Vio fotos mías y dice que le gusté mucho; al final todos me dicen lo mismo. Él supo siempre de mi situación. Sin importarle mucho un día quedamos en ir al cine. Y lo que menos hicimos fue ver la película. Él cruzó su pierna con la mía y no soltó mi mano ni un sólo instante. Muchas veces nos miramos hasta que le robé un beso tímido, por demás tierno entre tantos espectadores anónimos. Antes de terminar el día, como si fuera una escena de película, me llevó a un ascensor y lo trabó entre piso y piso para besarme.
Nos vimos dos días después. Acumulábamos ganas. Anduvimos por plazas y centros comerciales, y en un café “de trampa” otro beso le robé. Todo a escondidas, mientras crecía nuestro fastidio. Antes de viajar me propuso que la próxima vez deberíamos estar en un lugar más íntimo, aunque sea para besarnos y abrazarnos. Me corrió un escalofrío por toda la espalda pero dije que sí. Y así fue. Esta semana me llevó a un “telo”. Fue menos traumático de lo que esperaba, sabiendo incluso que Andrés (nombre ficticio) es activo como yo, y que no daría el brazo a torcer. Terminamos haciéndolo y sin esperarlo quedé con ganas de más.
En el medio quedaron muchos “te extraño”, y algunos “te quiero” (suyos) a los que me he resistido con mucha entereza. Pero las cosas cambian. Yo no quiero volver a estar en pareja, al menos por un tiempo largo, pero estoy ilusionado con volver a verlo y él me muestra indiferencia. La cita debería ser mañana pero apenas hemos cruzado un “hola”.
Hoy es uno de esos días en los que no quiero crecer. Y me acuerdo con insistencia que me quedan dos semanas para mis 24.

PD: he pensado muchísimo en Gabriel, y con tristeza. Extrañar anormalmente a Andrés en mi viaje me hizo pensar en cómo se sentirá Gabriel teniendo a un novio tan lejos. Me han dicho que esa es una elección suya y que merece nuestro respeto... pero no puedo evitar sentir pesar por él. Y es que no lo he dejado de querer...

miércoles, 26 de mayo de 2010

La escritura que calma a esta fiera

Mal o bien que lo haga, escribir me calma. Y hoy necesito hacerlo más que siempre.
Acabo de llegar de la calle. Fui a hacer las pases con Horacio. Ayer tuvimos un problema y por chat, a la noche me lo recordó, no aceptó mis disculpas y se fue saludándome con poca emoción. Y yo estuve todo el día pensando en él.
Decía que había ido a hacer las pases. Fui en bici. De mi casa a su trabajo -él único lugar que sus 29 años nos permiten encontrarnos- hay un trecho largo, tanto como media hora. Me congelé todo. Y a eso debo agregar que el fantasma de una recaída de resfrío fuerte por “Bicentenario” me susurra al oído.
Llegué. Enganché la bici en él único lugar que me quedaba libre, un poste cagado en el piso. No importaba, me arriesgué igual a enroscar el candado.
También me arriesgué a mandarle un mensaje de texto desde la puerta, para darle una sorpresa, preguntándole si nos podíamos ver; él tenía que responder que sí. Me arriesgué porque todos me vieron con un celular poco común, uno de esos de sólo tres botones que salen como medio sueldo de ciudadano común y que sólo a mi papá se le ocurre regalarme (sí, hoy no hay poronga que me entre bien). Digo que me arriesgué porque Mar del Plata es cada vez más insegura; pero no importaba, yo quería hacer las pases con Horacio.
Pues bien. El señor me respondió que mejor que no, que nos viéramos otro día, que estaba muy nervioso por unos pasajeros insufribles y que tenía “miedo de decir cosas que no quería”.
Solo y con frío y lejos de casa: me fui a dar una vuelta por el centro, masticando mi rabia. Más que eso yo diría frustración. Tomé San Luis por la plaza y -maldito pueblo-, ¿adivinen con quién me crucé? Les evito el duro ejercicio mental: con Gabriel. Supongo que iría a su clase de inglés, con la campera verde oliva que le regalé por su cumpleaños último, esa que cuando estábamos juntos no quería usar “para no gastarla”. A veces me siento afortunado al haber sido novio de un tacaño, de no tener un solo regalo suyo... no tengo que recordarlo cada vez que me pongo una campera que me queda bien.
Lo vi mucho antes que él a mi, y como no iba a volverme inflé el pecho y levanté la cabeza. Lo saludé y seguí caminando firme, sin volver la mirada. ¿Será posible? Yo estaba bien, de repente una nueva crisis existencial, otra pelea con Horacio, y en menos de una semana recibo un mail suyo (sí, esto no lo conté pero fue hace unos días) y también me lo encuentro en la calle. “A veces pienso que dios me provoca como provocó a Moisés en el desierto”. Qué se le va a hacer: era yo quien estaba en su territorio.
Seguí mi camino, iba a hacer una compra. Pero ya ni ganas tenía... aún llevo mi frustración en el pecho. Dos cuadras más y me volví. A desatar mi caballo cansado. En eso estaba cuando la punta de la cadena del candado toca el piso, arrastrando “esa cosa” por el caño, el asiento y mi mano. Esa masa esponjosa y fresca no podría ser el algodón de azúcar de algún infante salame: era la mierda de un perro maricón de alguna vieja hija de puta (conchuda paqueta de departamento con vista al mar) que ahora estaba en mi mano. Para mi era demasiada mierda, pero no tanta (ni como mi orgullo) para decirle a Horacio que estaba en la puerta y que necesitaba imperiosamente agua y jabón. De vuelta a masticar mi bronca y otros sentimientos aderezados, a casa, raspada mi mano en el asfalto previamente. Por calles en donde las gentes parecían tener un auto por individuo, y ser tantos como chinos, todos desesperados, todos apurados, algunos en doble fila.

Hoy, después de algunos meses, volví a llorar.

PD: No todas son pálidas. Hoy me enteré que el gran Foucault era gay. La mala es que murió de SIDA.

martes, 18 de mayo de 2010

Mi sueño, un canario

Esta vez debo llamarme a silencio. Ha ocurrido algo terrible en mi vida, los cimientos de mi edificio de repente se agrietaron.

Ya superé el pánico inicial. Pero estoy preocupado, angustiado, cansado.

Esta vez he de llamarme a silencio. De esto sólo saben dos personas, y una cree ser la única. No quiero que lo sepa nadie más.

Estos días han sido terribles. De repente entré en crisis. No sé que hacer. Solo sé que no quiero estar solo, que tengo mucho sueño, que no tengo apetito, que no quiero hacer nada. Estoy analizando abandonar la facultad, aunque sea por un tiempo; irme a vivir solo, lejos, dejarlo todo. No exagero, aunque es probable que termine por hacer nada. Simplemente no me siento bien.

Noches agitadas, qué sé yo. En la última tuve un sueño particular. En absoluto me agradó. Se trata de un mal sueño recurrente que casi no recordaba. Hacía frío, había mucha humedad. Un día gris, triste, de esos que meten angustia. Era muy temprano, o muy tarde, pero había claridad. Descubro en el lugar más abandonado de mi casa una jaula con un canario. Me había olvidado del canario. ¿Sería mío ese animal? Un ave amarilla, desteñida, sola… entre los barrotes de una jaula oxidada; aún vivía. Hacía tiempo que nadie lo alimentaba y su agua estaba contaminada. Sentí culpa de verlo así. Le pedí perdón con lágrimas en mis ojos. Desde que me vio no paró de piar, estaba desesperado. Procuré que no le faltara nada, realmente tenía culpa. Pero sentí que nada sería suficiente, que por más buena vida que pudiera darle, el pobre canario llevaría por siempre la tristeza en su corazón, la sensación del abandono.

Ninguno de estos sentimientos me resulta extraño. ¿Y quién soy yo en el sueño? Si algo me faltaba era soñar…


PD: lamento en lo más profundo de mi corazón que la entrada número 100° sea una de las peores. A todos perdón.

sábado, 15 de mayo de 2010

El poder del adiós

A fines de este mes se cumplirán dos años desde el momento en que con Gabriel decidimos ponernos de novios. Alguien me dijo que no podía seguir pensando en estas cosas, pero sucede que, simplemente, yo no lo olvidaré nunca. Gabo dejó huellas en mi vida que no creo posible verlas desaparecer. Lloré mucho a Gabo; también me lloré mucho a mi mismo. Sus últimas palabras fueron como gritos en mi cabeza en las noches largas, pero sabe dios cuánto necesité oírlas para poder dejarlo ir, para poder dejarlo morir. A partir de ese momento comencé mi duelo…
Fue duro. Pero lo superé. En el camino descubrí infinidad de cosas nuevas y hasta me reconcilié con el amor. Gracias a Horario, a ese ser tan especial que encarna su cuerpo frágil y mágico, aprendí a perdonar, y ya estoy listo para seguir creciendo.

Quisiera compartir con ustedes esta canción que acabo de encontrar entre mis archivos, de casualidad, como todas las casualidades que me golpean la cara a diario. Se llama “El poder del adiós”



Tu corazón está cerrado, por eso debo irme
El hechizo se ha roto, te amé tanto
La libertad surge cuando aprendes a dejarla ir
La creación surge cuando aprendes a decir que no
Eras la lección que debía aprender
Yo era la fortaleza que debías quemar
El dolor es la advertencia de que algo anda mal
Ruego a Dios que no dure mucho
Quiero llegar a lo más alto

No hay nada más que intentar
No hay lugar para esconderse
No hay poder más grande
Que el poder del adiós
Tu corazón está cerrado, por eso debo irme
El hechizo se ha roto, te amé tanto
Fuíste la lección que debí aprender
Yo era tu fortaleza

No hay nada más que intentar
No hay lugar para esconderse
No hay poder más grande
Que el poder del adiós

Aprende a decir adiós
Anhelo decir adiós.