jueves, 22 de julio de 2010

Volver con Horacio...

Se me cruza con más frecuencia la idea de volver con Horacio.

Quizas me sienta solo, quizás lo sienta solo. Quizás lo extrañe, quizás me extrañe.

PD: creo que hoy no fue un buen día...

jueves, 8 de julio de 2010

24

Al final llegó el lunes y sin más pasó mi cumpleaños número 24. Siento que esta vez fue especial. Lo que más me ronda la cabeza es saber que fue mi primer cumpleaños sin Gabriel. En realidad, fue mi primero sin nadie: mis padres estaban y están aún de viaje; ningún familiar se acercó, y como yo de casa no he salido desde el sábado por la noche, aún no le he visto la cara a nadie más que a mi hermano.
Fue un cumpleaños raro. No estuve triste, acaso sí confuso. Sentí una gran ausencia, pero no sé de quién. Es decir, sentí que me faltó Gabriel, pero no el de estos días, con el que hablo por chat; me faltó el Gabriel de 2009, aquel que ha muerto y ya jamás volverá. Que se yó, supongo que será cuestión de hacerme a la idea... cumplir 24 años sin él probablemente haya sido una de las grandes últimas pruebas que debo pasar... Que cosa rara la naturaleza humana, comprender que lo nuestro terminó, sólo que medio año después.

Dicen que festejar antes de cumplir años trae mala suerte. Supongo que creo menos en eso que en la suerte. Yo lo festejé este último sábado. Habremos sido unos 10 jovencitos, siendo la primera vez que a una reunión que me tiene como anfitrión concurre tanta gente. A mi grupo clásico, el de siempre, se sumaron mi amigo Leandro y Ezequiel, aquel muchachito tímido de la facultad con el que he hecho buenas migas en estos días previos.
La hemos pasado todos muy bien y fueron varios lo que me han dicho que fue una buena noche. Comimos y tomamos y antes de las dos de la madrugada cada uno ya se había marchado: algunas chicas a Alem (zona de pub's y boliches), otros a la casa de uno de los chicos... por mi parte, junto a mis dos amigos (Eze y Lean) fuimos a un boliche gay.
A unas cuadras del boliche nos esperaba mi Profe, amigo inseparable de Leandro, junto con una amiga suya. Debo decir que durante toda la noche me ha tratado con mucha indiferencia, ya entenderán por qué.
Al entrar me encontré con Horacio. El sabía que yo iría... Realmente lo lamento, pues sé que verme fue un duro golpe para él. Me saludó con muy poca gana cuando le acerqué mi cara, pero al irse me evadió totalmente.
He de decir que la pasé muy bien. El boliche estaba como me gusta, con la cantidad de gente justa, y la música no era mala. Mi nuevo amiguito no conocía a nadie por lo que no se separó de mi durante toda la noche, cosa que me agradó mucho. En algún momento nos sentamos los cuatro en unos sillones y hablamos un poco. Ezequiel le comentaba algo a Leandro y a esa charla se sumó mi Profesor para burlarse de Ezequiel con bastante pobre ironía. Me extrañó mucho esa actitud suya pues él no es de ese tipo de gente. Al día siguiente Ezequiel me hizo comprender la posibilidad de que mi Porfeor se haya molestado, quizas hasta se haya puesto algo celoso por la presencia de Ezequiel a mi lado... me ha dicho que cuando se alejaba no dejaba de mirarnos; y la verdad que siendo así puedo entenderlo (obvio, no justificarlo). En fin, él no podrá decir nunca que nadie le dijo que conmigo se ha perdido una buena oportunidad.
Con Ezequiel casi rosándome continuamente hemos levantado varias miradas y comentarios de quienes nos conocían. Y es que Ezequiel estaba muy... atento a mi. Obvio... yo no como vidrio y me imaginaba por dónde venía la mano.
Digamos que media hora antes de cerrar el boliche Leandro y el Profe decidieron irse. Supusieron que los seguiríamos. Por mi parte no le consulté nada a Ezequiel y les dije que con él nos quedaríamos un rato más. Ellos comprendieron, y la verdad me gustaría que hubiesen visto la expresión de el Profe.
Se marcharon y quedamos solos. Esperé lo suficiente como para imaginar que a mis espaldas ellos ya no se encontrarían y disparé mis dardos:

-Eze, te hago una pregunta... ¿a vos te pasa algo conmigo?
-Bueno, creo que es evidente-. (Quisiera que durante este diálogo no dejen de tener en cuenta que el pequeño Ezequiel es muy tímdo)
-Mirá, desde que empecé a hablar con vos me doy cuenta que sos una excelente persona. Por eso creo que tenés que saber de mi boca lo que yo siento: a mi no me pasan cosas con vos. Mas, yo no quiero estar con nadie en este momento, ya te lo dije muchas veces.
-Sí, sí, eso lo entiendo. Vos en realidad no me gustas... osea, me pareces muy lindo y... no quiero hacerme la cabeza porque ya sé... ya me dijiste que no querés nada con nadie, pero...
-Esta bien, me gusta que entiendas eso. Vos me agradas mucho, y sé que yo puedo hacerte confundir. Pero sabé esto, todo aquello que puedas malinterpretar... no lo hago apropósito, soy así con vos y con todos mis amigos.
-Lo entiendo.
-Además... tenés que buscarte alguien más para vos, alguien con quien sepas que vas a estar bien. Sos muy inteligente, y lindo también.
-Vos sos lindo.
-Jaja. Entonces, ¿entendés?
-Sí.
-Que bueno, porque quiero que sepas que me muero de ganas de besarte-. Acá su cara fue de perplejidad. -Te repito, no quiero nada con vos, pero desde esta tarde que quiero besarte...

Lo demás es un corto diálogo que seguimos.
De esta manera quise contar como fue que besé a Ezequiel. Que me dió el segundo mejor beso de mi vida, y eso hablando de un nene que no tiene aún 21 años.
Quizás a la media hora nos fuimos, y hasta que nos despedimos hablamos de la importancia de dejar esta experiencia en el pasado, recordarla como algo muy lindo, algo de lo que teníamos ganas, quizás una barrera que nos impedía trabar una amistad y que finalmente hemos superado porque, claro, los dos teníamos ganas... él desde que me conoce; yo desde esa tarde de sábado.

Pero hemos vuelto a hablar. Y nuevas ideas rondan mi cabeza. Ezequiel es una persona fantástica y me culparía por mucho tiempo si por mi culpa dañara nuestro proyecto, el de la amistad. Pero la posibilidad de tener un confidente, además de compañero de facultad, que esté dispuesto a ocupar el lugar del “amigo con derechos” me seduce sobre manera. Y yo sé que el no se negaría. El problea es que, aunque me diga que no, quizás le cueste ser mi amigo.

martes, 29 de junio de 2010

Triste

Triste me queda corto. Faltan 5 días para mi cumpleaños y es inevitable. Todos los años igual. Muchas veces me he preguntado si es biológico o psíquico. La realidad es que no me dan ganas ni de comer, ni de tomar aire fresco ni de nada. Sólo quiero estar acostado en la oscuridad de mi habitación.
Hoy Carlos me tiró unas palabras... y me devolvió un tanto de energía:

"Vos estas triste porque estas solo, pero ponete a pensar que hay muchas personas que piensan en vos. Muchos pensaran mucho, otros poco, algunos no te podran sacar de la cabeza, y otros serás un recuerdo del pasado. Pero sos recuerdo y pensamiento de otros. Sos presente también, aunque no estes presente."

PD: Carlos vive lejos. Es lo primero que siempre digo de él. Es mayor que yo, y es lindo. Pero además es inteligente y tengo muchas cosas en común con él. Carlos a veces me refuta pero jamás me pelea. Tiene novio, su "chiquilin", como a veces le digo. Carlos me gusta, me atrae, me seduce. Él es muy seductor. Y un gran chamuyero, además. Carlos me gusta. Y gracias a dios vive lejos.

lunes, 28 de junio de 2010

"Ya no me distraes..."

Andrés parece no querer tener ganas de nada conmigo. A veces. Porque es siempre él el que me saluda cuando lo ignoro, y el que se enoja cuando me voy sin despedirme (hablamos del MSN, claro). Yo ya le dije de varias maneras que quería verlo, besarlo, volver a estar con él… pero nada. Y hoy pensé que ya sería hora de volver a la rutina, a la mía, aquella en la que ser bohemio tiene objeto. Como él lo dijo primero: fue lindo mientras duró.
Hoy me saludó después de media hora de verme conectado. Apenas un emoticón frío que respondí de la misma manera. A los diez minutos un “¿todo bien?” y un “sí” mío, indiferente.

Andrés: ¿La facu, todo bien?
Yo: Sí, estudiando un poco, rindo en la semana.
Andrés: Ok, entonces no lo distraigo.

Y acá me salió el auténtico Gustavo desde adentro.

Yo: Jaja, no, ya no me distraes.

Yo sé que le dolió. Pero a mi no me dolió menos. No perdió tiempo para preguntarme qué significaba ese “ya no”. Y le dije que era eso: ya no, de ahora, presente...

Andrés: Ah, ok.

Y se fue sin despedir. Qué se le va a hacer; yo lo intenté.

PD: he vuelto a hablar con Gabriel. Acaso pensé en escribir un post al respecto, pero no tiene caso: no sabría de qué hablar más que lo que estoy diciendo. Me he sorprendido de mi mismo al no sentir nada frente a sus palabras en la pantalla. Poco a poco me voy haciendo a la idea de que, efectivamente, como dice Carlos, “Gaybriel” ya pasó de moda.

jueves, 24 de junio de 2010

Mi hermano, el boludo

Pasaban en la tele un homenaje a Carlos Gardel, en el aniversario de su muerte. En un momento escucho que el avión en el que iba “chocó” con otro y de allí el trágico accidente.
Siempre creí que había muerto en el aire, no que su vuelo jamás había despegado.
La miré a mi mamá y le pregunté si sabía esto; es de ella de quien creo haber obtenido mi falsa visión del hecho. Y me dijo que sí.
-¿Cómo? ¿Vos lo sabías? ¡Viví 24 años de mi vida equivocado!-, dramaticé.
Y mi hermano, con su tono y mirada despectivas, acaso las únicas que tiene, dijo al pasar:
-Ah! Como si al año de vida entendieras algo.

Una cosa es contarlo, otra vivirlo. Mi hermano es el ser más infradotado que me tocó conocer alguna vez: él no escucha, él no mira. Las opiniones de los demás no sólo no tienen el más mínimo valor. Sólo su palabra y pensamiento son los correctos, nadie hace las cosas bien, excepto él. Para mi hermano la gente que le lleva la contra simplemente debe morir, y de la peor manera. La familia de esta gente también. Ningún sufrimiento opacará el suyo.
Mi hermano es una persona que da lástima; su entrecejo no tiene otra expresión que la del asco y la bronca, y esto es SIEMPRE. Él se refleja en mi, pero la percepción que obtiene es el opuesto negativo, y él lo sabe. No soporta la felicidad ajena, la odia.
Luego de saber que soy gay nunca más lo escuché hacer un comentario al respecto. Pero yo sé que siente odio, odio a si mismo por ser hermano de un gay; ni siquiera es conmigo aunque sienta vergüenza. Él me ve imperfecto y a la vez comprende que soy digno de felicidad, y se odia por la misma contradicción, por no poder internalizarlo.
Parece la descripción de la persona más desagradable de todas. Pero créanme, me quedo corto.

Lo miré fijo. Con el desdén -lo admito- de la resignación ante lo imposible; él no parece dispuesto a cambiar.
-Sos un boludo-, le dije.
Y se enojó terriblemente, según él porque lo ofendí. Y no fue así, simplemente le dije la verdad; y otra vez me quedé corto.

PD: esta es una entrada que nunca hubiera querido publicar.

Ellos (cuento)

Soñé que me pedía un beso. Después otro. Luego no soñé más… se los había dado todos.

domingo, 20 de junio de 2010

Soltero y la mar en coche (II)

Hoy en Argentina es el día de la Bandera primero, y del Padre también, pero este dato es puramente referencial (a menos que quieran considerarme como un papito y quieran felicitarme en este día. Pueden hacerlo).
Todavía me estoy haciendo a la idea de la soltería. Ya mantuve algunas charlas con mis amigos referentes en las que casi me suplicaron “no ponerme de novio” al menos por un tiempo. Quieren que desarrolle proyectos propios, es decir que me proyecte a mi mismo, que me ocupe de Gustavo y creo que tienen razón.
Por su parte H (como prefrieren algunos llamar a Horacio) se llamó a silencio y desde allí me acosa por msn con cuentas fantasmas al igual que por Facebook. Por momentos me pregunto si es muy predecible o si tan solo lo reconozco por conocerlo justamente.
Mi Profe (¿lo recuerdan?) apareció de nuevo porque ya esta enterado de “mi drama” con H. Me pregunto qué querrá. Creo saberlo. Leandro ya me previno: “ni se te ocurra”, y creo que tiene razón. Pero yo soy un ser tentable y estoy seguro que no resistiría tenerlo en frente solamente mirándome… Debería evitar esa situación.
Por otro lado está Andrés. Ayer me instó a salir, a festejar mi soltería. Me gustó que dijera eso porque sé que realmente no quiere que lo haga. Le dije que no lo haría porque yo no soy de esas personas. Me recordó que igual estaba en todo mi derecho, al igual que él, y eso sí que ya no me gustó. Me dijo también que me quería, pero sabía muy bien que yo no quería nada; yo le dije que eso era verdad, pero que igual a él sí quería verlo. Él dijo que también, pero que también buscaba estar de novio.

-Nos podemos seguir viendo, yo también quiero. Pero quiero que sepas que yo sí quiero estar con alguien y que no voy a dejar de conocer gente.
-Me parece bien-, mentí.