domingo, 4 de septiembre de 2011

Edgardo

Edgardo es un chico algo menor que yo que trabaja en un centro comercial al que voy con frecuencia a hacer compras. Edgardo me gusta tanto como nervioso me pone. Es increíble el poder que ejerce sobre mí. Ojalá nunca lo descubra. Ojalá no sea tarde.

Yo apenas sabía su nombre, y ni tenía la certeza de que fuera gay, aunque albergaba mis serias dudas. Un día lo agregué a Facebook y me aceptó. Pegamos onda. No pude evitar hacerle saber que me encantaba (traicionando todas mis recetas de conquista) y él tan sólo dejó deslizar que algo mío lo atraía. Pocos días después quedamos en vernos y ese gran paso para mi humanidad sólo lo saboreé con disgusto: no pude robarle el beso que quería.

Sucede que es más tímido que yo, y yo tan poco vivido que no puedo decodificar sus señales.

Para la misma semana lo invité a comer a mi departamento, con sabe dios que intensiones, pues aún yo estaba de novio. Muy tarde para mi gusto me dijo que no vendría y comencé a oler histeria.

Seguíamos conversando hasta que la semana pasada lo invité a ir a bailar un viernes, el peor de los días para salir en plan “gay” en el invierno marplatense. De todas formas la pasamos bien, me agrada su compañía.

Como nunca al día siguiente tuve que salir nuevamente (era el cumpleaños del novio de mi ángel guardián, Leandro) y confirmé que ese sí era un buen día para ir a bailar y se lo hice saber a Edgardo, quien no perdió tiempo para comprometerme para el próximo fin de semana. Que fue ayer.

Esta vez le pedí que viniera antes. Después de un tiempo me pidió permiso para recostarse en mi cama, para poder ver mejor la tele. Yo, por mi parte pude (y solamente) recostarme cerca suyo pero a distancia abismal. Le mentí que tenía mucho frío, pero la realidad era que el temblor inacabable de mi cuerpo no era más que los nervios que me producía la idea de besarlo. Ambos nos dimos sueño y como la cosa no iba para ningún lugar terminamos por ir a bailar, muy al pesar de nuestro deseo.

Allí en el boliche la pasamos muy bien. Este diálogo lo considero memorable:

-Bailás muy bien-, dijo Edgardo.

-Nah. A mi me gusta como bailas vos. Además estás muy lindo-, admití.

-Vos también-, me sonrió (dios, es tan… atractivo).

-No era necesario mentirme-, le dije con la sonrisa que empleo para este latiguillo.

-No te miento. Si no hubiese dicho simplemente “gracias”.

Quiso irse temprano. Y bastante temprano como para hacer valer el costo de la entrada estábamos volviendo a mi departamento. Yo lo había invitado a desayunar, puesto que él me había mentido que tenía hambre.

Ni bien entró se recostó en la cama. Pensé que sería oportuno sentarme un rato a su lado. Volvía a temblarme el cuerpo. Estaba diciendo muchas tonterías y ya empezaba a mirarlo. Era un punto de no retorno y me asustaba la sola idea del rechazo.

Esto no fue lo más oportuno, pero le pregunté si podía darle un beso. El lo dudó, y ese instante mínimo que tardó para decirme que sí fue de terror.

Lo besé. Yo sé que amó mis besos. Y por mi lado yo sólo me saqué las ganas. Me quedé con sabor a poco, me esperaba más del “beso”. Pero tener en mi cama al proyecto de Adonis hiper relajado fue bastante para madrugada del domingo.

Nota: Su piel es maravillosa, terriblemente suave. Pero tiene estrías, algo que me desconcertó. Esto es tan sólo un ejemplo. Me hizo pensar que si alguien como él puede provocarme tantas cosas, qué será lo que yo puedo transmitir con mi cuerpo que no tiene estrías, y no es muy distinto al suyo. No entiendo por qué me desvalorizo tanto cuando todo me indica que soy mejor de lo que entiendo.

PD: volverá. Y habremos de tener sexo. Será raro, lo sé.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Historia de un final (II)

Peter dice

cómo andás en tu segundo día libre laboralmente?

Gustavo dice

m separé, supongo que lo sabes…

Peter dice

no lo sé, sólo lo suponía por comentarios y demases...

qué pasó?

Gustavo dice

no es oficial, solo falta la firma

pero se terminaron los llamados tanto como los mensajes

Peter dice

pero en el fuero interno es oficial o están ahí?

Gustavo dice

no sé qué pasó

no hay oficialidad ni fuero ni nada

Peter dice

o sea que ha faltado el diálogo...

Gustavo dice

si. Y tengo que ser sincero conmigo también...

no estoy maduro para una relación

menos si es a distancia

Peter dice

bueno, es bueno que lo asumas...

yo creo que ese es el tema en realidad

Gustavo dice

aunque lo amo y lo amaré por siempre

llegué a encontrar paralelos entre mi papá y él...

fue duro, todo un paradigma, más porque yo tomé la decisión, y en soledad

Peter dice

es medio loco, no?

y con la psico cómo anda la cosa? seguís?

Gustavo dice

si, ayer me dijo algo extraño

que en poco más comenzaremos a vernos solo 2 veces por semana

lo cual será sólo un alivio para mi bolsillo, jeje

Peter dice

cuántas veces se veían?????

Gustavo dice

JAJAJAJJAJA, ME EQUIVOQUE

quise decir por mes

Peter dice

ahhhhh....

pensé que estabas más chapa de lo que admitías

Gustavo dice

viajo a mediados de mes

siii?????

Gustavo dice

vos podrás verme?

Peter dice

sip sip sip

Gustavo dice

tendré q hablar con Pini

darle cierre definitivo a esto

puesto que no se digna a venir

o quizás lo hizo y no me enteré

sabes q?, además?

tengo a alguien entre ceja y ceja

jaaja

[INTERRUPCIÓN]

bueno, ya m quitaste protagonismo, no se como remontar

hablemos de vos

Peter dice

cuánto tiempo seguís en el departamento?

Gustavo dice

3 meses exactos desde ayer

Peter dice

(ahí te tiré una punta)

Gustavo dice

uhhhhhhhh

Peter dice

y luego???

Gustavo dice

padres

Peter dice

grrrr

Gustavo dice

esta todo mal con vos?

Peter dice

bueno... lo mío no es para contar por msn...esperarás a que te mande la carta o a verme

Nooooo.... no está todo mal... para nada

pasé una pequeña crisis existencial, pero bueno, hay cosas con nombres propios

pero si te digo que tiene nombre propio podés imaginar por dónde viene la cosa

(no digas nombres<)

Gustavo dice

si, [NOMBRE CESURADO]

Ah!, perdón, leí tarde

ese es mi chico (???)

jejejeje

dios, me siento como cuando tiras una piedra y cae en una ventana

che, habla!, no m hagas sentir peor

Peter dice

jajajajjajajajaj

básicamente, mañana se convierte en mi amante

Gustavo dice

ah, bueno

mejor

Peter dice

te quiero mucho..

Gustavo dice

yo tb...

fuiste una de las mejores cosas q m dejo Gabriel

Peter dice

la mejor, chiquito!!! la mejor!!! jajaj

viernes, 5 de agosto de 2011

Historia de un final (I)

La Navidad es una circunstancia que ejerce terrible poder sobre mi. La última no fue excepción y todavía les agradezco a mis padres que aceptaran mi decisión acostarme temprano, de dejarlos celebrar sin mi. Al otro día amanecí casi nuevo, como quien promete no beber y termina brindando la menor cantidad de veces posible. Era mi día libre y me la pasé haciendo eso que mejor me sale: contemplar la vida, o en otras palabras… nada. Estaba a punto de acostarme cuando suena el teléfono y del otro lado la voz inconfundible de mi ángel de la guarda:

-Vamos a bailar.

Es difícil decirle que no a Leandro. No porque sea irresistible (lo es para mi), si no porque todo lo que decide es bueno y beneficioso para ambos. Tanto que esa misma noche fue nexo entre Pini y yo. Él era su amigo, que estaba vacacionando en Mar del Plata. Estaba solo y desde que se reconocieron se quedó junto a nosotros. Él recuerda que yo le parecí lindo. Yo recuerdo que esa noche no quería terminarla sin besar a alguien. Pronto Leandro nos dejó solos un momento y nos dimos un beso. Fue especial, no me pregunten por qué, solo sé que me sentí distinto y no quise dejar de estar a su lado ningún momento.

A su favor tengo que decir que besa muy bien. Hay tantas cosas buenas en él…

Dos días después fuimos a cenar los tres. Antes de medianoche Leandro ya nos había dejado solos otra vez. Ese día volví a la casa de mis padres con las primeras señales del amanecer; habíamos pasado la noche en la calle, besándonos.

Era un sueño. Y al día siguiente nos volvimos a encontrar para pasar nuestra primera noche juntos. Claro, fue la primera vez que hicimos el amor.

Nos volvimos a ver un día más y al otro se terminaba el año de una manera que no pude soñar. En la madrugada del 1 de enero estaba en mi casa pasando otra noche de ensueño. Esa misma tarde volvía a su ciudad, prometiendo volver. Antes de poder extrañarlo estaba de nuevo pasando otra semana más conmigo…

viernes, 8 de julio de 2011

Mi tormento

Una vez escuché que un amor que se padece, más que amor, es un padecimiento.

Creo que me enamoré demasiado. Y lo padezco. Mi amor, mi novio, vive a 400 kilómetros, y con tanta fortuna que aún debo agradecer, lo veo al menos este mes, una vez por semana.

Lo extraño horrores. Y sólo quiero estar con él. Por su parte, él no siente más que felicidad por esto que nos sucede; sí, así como les digo, él es feliz así

Y yo siento que no puedo. Y así y todo no sé cómo decirle, en nombre de todo este amor, que ya no puedo seguir…

PD: Antes de ayer fue mi cumpleaños número 25. Pero eso no importa nada.

domingo, 12 de junio de 2011

Entonces se me ocurrió esta venganza

(Fragmento)

Esta vez yo iría a su negocio (una variante de drugstore, digamos…) y esta sería la situación:

(…)

Llego y desde ese mismo momento despierto sus nervios. Esto, acaso, no sería planeado; excepto aquella vez en que nuestra relación era mas fluida, siempre lo puse nervioso. Por qué será. Bueno, continuemos.

Él, nervioso, intenta saludarme como a un cliente más. Sólo imaginen su expresión, sus movimientos, dios, ya lo disfruto.

-Hola.

-Hola.

-Si, ¿que tal? Prime… ¿me das?-; Prime (para puritanos y extranjeros donde la globalización no nos abordó, es una marca cuyo nombre es homólogo a preservativos -condones). Existen otras como Tulipán o… Tulipán, pero no me imagino a alguien diciendo: Tulipán, ¿me das? Todos confiamos más en los costosos Prime.

Entonces Prime. Y su sangre pretende irrigar cada capilar de su rostro. Nervios, su respuesta. Pero como sabe que le juega en contra, esta vez ni una sonrisa tímida ni intimidada resultaría.

-Sí, ¿de cuál querés?-, y acá es donde comenzamos a jugar a que él es el vendedor y yo el cliente. A ver quién juega más, Zequito.

-Eh… a ver, esperá que consulto-. Y tomo mi celular y ejecuto una llamada ante su expresión de “No podes…”. Pero resulta que la escena ya pierde mucha credibilidad. Y tampoco me interesa tanto un acting delante suyo, la idea es sólo ponerlo en evidencia, demostrarle que hasta la idea más pobre que se me pueda caer lo mostraría en toda su vulnerabilidad. –Bueno, no me responde. Fue, dame el que más te guste a vos… que estoy apurado.

Señor vendedor debe ejecutar venta. Vencer al hombre, cumplir con el mandato capitalista. Y el pobre Zequito es tan inexperto o estará tan vencido que se limitará a ejecutar el acto.

Y yo me habría ido con 3 preservativos adicionales y una batalla ganada más que a decir verdad, no modifica mucho la guerra.

jueves, 26 de mayo de 2011

Vivir solo, pero de verdad

Hoy fui a visitar a Margot, una compañera-amiga del trabajo. Fui a conocer su casa, en donde vive con su novio, dos gatos y un perro.

Afortunadamente no tuve contacto ni con el perro ni con el novio. Sí con el gato, que es gris y aún cachorro. Es muy juguetón y cariñoso, quizás demasiado confianzudo. Nos entretuvimos largamente juntos y ahora tengo mis manos todas lastimadas por sus mordidas y rasguños. Se llama Simón. El otro gato es hembra y a pesar de ser muy distinta de Simón, Mora, tal su nombre, también es bellísima. Toda negra y de ojos amarillos. Esta bien alimentada, parece un cerdito ágil. No es muy sociable, pero se trepó a mi regazo varias veces para curiosear.

Por primera vez sentí que a mi vida le hacía falta un gato.

En un día gris, el mediodía en lo de Margot me fue para pura reflexión. No es novedad que ando sensible y muy pensativo. Fui a visitarla con tristeza. Yo no estoy bien. Pero conocer su casa me encantó. No es gran cosa, acaso si bastante vieja, esta algo desordenada y muy sucia. Pero ella es así (ellos son así, me refiero a la pareja, claro), y me parece perfecto.

Margot me cocinó pastel de papas, y gracias a dios me dejó solo en el living para pensar. Ya me había prometido ese almuerzo la semana pasada, porque según ella estoy comiendo muchas porquerías, y me vendría bien algo “potente”.

Mientras se hacía la comida, en mi cabeza se cocinaba la idea de irme a vivir solo. Es decir, terminar de obtener la independencia de mi casa familiar, porque si bien vivo solo, estoy obligado a ir por lo menos una vez por semana a casa de ellos para lavar la ropa y cuidar mis plantas. Pensaba esto porque he sentido estos días que a mi familia le importo poco. No sé cuánto así será, pero algunos acontecimientos me han dado mucho que pensar. Esto lo hablé con Adriana, mi psicóloga, y ella me dijo que probablemente me estén “castigando” por haberme ido. La cuestión es que no soy para nada indiferente a esta nueva actitud de ellos, y por lejos lo estoy padeciendo. Extraño mucho a mis padres…, sobre todo a mi papá.

Entonces se me ocurrió buscarme algún lugar para vivir los próximos 2012-2013. Yo no tengo muebles, apenas una cama (que tampoco es mía, tan sólo la que uso en la casa de mis padres; supongo que me la podré llevar el día que me vaya), mi ropa, mis libros, la portátil... Pensándolo bien no es poco. Pero bueno, son esas cosas. Y las plantas: yo colecciono cactus y suculentas. Son bastantes macetas, todas apenas entrarían en un balcón modesto. Y no me resigno a dejar de agrandar la colección. Y es vital que se vengan conmigo, pues eso es lo que hoy más me ata a la otra casa.

Se me presenta el tema de los costos; tengo un trabajo seguro, pero en la librería no puedo confiar en esa seguridad. Y si me voy definitivamente de la casa es para no volver, pero qué diablos, creo que ya no quiero volver. Antes tenía miedo de no poder terminar mi carrera. Ahora no sé si quiero alguna carrera. Y quizás ya no resulte tan mala la idea de valerme por mi mismo. No es tan difícil. Empezar a comprar cosas, diseñar desde cero y a mi gusto un hogar, mi hogar. Quien dice que no…

PD: esto de crecer me agota.

martes, 24 de mayo de 2011

3ra entrevista con Adriana, mi psicóloga

I

Hoy tuve mi tercera entrevista con Adriana, mi psicóloga. En la primera me dejó presentarle mi crisis. En la segunda hablamos un poco de mis padres y me dio un abrazo.

-Sí, te paso el número, pero te tengo que advertir… No es una psicóloga tradicional-, fue lo que me dijo Rebeca, una amiga, quien fuera paciente de ella. Si alguien lee esto se preguntará por qué ellas no siguen viéndose. Presumo que por el precio. Adriana cobra… el valor módico de su servicio por cada encuentro. Y se ha preparado por años para ello.

Adriana es terapeuta social. No sé qué es eso, yo sólo fui buscando ayuda. Además, y quizás principalmente, trabaja con el calendario maya, con terapia floral, reiki y otras cuestiones. Yo no fui buscando nada de esto último, pero tampoco me he resistido, pues lo que necesito es ayuda; además nunca le fui esquivo a lo esotérico.

Hoy empezamos la conversación con un “cómo estás”. Y le dije que estaba angustiado, que así había sido mi semana. Tuve que hablar de mis padres, una de las razones principales de mi estado, por lo menos en la semana. Le conté cuánto extraño a mi papá y que no había obtenido respuesta ante mi “llamado en voz baja” de afecto.

Esquivé el tema de mi mamá. Quizás su indiferencia la tenga más internalizada.

Me preguntó sobre mi homosexualidad. (Y ahora recuerdo que me dijo que su hermano también es gay, pero esto no me importó más que en el minuto en el que me lo contó) Pusimos sobre la mesa una serie de “impresiones” acerca de lo que ser homosexual significa, y creo que adhiero en la mayoría. Le dejé claro, y quizás por eso agotamos el tema con rapidez, que para mi es algo natural, que excepto mi papá, que no me lo pregunta (pero lo sabe igual), todos tienen conocimiento de lo que soy, que no lo oculto, que lo disfruto.

II

Al principio sentí ganas de llorar. Sólo al principio.

Después de dejarme hablar un rato se predispuso a prepararme mi “esencia floral”, para la angustia. Ya me lo había prometido la semana pasada. Sería para que estuviera contenido, puesto que ahora que estaba en vacaciones viajaría (viajaré, efectivamente), y sería bueno para mis días en Buenos Aires.

Cuando dejó de contar gotas para mi le pregunté cuál era el sentimiento opuesto al de la angustia (ya me había explicado en qué consistiría este tratamiento). Y me respondió algo que terminaría por convertirse en aquello que me llevaría para intentar desglosar hasta la próxima vez que nos veamos. Apenas van tres encuentros, pero de todos ellos me he llevado asuntos-cuestiones-puntos a analizar. De algunos me he ocupado más o menos. De ninguno me he olvidado.

Esta vez me dijo lo siguiente. Para empezar casi termina por interrumpir mi pregunta. Se disculpó indicando que se trataba de una impresión que le vino en el momento y que si no me lo decía en ese instante luego se olvidaría. Se trataba de algo que ya venía pensando desde los encuentros anteriores. Quizás en palabras no pueda yo expresar tanto como lo que sentí cuando me lo dijo. Para mi ha sido una gran impresión y es algo que he de pensar. Me dijo que cuando me veía sentía que estaba ante alguien escondido detrás de una apariencia; que había un gran potencial mío para “algo” que no explotaba o por temor o alguna otra cosa negativa. Me dejó en claro lo del potencial, para algo…, como una semilla que encierra grandes atributos, pero que aún no ha eclosionado. Yo soy una semilla de una planta fabulosa, pero semilla todavía. Y lo más extraordinario es que se trata de una semilla de no se qué.

También me dijo que sería bueno que me de un gusto que yo quiera. Que me estoy privando desde hace tiempo. “Independientemente de tu pareja”, dijo. Y lo primero que pensé es que me daba su aprobación para acostarme con alguien que yo quisiera y que no fuera Pini. Pero creo que no entendí. La miré como pidiendo más, pero no dijo nada. Y no sé a qué se refiere. Yo hoy quería ir a bailar, pero no tengo con quien. Creo que me quiso decir algo más personal, algo que dependiera sólo de mí.

III

Para terminar quise hablarle de lo ocurrido con Ezequiel esta semana.

Le conté que era un chico que había conocido hace un año en la facultad. Que me había portado mal con él. Que yo sabía que le gustaba y que de eso me había aprovechado. Que luego había sentido miedo de comprometerme y que finalmente lo había dejado solo y sufriendo. Que me había arrepentido se lo dije y que también le había pedido perdón. Le dije, sobre todo y a pesar de, que me gustaba. Pero que las últimas veces que nos habíamos cruzado él me había evitado. Le conté que Ezequiel me fue a buscar un día a la salida de mi trabajo para tomar un café.

Le dije, básicamente, que no entendía para qué había hecho eso. Se lo comentaba porque me parecía curioso que el mismo día de nuestro segundo encuentro, en dónde me había hablado de los karmas y demás, ese mismo día estaba Ezequiel hablándome de que tampoco entendía muy bien para qué estaba sentado delante mío, porque realmente no quería reanudar el vínculo. Seguro estaba, eso sí, de que quería saber cómo estaba yo, pero no tener noticias mías seguido. “Vos y yo no podemos ser amigos, y los dos sabemos por qué”. Me dijo que no me había saludado las veces anteriores porque estaba muy enojado conmigo y eso fue una gran sorpresa para mi. Pero que el enojo ya se le había pasado; se había dado cuenta de que no le sirve alimentarse de lo malo, que sólo de lo bueno puedo vivir. Esto mismo que escribo se lo dije a Adriana, y ella dijo que era increíble la gran madurez evolutiva que había en su ser. Y yo no pude resistirme a hacerle saber que Ezequiel también se veía con una terapeuta, y que ese concepto de la vida no pudo haberlo elaborado solo. No sé, me sentí menos.

Ante mi desconcierto me dijo que, al menos, yo ahora sabía eso de que él estaba enojado y que ya no lo está más. Y que las veces próximas en que nos encontremos podremos saludarnos y aquello que nos ligaba con más fuerza al pasado ya no sería tanto. Que eso era lo bueno de todo esto, que al menos en ello debía pensar.