domingo, 8 de febrero de 2009

Visible

Ser visible es un concepto que incumbe a la diversidad sexual (no estoy de acuerdo con eso de preferencia ni elección ni nada que connote voluntad: a mi nadie me preguntó si quería o no ser gay... es verdad que hace poco, entre conocidos, salió el tema de una teórica “vacuna”, una suerte de solución si muchos estudios más confirmaban que esto de ser o no ser se daba por cambios físicos en el cerebro por cuestiones biológicas y culturales en la primera infancia y bla bla bla..., yo, como todos, dije que no me pondría ninguna vacuna; simple: no voy a regalar a nadie 21 años de maltrato y dolor, y ni uno de los muchos que me aguardan de alegría).

Visible significa que “si te invitan a una cena, podés ir con tu pareja, y que cuando hablás de él o ella no necesitás controlar cada artículo, o armar la frase sin usar el masculino o el femenino” (pág. 27, Diario crítica, 08feb09).El tema lo recojo de un artículo del diario de hoy en alusión a una nueva primer ministro de un país europeo: la mujer fue elegida como dios manda, y por los medios extranjeros los nativos descubrieron que era lesbiana. Para sorpresa de muchos, a nadie le importó. Para más sorpresa, en ese país, nadie quiere saber. Y no se trata de hacer la vista gorda... simplemente a nadie le importa -literal-, algo que cuesta interpretar. No lo voy a interpretar yo ahora, así que volvamos más cerca. ¿Por qué cuesta tanto intentar ser visible? No hablemos ni siquiera de serlo.

Desde hace tiempo que evito cada vez más hablar por los grandes grupos, como si yo fuera su traductor. Últimamente me limito a considerar muy humildemente (si, como escucharon) una teoría personal, excusándome de antemano si me equivoco. En respuesta humilde, diría que se trata de perder lo mucho que se ha conseguido: armonía familiar, estabilidad laboral, amigos (espero que no una pareja :S)... cosas todas importantes que descansan sobre la gran ilusión que creamos en nuestros valores creados: nuestra familia cree que somos felices, por lo tanto ellos son felices; nuestro jefe cree que somos “normales”, por lo tanto nuestra recíproca relación es normal; nuestros amigos creen que somos como ellos, y, cual paradoja, nos tratan como a ellos. Y el rollo viene cuando, naturalmente, no podemos sostenerles más esa ilusión (porque siempre es por ellos... ¿por ellos?), y nos acusan de mentirosos, se pelean con nosotros, inventan una excusa y nos echan del trabajo o nos dejan de lado. Todo por no haber hablado a tiempo.

Quizás haya expuesto subjetivamente (muy) mi punto de vista. La cuestión a todo esto es que las decisiones que tomamos son personales, y por muy estúpidas que muchas de ellas nos puedan parecer, cada uno que las toma algo de inteligencia tendrá, y en su escala de valores habrá establecido prioridades (antes que nada respeto, si es que lo pedimos)... después de todo soy yo el primero que dice que en esta vida venimos a aprender, algunos más que otros. En fin.

Particularmente no me avergüenzo de nada. Iría de la mano con mi pareja por la calle pero tengo miedo a ser agredido (un miedo casi casi injustificado, pues nadie es tan valiente para decir al otro en la cara: no me gusta lo que hacés; a lo sumo un grupito de adolescentes (o de pobres miserables [pobres no de plata, y por miserables quise decir otra cosa]) que gritan al escapar cosas como “putos”, pero sin identificarse). Lo gritaría a todos, como si a alguien le importara, pero me ata al silencio el hecho de que mi papá no lo sepa de mi boca (esta es mi situación dificil, quizás algún día la comente): yo creo ser muy claro con él, no dejarle dudas, pero el tema explicitamente nunca lo hablé, y sería un terrible bajón enterarse por terceros. Mientras tanto, si preguntan (gentes que no conozcan a papá), no digo nada más que la verdad (por algo preguntan, ¿no?). Después de todo, ¿hay algún problema?, y no levanto el dedo acusador ni amenazo a nadie, simplemente expongo una pregunta que evitamos y postergamos LGBT, héteros, chicos, grandes, blancos, negros... ¿hay algún problema?

PD: si tuviera la costumbre de poner etiquetas a mis entradas, esta tendría la de “exorcizando demonios”.

lunes, 2 de febrero de 2009

Dando lástima

Aquí me tienen dando lástima de nuevo (¿será ya un vicio?). De todas formas lo tomo con calma: ahora hasta me rio de mí. Paso a contarles bien.

Después de un malo trimestre en la facultad, habiendo tenido que abandonar un mes antes por enfermarme, al 1ro de Diciembre ya me sentía “persona poco útil”. Ganas de trabajar no tenía, pero necesitaba plata para unos gustos tan excéntricos que papá no iba a solventar. Así que comencé la aventura de dejar curriculums en lugares seleccionados. Sería este año el primero con un trabajo como dios manda, si me llamaban.

Pasaron los días, las semanas, el mes... y nada. La primer semana de Enero di por perdida la “Operación búsqueda”, y me resigné a mendigar ingresos menos magros por mis labores hogareñas.

A mediados de Enero sufrí una terrible erupción en uno de mis parpados del ojo derecho. Estaba feo (hasta dejé de “provocar” a los chicos con la mirada para no ser visto a los ojos). Mis anteojos de sol están rotos y resolví darle una pronta solución al problema.

El día que fui al oculista, a la mañana mi ojo experimentaba un nuevo episodio de hinchazón y dolor, solo que esta vez venía del parpado inferior. Antes de salir recibo un llamado: una vos de fémina muy amable me pregunta si había conseguido trabajo este verano, porque querían hacerme una entrevista para una librería. Sin mucho entusiasmo dije que sí, pues la posibilidad de la concreción era para mi escasa, y más que nada porque ya había dado por perdida la temporada.

Ese día el médico me retó por no usar anteojos para leer, y que lo que me aquejaba se debía a eso (ok, aprendí: este mes los compro). Me dieron una pomada prometiéndome que me ayudaría.

Al día siguiente parecía que me habían golpeado... si agrego palabras para describirme quizás no diga tanto.

La entrevista era al día siguiente, y creo que el nerviosismo me empeoró físicamente. Barajé la posibilidad de no ir, pero no tenía más por perder, por lo que desistí de la idea.

Solo media hora antes de la entrevista mejoré un poco.

Entrevista: Llegué con tiempo. Di unas vueltas por ahí aguardando la hora exacta, para dar buena impresión. No sirvió de nada ya que tuve que esperar (y el dueño jamás se enteró).

Después de un tiempo me llama Roberto, el dueño: con cara de pocos amigos dice mi nombre. Paso hacía el otro lado del mostrador y lo saludo de palabra; me responde como si si tal cosa no fuera algo común.

En su oficina me dice que me presente, y yo hago lo mio. Después me pregunta por mi futura carrera, mis expectativas. Luego mi familia, por mis padres, qué hacían. Hasta ahí todo bien.

-¿Y como te llevás con tu hermano?-. Dada la situación de nerviosismo, pensé que si mentía se daría cuenta, por lo que solo atiné a maquillar mi respuesta:

-Bueno, eh..., no tenemos mucha relación; ...digamos, somos muy diferentes, por eso-, me apuré a decir.

-¿Por qué? ¿Se c&gan a trompadas?-. Apa, me dije; si así empezamos... (después pensé que quizás lo dijo por mi ojo hinchado).

-No. Simplemente lo veo poco, y nuestro diálogo es normal, justo.

-Bueno... hablame sobre tu experiencia laboral-. Le cuento lo del mes en un bazar...

-¿Y por qué solo un mes? ¿Te echaron a la mie%da?

A esta altura yo ya no lo podía creer. De todas formas mis respuestas dejaron en claro que de ninguna manera me conduzco así en la calle ni con nadie, que sé ubicarme cuando hablo.

Tuve desde el primer momento la impresión de que esa entrevista fue agresiva, y nadie me va a quitar esa idea. Pensándolo mucho llegué a la conclusión de que se trataba de una estrategia: Roberto quiso ponerme incomodo para ver de qué manera respondía a esa situación. Finalmente me puso más inquieto tomándome una “pruebita”, para ver mis errores ortográficos. Después de preguntarme si sabía escribir (...) me dictó unas cinco palabras; me confundí en una, pero no dijo nada. Me fui algo apabullado, pero con la sensación de haber dado lo mejor, siendo yo.

Para después de la entrevista mi ojo estaba mejor, casi normal, cual ironía del destino.

La llamada: Habiendo entrado en la segunda quincena de Enero no esperé respuesta. Pero un lunes me llamaron. Sin más preámbulo me dijeron que fuera al día siguiente a presentar una documentación, y a que me digan cuando empezaba. Buenísimo.

Me llamaron para el miércoles; ese día firmé un contrato que decía que no era un trabajo de temporada, sino una prueba por tres meses para, posteriormente, quedar todo el año; también firmé un papel más. Comenzaría a la tarde.

Primer día: Llego. Digo mi nombre y “hoy empiezo a trabajar acá”. Paso y me llevan al baño. Me dan una remera ENORME, LARGUÍSIMA, color verde. Bajo al salón y me presentan a Conny (recuerden este nombre). Conny es la esposa del dueño... imaginen lo demás.

Ese día empezaba una chica más, Sol. A los dos nos lleva a un depósito de libros infantiles. Allí íbamos a estar más cómodos, dijo. Pero el mismo estaba abarrotado de cajas, libros y mugre. Al encontrar todo así llama a una de las empleadas: que deje todo lo que estaba haciendo y se ponga a ordenar el lugar. Viajamos al otro extremo de la librería; subiendo escaleras nos lleva a la cocina: allí se presenta “oficialmente” y nos da una serie de instrucciones. Nos asusta también con cosas del tipo: “acá se hace lo que yo diga”, “no me gustan los comentarios de pasillo”, “cuando les diga algo no tienen porque comentarlo con los demás empleados”. En síntesis, nos hizo dar cuenta del lugar que ocupaba ella más que el que ocupábamos nosotros. Para terminar nos recordó lo de la prueba: "Porque si ustedes no andan bien acá no es que no sirvan para trabajar, si no que quizás son para otra cosa... quizás en una lencería...”.

Ese día ordené la mesa de libros infantiles, la misma a la que acuden los padres con sus malcriados vástagos. Los niñitos tocan todo, trasladan muchos metros los libros que le llaman la atención (al grito de ¡Mirá este, Má!), y los dejan donde su razón de infante de 3 años indica. Yo creí haberlo dejado todo en orden, pero al rato llegó Conny y me preguntó qué hice. Le digo que ordené la mesa. Fue este momento el que recibí mi primera llamada de atención. La manera de Conny de hacer entender a los demás cómo se hacen las cosas es explicarlo muy lentamente, casi para que lo entienda un disminuido mental. Así fue como me sentí después de su explicación.

Tercer día: Ya lo había decidido. Renunciaría a la quincena. La razón es que no entendía nada, no recordaba nada, sentía que en cualquier momento me retaría Conny. Pasaba (paso) las 8 horas parado. Y la relación con mis compañeros estaba estancada. Sería a los 15 días, pues quería cobrar algo, y era el periodo máximo que me daban mis amigos para adaptarme: que ya vería, me decían. El único consuelo era ver a Sol (y no es por maldito): la pobre no entendía ni entendió nunca nada.

Primer semana: Pagué derecho de piso. Para ella eso era hacerme sentir mal. Lo que no sabe es que a mi me gusta limpiar. Limpié todo: libros, pisos, vidriera, baño. Creo que se excedió el día que me hizo sacar los chicles pegados de la vereda con una cuchara de albañil: la gente pasaba y murmuraba cosas del tipo: “pobre, por qué le hará hacer eso” mientras yo me deshacía en sudor (esa semana la temperatura fue de más de 30º). Con el tiempo me di cuenta que nadie hacía esas cosas, solo yo, que era hombre, y era nuevo. Terminé adaptándome y hasta ganarme algunas sonrisas de la dueña.

El tiempo fue pasando y ya estoy por cumplir la segunda semana. Le comentaba a un amigo que el panorama había cambiado: por razones externas ya no solo pasé de los 15 días a un mes como máximo plazo, si no que probablemente cumpla con los 3 meses. Sol, la chica que entró conmigo fue despedida por ineficiente, y al comentármelo, me dijo Conny que esperaba que terminara de adaptarme, para poder terminar de integrarme y formar parte del grupo (es decir, superar los 3 meses).

Y así me encuentran. El franco (día libre) me lo pasaron del Lunes a hoy. Apenas me sirvió para descansar.

Conclusión: estoy cansado, pero trabajando cómodo y contento en una librería céntrica. Siempre quise tener contacto con libros (hay varios títulos a los que ya le eché el ojo). Estoy aprendiendo muchas cosas. Sigo evitando a la dueña: quiero que me vea hacer algo siempre y no me diga nada. Le tengo miedo a los clientes que piden cosas raras, que tenemos pero que no se dónde están. Ya me cansé de preguntar todo a mis compañeros: son todos muy buenos conmigo, pero siento que los canso mucho; igual cada día me integro más. Finalmente, no me convence mucho el horario (hay días que salgo a la 1.30 de la madrugada y tengo que entrar a las 9.30 de la mañana; con suerte, esas noches duermo apenas 5 horas. Estoy pensando como voy a hacer cuando empiece la facultad... eso, y ver poco a mi Gabo es lo que me preocupa.

Hubiese querido un post más corto, pero no lo logré. Y no dije muchas cosas, como la obsesión del Feng Shui de Conny: en la puerta hay un hexagrama y al lado de la caja un pequeño altar con animales (también encontré una tortuga negra debajo de un revistero); o lo que pregunta... poco le interesa lo que uno pueda decir. La fórmula es decir a todo “sí”, o “bueno”; a mi todavía me cuesta memorizar los nombres de los chicos... ¡y los chicos! Podría escribir un post entero sobre ellos: somos tres hombres y como 8 chicas... ¿yo?, el gurumín. Supongo que muchas cosas quedarán por ahora en mi cabeza guardadas un tiempo, como un curioso personaje: un hombre muy mayor vestido de lino y sombrero de ala, que me recordó al protagonista de “Memoria de mis putas tristes” que preguntome sobre libros de Kama Sutra, o la desubicada que se puso a gritar porque no la atendíamos a tiempo, a 5' de cerrar... ni hablar del contingente flogger que pedía con desespero marcadores y cartulina para saludar a floggers famosos que venían desde BA.

PD: Tengo un fuerte resfrío por limpiar libros justo debajo del aire acondicionado.

sábado, 24 de enero de 2009

Empleado tipo "B"

¿Saben una cosa? No quería decir nada para que todo saliera bien. Y salió bien. Conseguí el trabajo que siempre quise, en una librería. Y no terminó la primera media hora de empezar que supe que sería difícil. Bien. No fue difícil, sencillamente una mier...

Estoy cansado, asustado, me he vuelto sumamente introvertido (¿acaso podía serlo un poco más?). Y tengo poco tiempo, sumado al sueño. No voy a agregar que hace calor, porque lo imaginan.

En estos tres días (en pocas horas empiezo la 4ta jornada laboral) ya he reunido una serie de notas que, con más detalle, mañana, que es mi día de franco, les regalaré.

Pero ahora me tengo que ir. Les dejo un par de videos.

A este tema le preste atención hace poco. Y la letra me encanta. El video que quita mucho a mi imaginación.

Este otro video es lo mismo, solamente que con él me río más. No había forma de que no lo inventaran (nota: gente impresionable y con asquito a los besos entre guys, abtenerse de apretar play).

Hasta mañana.

sábado, 10 de enero de 2009

Allanamiento

Dirigíame en compañía de Gabriel a la sede de mi obra social para adquirir un bono de consulta, para poder ir al dermatólogo el lunes. Llego. Hago cola y espero. ¿A quién? A la muy perra de la secretaría, que sin pudor conversaba con parientes de la vida en la vereda. Seguramente le ardían demasiado las orejas, por lo que dejó antes de lo que quiso la charla para atenderme de mala gana. Le pido lo que necesito y le aviso antes de cualquier acción que tengo un billete de $50, no menos. Y me dice como si tal cosa que me valla a buscar cambio, que no tiene nada, y que en una hora cierra la caja. Desgraciada.

Me voy a la farmacia, porque tenía que comprar un medicamento para mi mamá y de paso conseguir cambio. Pero el reloj apremiaba, por lo que, muy gentil él, Gabriel se ofrece comprarme el bono hasta que pudiera conseguir cambio. Se va a la obra social y yo me quedo en la farmacia. Al rato me llama. No puedo reproducir la charla pues fue muy difusa... lo suficiente como para solo ponerme nervioso y decirme que la policía lo había detenido para un allanamiento de drogas. Que desgracia. Le digo que me espere; termino de comprar en la farmacia y voy a su encuentro.

Llego a la obra social y veo un oficial en la puerta. Entro. Veo a Gabriel y lo primero que le digo es: ¡Decile que no tenes documento! Tarde. El policía ya se lo había pedido y él se lo había mostrado. Salimos a la calle y él intenta despedirme. Decido, sin pensar, acompañarlo. Y lo acompaño.

Nos dirigimos a la comisaría de drogas ilícitas (¿se llama así?). Ya había una testigo interceptada. Gabriel se une a ella y yo espero lejos, bien lejos para no ser llamado. Pues me llaman: “¿Tu nombre?” Gustavo Díaz, digo; pero yo no soy testigo, solo vengo acompañándolo a él, señalando a Gabriel. “Ah, esta bien”, dice el oficial. Genial, me digo, safé.

Vengan chicos”, le dice un policía de civil a los testigos. Y yo me hago el tonto y me uno a ellos. Nos trasladan como a 15 km de la comisaría. Llegamos. Bajamos. Le digo al oficial que dónde me quedo, pues no era testigo. Sin saber nada me dice: Te tendrías que haber quedado; ahora sos testigo”. Y fui testigo.

Para esto los malvivientes estaban reducidos. Entramos a la finca, una construcción básica, es decir: paredes y techo que formaban dos piezas separadas por un baño; puertas y ventanas tapadas con cartones y chapas. Los habitantes eran 4: un chico de 16, otro de 22, un hombre de unos 30, y otro que no recuerdo. En el lugar se vendía cocaína... el de 30 había ido a comprar y consumir al lugar con su hijito de 3. El nene quedó al resguardo de una mujer de la policía, mientras se realizaba el operativo y venía un familiar a buscarlo. A los detenidos se les lee en presencia nuestra sus derechos y pasan a revisarlos. Y testigos de eso fuimos Gabriel y yo, pues Marina, la testigo mujer no podía ver... eso. En el fondo de la casa hasta los desnudaron y le secuestraron sus pertenencias. En sobres con el nombre de cada uno, íbamos recibiendo lo que nos entregaban. Mucho dinero y pastillas antidepresivas. Los detenidos casi no opusieron resistencia pues estaban bien drogados.

Entramos a la casa. Un olor espantoso, a humedad y perro mojado. En el aire totalmente viciado, en una habitación de 3 x 3, habíamos 5 policías y los 3 testigos, por lo menos. En el suelo, más plata y bolsas del tamaño de la mano con envoltorios de cocaína. Contra la pared una cama. A esa pobre gente, infelices de seguro, con la vida destrozada, yo les tuve lástima. Hasta que entre trapos que oficiaban de sábanas encontraron una pistola 9'' totalmente cargada. Desde ese momento casi los odie, y les desee lo peor. En el extremo opuesto de la cama, una mesa con restos de cocaína, de un presunto reciente consumo de la sustancia. Terminado el secuestro de todo, tomadas las fotos, nos dirigimos al baño. Ahí ya no sé que encontraron, pues uno de los detenidos comenzó a golpearse la cabeza contra la pared, por lo que solicitaron un testigo que diera cuenta que las lesiones eran autoinfligidas. Esos golpes fueron casi una fortuna, pues me liberaron de la tortura que era el interior de esa pocilga. Sin más, me quedé tomando aire fresco hasta terminada la requisa.

Luego de todo, fuimos a revisar el resto del terreno los tres testigos, teniendo que dar cuenta de la presencia de envoltorios de cocaína vacíos, restos de las ventas clandestinas.

Terminamos. Nos volvemos a la comisaría. Y esperamos. ¿Cuánto? Una vida. No dije que nos detuvieron a las 18 hs. Es momento de decir que nos liberaron a las 12 (llegué a casa a la 1). Muy temprano nos dimos cuenta que no servía no colaborar, pues era peor. Resulto ser, estoy casi seguro, que muchos de los que intervinieron en el operativo eran aprendices. Por ejemplo, la bonita mujer que nos tomaba declaración conmigo cumplió la tercer redacción de declaración de su vida (la primera y segunda de Marina y Gabriel respectivamente); sus preguntas eran inocentemente capciosas, del tipo: “Cuando llegaste a la finca... los detenidos ¿ya estaban reducidos?”. Si, mi amor, hubiese sido mi respuesta, si no fuera porque una migraña no me dejaba lugar al humor. La dulzura de esa oficial me hizo pensar en la posibilidad de que su familia haya boicoteado su vocación de maestra jardinera. Otra cosa que me dio la pauta de estar entre aprendices fue que tomaban fotos de todo, no como testimonio oficial de la requisa, sino personal, del primer operativo de sus vidas.

Lo bueno de todo fue que me hice un lugar para dar rienda suelta a mi histrionismo, diciendo, por ejemplo, que mi profesión era escritor (si preguntaban [preguntaron], mi respuesta era que escribía un blog para la versión on line de un diario extranjero), y dando cátedra (de maestro sin título) de Homero, Eneas, Rómulo y Marte. Hasta pude meter un bocadillo (delicioso por cierto) sobre logias y masones y las manos de Perón... por un momento, fui un gran erudito que sembró silencio en la audiencia. Además pude trabar una conversación interesante con Marina, que se fue con mi número de teléfono.

Cuando tuvimos el visto bueno para irnos (logramos persuadir que a mi me llevaran a mi casa, que quedaba de pasada a la de Marina, que vive fuera de Mar del Plata), tuvimos que retrasarnos media hora más porque la declaración de Gabriel estaba sin firma (lo fueron a buscar a la casa), y la de Marina había que hacerla de nuevo.

Nota: ¿Dije que este era mi segundo allanamiento? Hasta ayer no conocía a nadie que haya tenido la experiencia de solo uno.

Nota 2: Increíblemente, Marina se tomo todo con gran calma, paz y humor.

Nota 3: Con más de 6 horas sin comer nada, morí del hambre.

Nota 4: Todo esto fue tan increíble que no se me ocurrió un nombre más tonto.


PD: Dedicado a la Secretaria de la obra social U. T. H. G. R. A. filial Mar del Plata, la morochita escuálida con lentes de contactos celeste (que, por cierto, ¡que mal que te quedan!).

Me hago un lugarcito para pedir disculpas por los comentarios no contestados, puesto que mi mente se tomo vacaciones de fin de año, lo que no me daba ánimo de presionar tecla algunas. Espero, desde ahora, volver con más frecuencia por aquí.

martes, 30 de diciembre de 2008

2008 : ahora puedes descansar en paz

Este 2008 ha sido muy especial para mí. Fue el año en el que todo comenzó. No es que mi cabeza este cruzada solo por mi tema con la sexualidad, pero no puedo negar que me reprimí durante 20 años. Y cuando todo explotó ya nada fue igual. Fue como si estuviera esperando inconscientemente ese momento, que fue el desencadenante de mi actual felicidad. No soy un iluso (yo soy de los que creen que la plenitud llega al final de la vida), pero este año supe realmente, con pruebas, que podía estar bien, que el mundo no estaba en contra mio, que todos tenemos oportunidades, que nada es tan malo como parece... que el que sabe esperar obtiene lo que quiere, que todo se aprende. Vean, no sé cómo expresar lo que en este momento siento. En estas dos horas fui de la tristeza a la resignación, de la alegría a la calma; luego sentí un vacío que conozco poco, que me deja el espíritu calmo pero inquieto. Y me di cuenta que no voy a poder decirlo con palabras, puesto que vengo retrazando este post desde hace tres días y ya no me queda más tiempo.

Cuando no se puede no hay que forzar nada. Así que les dejo un beso a todos. A todos mis comentaristas (que son los mejores) puro éxitos. A Gabriel un TE AMO enorme. A aquellos que corresponde un GRACIAS. Y nos leemos pronto.

Ahora mi regalo de Año Nuevo (sí, a veces, soy cursi).



miércoles, 24 de diciembre de 2008

Navidad para todos

Estoy pasando una pre-Navidad de mierrr..., desde antes del medio día de este 24. Pero no voy a hablar de eso, porque me pasa siempre, y porque estas fiestas son siempre un bajón que no puedo pilotear.

Mi tema es otro.

Estuve leyendo por todos lados que las mujeres suelen regalarse para las fiestas una prenda de ropa interior (la de allá abajo), rosa, para las fiestas. Solo por hoy me voy a liberar del tabú de llamar la ropa interior por su nombre (sí, padezco de ese vergonzante tabú). Las mujeres, entre ellas, se regalan por lo menos una bombacha rosa para esta Navidad. No lo entiendo. Evidentemente es una tradición que no tienen ganas de romper. Pero ¿por qué una bombacha? ¿Y rosa? Si hay algo que no encaja en todo este esquema mío es el color, aquel exclusivo de las niñas y de los homosexuales de antaño (aunque últimamente se puso muy de moda en las remeras de todos). Bombacha rosa... me imagino a todas las féminas de una reunión navideña... hermosas ellas, con sus mejores telas, peinadas como ángeles, auténticas bestales. En mi imaginación las veo en pollera. De repente, la virgen de los vientos de Sabina les levanta esa pollera. Ellas no tienen buenos reflejos como Marylin M. Y a todas se les ve la misma bombacha rosa... un horror.

Bombacha me suena a ropa interior de vieja mujer decente. Una prenda amplia que cubre y sostiene todo (así la imagino). En mi mente no caben (¡y no sé por qué!) esas... bombachas... que tienen otro nombre... más... (¡dale Gustavo!, animate)... ¿divertidas? (carita ruborizada). Ni esos famosos culots (estoy seguro que mis amigas los llaman así) que tienen mucha onda.

Y rosa... dios... Yo regalaría una blanca, o roja... hasta azul, no rosa.

¿Y los hombres? ¿A nosotros no nos regala nadie nada? No da para que nos regalen nada de eso rosa... Pero, qué sé yo, este servidor no se ofendería si entre los "regalos usalo antes” se incluye...

CAMPAÑA "REGALAME UN CALZONCILLO BLANCO PARA LA NAVIDAD '09"

Visto que las mujeres usan una bombacha rosa nueva la noche del 24-25 de diciembre (laudatorias para las que interrumpen su uso en medio del festejo), esta campaña se propone regalar al caballero un slip o boxer a preferencia (yo me quedo con el segundo) de color blanco... el negro esta trillado, el rojo es de fiestero. A mi el blanco me encanta. Y me queda tan bien...

Condiciones: que sea de algodón.

Aca una fotito mía con mi regalo de la Navidad '09 (el chico sería yo).

lunes, 22 de diciembre de 2008

Muerte al flogger

En el día de ayer, Domingo, a la salida de un boliche, un chico llamado Guillermo, 16 años, en la provincia de Córdoba fue, digamos, ¿se puede?, “sencillamente” asesinado... por flogger. Sí, yo cuando leí la noticia en Crítica de la Argentina pensé que Cumbio -que escribió una nota de opinión- estaba haciendo una denuncia social con palabras metafóricas un poco desvariadas; no me reí, pero me detuve a leer, para tener posteriormente un comentario para poder mofarme entre los míos. Si era metafórico, no entendí lo que dijo, por lo que me fui a la nota de referencia: “MATAN A GOLPES A ADOLESCENTE FLOGGER”. No resultó ser un anzuelo, sino la cruda realidad: “por llevar pantalón violeta, camisa amarilla, comba y zapatillas blancas” -reza la nota-, fue el blanco de un grupo de no se qué (¿cumbieros?, no importa; en serio, ahora no), que le dijeron lo último que escuchó en su vida: “Estas vestido como un flogger”. A continuación le propinaron patadas y piñas “hasta el hartazgo” -otra vez Critica- especialmente en la zona facial y craneal.

Y era flogger, no Superman. Con esa golpiza no pudo menos que morir. Lejos de su casa, de sus amigos, muy ajeno a todo aquello que había ido a buscar esa madrugada: sana diversión. Por detrás dejó una vida trunca, otras muchas destrozadas, y un sinsabor de impotencia en más de uno de nosotros.

(Nota: A mi no me gustan los floggers, por representar lo peor de la adolescencia -aquella de la que no se salva nadie-, pero jus-ta-men-te entiendo que son chicos jóvenes, púberes, y que la rebeldía les explota por algún lado. Y mi disgusto con los floggers termina ahí. No más.)

¿Qué onda? ¿Ahora matan por ser flogger? Uno intenta (yo no puedo), y se pone de los dos lados. No se puede justificar, pero diríamos que los atacantes les molesta que otros “tengan más” y ellos no (hablamos de plata, ¿no?, entre otras...). Porque acá “ellos” atacan (matan) por diferencia: ellos se opone a nosotros, pero no digamos nosotros, esta vez le toco a otro... “Ellos” mataron a “otros” por diferente. Por intolerantes. Sí, son intolerantes. No se bancan la adversidad de la vida. ¡Y que bien que está! Pero eligen la peor de las formas para decirlo, sin conseguir nada a cambio. En este caso, matan.

...

A un costado de la nota había un cuadradito. A mitad del mismo ya pensaba que era un pelotudo el que escribía; pero me equivoqué, resultó ser pelotuda. No quiero influenciar la opinión de nadie, mejor vallamos a los hechos. Después pensemos de cuántos lugares viene toda esta mierda:

¿Será floggerfobia?

Hay cierto acoso a estas tribus, aunque ellos lo nieguen. A veces, sin quererlo, los propios floggers provocan estas situaciones. Nada justifica la violencia, pero los cumbieros o los del hip-hop, que pertenecen a una clase media o media baja, se sienten agredidos cuando los floggers hacen alarde de las marcas o de las cosas que tienen.

Siempre hubo chicos de clase media y clase baja, pero la violencia está tan latente en nuestra sociedad que cualquier cosita que tocás explota. Hay adolescentes que tienen que diluir su estética floggers, en el colegio porque si no, a la salida, los agarran a trompadas.

Lamentablemente esto va a seguir creciendo. Los sociólogos pronostican la creación de tribus más violentas, como sucede en el resto del mundo, y el contexto está dado para que así sea. Lo que pasa acá con los floggers esta pasando con los emo en México, donde los grupos se juntan a pegarles y ridiculizarlos. Allá se habla de una emofobia y nosotros podríamos hablar de una “floggerfobia”.

[La pelotuda es] María José Hooft, autora del libro Tribus urbanas, maestra de la cátedra Subculturas Juveniles en distintos institutos. Las negritas las puse yo.