sábado, 6 de marzo de 2010
Se aprende así?
Hoy, finalmente le mandé el mail. Ya no me acuerdo si era o no mi idea la expresada, pero lo mandé igual... Estoy cometiendo tantos errores, será que así es el camino del aprendizaje?
"Hola. No quiero molestarte pero necesito que sepas algo. Que todo esta bien, que no estoy enojado, dolido o espectante, nada. Yo sé que estuve un poco (bastante) pesado, me lo hiciste saber con tu rechazo. Por eso también quiero que sepas que nunca fue mi intención molestarte; al contrario.
"Al principio me tomé todo con cierta ingenuidad porque no fui yo el que te buscó, pero después me hiciste sentir inquieto. Lo único que quería era poder volver a verte una vez más y saber qué me pasaba a mi. Quería sacarme la duda que me hacía y todavía hace ruido: vos siempre me gustaste demasiado pero no estaba seguro de si era simple calentura o qué. Ahora me quedaré con la duda, pero tengo la impresión de que es mejor así, porque al final puede que tengas razón: es probable que, como vos, yo no sepa lo que quiero aunque, si te interesa, creo que no lo sé porque no me atrevo ni a pensarlo... también soy cobarde. No pretendo que entiendas esto último así que no te preocupes si me vuelvo complicado.
"No era mi idea escribirte un mail, y menos decirte esto de esta manera (ayer, acostado en mi cama, las palabras exactas me pertenecían).
"Sabé que de vos me quedará el mejor recuerdo: hay gente que no le da la importancia que yo, pero para mi un beso no se compara con nada; nunca quise besar a nadie tanto como a vos y de todos a los que alguna vez quise besar (que tampoco son fueron tantos) ninguno me dio bolilla, solo vos.
"Sabé también que tu fantasía de mi interés por vos por haber sido mi profesor es solo eso, una fantasía y solo tuya; una que jamás se me cruzó por la cabeza hasta que me enteré que pensabas eso.
"Espero que estés bien y que no te tomes a mal mi mensaje. Te mando un fuerte abrazo.
Gustavo"
miércoles, 3 de marzo de 2010
¿Gisele otra vez?
-Ah, hola, ¿cómo andás?
-Bien-, dice.
-¿Vas a trabajar?-, pregunta de ascensor. Respondió algo que no entendí.
-¿Y vos?
-Sí, a trabajar-, le digo. Todo esto a punto de bajar. Bajamos (obvio que primero la dama) y le tiro un chau al aire porque realmente estaba apurado; y hablando un poco más enserio, ayer tenía mal humor y un estado anímico deplorable.
Llegado a casa me conecto y encuentro un mail suyo en mi casilla, en mis dos casillas. A veces me llegan mail suyos, todos cadenas que ni abro. Pero como ayer buscaba excusas para sentirme mal, intenté encontrar algo que me hiciera daño en ese mensaje suyo. Me escribió lo siguiente:
“Hola.... espero que este msj no parezca desubicado,pero no entiendo xq tenes tanta mala onda conmigo cuando te cruzo,se que me porte para la mierd.. en su momento por eso te quiero pedir disculpas,se que es tarde pero bue.. espero que me respondas y de corazon te digo que me lamente mucho no haberte sigo tratando no te pido nada solo que me respondas. Gisele.”
¿Era necesario? Nada de lo que me dijo me hace mella, porque lo nuestro fue hace mucho. Como le dije en mi respuesta, ella me rompió el corazón, me hizo llorar como nunca nadie, fue la causante de dolor en mi alma, una experiencia que no he vuelto a repetir… Y de nada me arrepiento, porque todo me hizo aprender… mi piel se ha vuelto más dura. Pero, ¿era necesario? Aquel juramento, el de no volver a fijar mi atención en una mujer, me ha venido de maravillas porque, sinceramente, yo no las entiendo. E intentarlo me habría traído muchos inconvenientes. Yo no entiendo a las mujeres, y mucho menos entiendo a esta.
PD: Mi respuesta, apurada, fue esta:
"Giselle! Mirá, no sé porqué te respondo porque en general no haría esto con nadie. No sos más importante que la gente que hoy me rodea, pero pertenecés a una parte crítica de mi historia, desagradable por cierto, pero terriblemente importante. Recuerdo aquella época como una de las peores de mi vida. Esto jamás te lo conté, pero olvidarte me llevó meses, pensar en vos sin decir malas palabras también me llevó mucho tiempo. Fue horrible, pero de esa experiencia aprendí un montón de cosas que me sirvieron mucho tiempo después. Lo que pasó yo ya lo superé, lo dejé atrás y en absoluto conservo sentimientos negativos respecto a vos.
Lamento que nunca me hayas conocido. De esa forma quizás me hubieses apreciado más. Si hubieses prestado atención sabrías que mi "parquedad" es característica al primer momento de entrar en contacto con una persona, por más gran amigo que esta persona pueda resultar ser. Así es mi naturaleza, no me sale ser de otra manera. Si me comporto así los primeros 5 minutos con alguien, ese alguien puede ser vos y cualquier otra persona. No te persigas porque yo no tengo mala onda. No con vos por lo menos.
"En este momento estoy pasando por una situación particular. Las cosas a veces no salen como uno quiere y es inevitable llevar la frustración en la cara. En serio Gi, no pasa nada."
lunes, 1 de marzo de 2010
No sólo marzo comienza hoy
Ayer, caminando con Rebeca nos perdimos. Yo estaba preocupado por sus rodillas pero, a pesar de también estar muy cansado la pasé tan bien como hacía tiempo no lo hacía.
Rebeca es mi amiga del reencuentro. Alguna vez nos conocimos en la escuela. Pasaron años antes de volver a hablar como lo hemos hecho en los últimos días: nuestra relación parace la de aquellos que nunca pierden el lazo que los liga, por más distancia o tiempo que los separe. Aún no me atrevo a llamarla amiga, por simple miedo a precipitarme, pero esta vez no quiero volver a separarme de ella.
Salvando las enormes distancias... estamos pasando casi por lo mismo.
Rebeca (para dar por terminado con su protagonismo en este post) es una de las mujeres que me harían replantear mi sexualidad. Es bellísima (como a mi me gustan las mujeres) y su personalidad es súmamente atractiva. Ella me proboca lo que ningún súcubo, pero no llega a hacerme sentir lo que ningún íncubo. Su apariencia, como la de muchas, es la de una mujer entera aunque sumamente frágil, que a pesar de dejar mostrar sus lágrimas sólo a pocos elegidos (yo no soy uno de ellos) es de las personas más enteras y fuertes que me tocó conocer en el mundo.
No me pregunten por donde andubimos; sólo puedo decir que fue por la Mar del Plata más linda, aquella a la que no había vuelto desde aquella “pelea de perros” que me unió a Gabo, un 27 de mayo: de repente tanta belleza se me hizo familiar y un edificio en particular me golpeó la cara y la memoria.
-¡Acá nos dimos el primer beso con Gabo!-, le dije a Rebeca y mi cara no fue de tristeza, sino de alegría. Seguro que mis ojos se iluminaron. Fue una sensación agradable y no sé por qué.
...
...
...
No sólo marzo comienza hoy.
Hoy me tomé un tiempo para mi, y perdí toda la tarde entre mis plantas. Habrán pasado horas y por un momento fui felíz. Cuando Lean me preguntó qué había hecho hoy le comenté esto último, que había pensado mucho, que no creía haber llegado a ninguna conclusión pero que la reflexión me allanaba bastante el camino.
-Me di cuenta de que el mundo nunca se detiene, que nunca se detuvo-, le dije. -Y algo peor: me parece que me di cuenta también de que nunca se va a detener.
-¿Por qué habría de hacerlo?-, me preguntó.
-No sé, yo pensaba que se podía detener; de hecho hace dos meses pensé que se había detenido. Al final el tiempo lo cura todo, cierra heridas. La mía sigue abierta, pero creo que se secó un poco. Ya veremos. ¿Y vos, cómo andas?
sábado, 27 de febrero de 2010
Mi mail a "P"
Debo ser pendex, sí, porque no es un tema que elegiría para escuchar y recordar. Así y todo no me lo voy a olvidar, aparte de que no es malo.
Tiene buen espíritu, y en apariencia buenas intenciones. Habla de todo aquello a lo que está dispuest@ a cambiar para “retener” a la persona amada. Me parece que todo tiene un límite, que uno es lo que es, y si bien no soy de los que tienen en la boca la frase “es lo que hay”… seamos francos, queremos a otro para poder estar bien con esa persona. Pero nadie puede estar bien con alguien si primero no está bien consigo mismo. Quizás esté exagerando, quizás Celine Dion le dice a esa persona todas las cosas que “podría” hacer para arrancarle escalofríos a su amado. Quizás me esté equivocando fiero, porque viste como es el mundo, en esto nadie tiene la razón, y hablar desde un “manual” no tiene gracia.
¿A quién se la dedicaría? Te repito que no es una canción que elegiría; pero si insistís, no hay nadie al que pueda hacerle tremenda declaración. Acabo de salir de mi relación con Gabo… no sé nada de él desde hace más de un mes. Imaginate mi situación: de hablar todos los días una hora por teléfono (más el tiempo que nos veíamos, porque lo hacíamos casi a diario), de decir y que me digan “te amo” hasta el último momento, pasé a la nada absoluta y me di cuenta de todo lo que hice mal, principalmente de haber hecho de mi ex mi universo. Poco a poco voy saliendo de eso, estoy teniendo muchas actividades que me están manteniendo ocupado (y algo agotado), me estoy “reencontrando” con mis amigos con más frecuencia y pensando en otras cosas. Poco a poco estoy saliendo; si bien pienso en él todos los días ya no lloro, y la tristeza es menor. Lo mío con Gabo fue raro, fue hermoso sin dudas pero raro todo el tiempo. Una de las pocas cosas que me alientan es saber que la próxima vez puede ser mejor, porque esa próxima voy a llevar la experiencia en mis hombros y voy a tener un objetivo claro, ser feliz, tratar de pasarla mejor. El mundo está preparado para sufrir, “P”, pero no porque el mundo sea un sufrimiento: es nuestra naturaleza hacernos daño, arruinarlo todo. Pero tenemos siempre oportunidad de estar bien. Yo ahora no estoy bien, porque estoy haciendo un duelo, el que me va a permitir estar mejor. Es el único motivo por el que me estoy bancando esta situación de mierda.
Yo no pienso en lo que perdí… no pienso en Gabo y lo mucho que lo extraño. Lo mío es más egoísta: estoy mal por mi, por mi soledad, por no tener al nado a alguien que me abrace y contenga y me diga que me quiere… no estoy mal porque Gabo ya no me va a abrazar ni contener y me va a decir te quiero de vuelta; yo estoy mal por no tener “un Gabo”, ¿me explico?
Hace poco en mi Face tenía ganas de escribir en el muro una estrofa que describiera como me sentía, pero que no dijera mucho, solo lo necesario. No hubo una que encontrara que pudiera escribir: todas (todas) las canciones hablaban de mi. No sé por qué te escribo esto, solo quería decirte que en este momento hay mil unas canciones que elegiría antes de la de Celine, ninguna con una batería tan dinámica. Un beso grande
jueves, 11 de febrero de 2010
Y al final hicimos las pases
Hoy hablé con Gabo después de despedirme del Profe. Faltó poco para que lo mandara a la mierda (al Profe). Fue un día muy especial. Todo empezó a la tarde al verlo a Leandro.
Obviamente hablamos del Profe. Él ya estaba harto de hablar del Profe conmigo, o de mi con el Profe. Me lo dijo. Poco le entendí. En un bar decidimos mandarle un mensaje para tentarlo. No accedió, pero se hizo la víctima: “Malos” nos dijo, por no invitarlo. Después le dijimos que iríamos a la casa a tomar mate, y nos salió con que no estaba, que la semana próxima seguro.
Leandro me habló claro: “Los dos no saben lo que quieren. Vos ya sabés como es él y que no va a cambiar, te va a dar mil vueltas. Sé sincero, decile lo que querés con él, que solo querés ir a la cama y nada más”.
Esas palabras me taladraron la cabeza todo el viaje de regreso. Llegué exitadísimo. Comí muy rápido. Y me conecté.
Estaba él, esperándome. Lo apuré; le dije que era raro, que no sabía lo que quería, que en eso nos diferenciábamos porque yo sí sabía bien. Le dije que no me gustaba más de lo que podía ver, más de lo que me quería mostrar, que no se puede “querer más” a alguien con quién se ha hablado face to face una vez, por más chat en el medio que haya. Se ofendió. Le dije que no se ponga mal, que me parecía el chico más lindo que me dio bolilla alguna vez. Le dije todas las cosas que me atraían de él, pero le dejé en claro eso, que sólo me atraía. Y me dijo que la termine, que cuándo nos veíamos.
-Ahora.
-¿Ahora?
-Sí.
-Ehhh, no sé, no estoy en mi mejor día.
-Como quieras, vos decidís.
-¿Por dónde andas?
-Llego en una hora.
-Hora y media… mi casa es un quilombo.
-[Profe], a mi no me importa que tu casa ni su quilombo, yo te quiero ver a vos…
El Profe nunca respondió. Lo apuré, no daba respuestas, era muy esquivo.
Terminé por decirle que de nada le sirvió ser el más lindo de todos. Y lo dejé ir.
Se enojó, y yo aún sigo lamentando todo, pero mejor así.
Me puse a escuchar música. Y lo ví a Gabo conectado. Siempre esta conectado. No lo saludé, simplemente le dije que me gustaba la foto nueva que tenía en el avatar. Hablamos de cosas varias, nada importante. Le dije que estaba contento, que había mandado al Profe a la mierda… Dijo que no sabía quién era. Se lo recordé, por si realmente no sabía. Me preguntó si ya había concretado con Facundo, el fantasma que siempre asustó a Gabriel durante estos dos años.
-Jajaja, ¡qué te importa!, jajaja.
Se rió, pero espero que haya entendido. Tuvimos una charla de extraños, deliciosa. Nos despedimos con alegría, me deseo éxitos. Quedamos que estaría en mi cumpleaños.
Las cosas no tienen que estar tan mal, ¿no?
PD: Ayer fue un día extraordinario. Hoy, a pesar de deshacerme del Profe me siento aún mejor.
martes, 9 de febrero de 2010
¡AHORA ENTENDÍ!
Otra vez he de decir que es muy largo. A ver cómo me sale…
Hace unos días (tres por lo menos) siento de manera muy recurrente la necesidad enorme de tener sexo. Simple: jamás en mis 23 años y medio tuve tantas ganas de coger. (Ustedes disculparán lo elemental de mi lenguaje… también necesito hablar con claridad, aunque me de vergüenza)
Esto es absolutamente nuevo. Ustedes saben (¿saben?) que yo debuté a los 21 años, y no con ganas. Eso jamás lo entendí, y me lo expliqué de este modo: mi metabolismo es diferente, como si mi lívido fuera la de un panda.
Luego conocí a Gabo. Recuerdo que la primera vez que lo vi lo saludé con una erección que disimulé muy educadamente (¿era necesario?). Eso fue al principio y nunca más volvió a ocurrir.
Antes de cumplir un mes de novios decidimos hacerlo por primera vez. Fue un desastre. Yo no quería. Lo hice obligado. Me fui dolido, había sido una sensación horrible. Me dio mucho asco. No pude acabar, y después de un rato que consideré prudencial le pregunté si podíamos terminar. Gabo, pobre, había puesto lo mejor de sí. El que estaba mal era yo. Ese día nos despedimos como la última vez que nos vimos, casi con lágrimas en los ojos. Algo estaba mal. Luego pudimos conversar. Teníamos ganas de estar juntos. Nos dimos fuerzas… quedamos en que hablaríamos más.
Con el tiempo la situación mejoró. Pero era un tema de todos los días. El sexo fue mi karma tanto como el suyo. Siempre tuve una excusa negativa a la hora de hacerlo. Yo nunca quería (y se lo decía). Buscaba excusas, trataba de evadirlo. Los días que acordábamos para encontrarnos eran un pesar para mi. Hubo veces que lo disfruté, pero nunca, nunca lo hice con ganas. Una vez, pasado el año de novios, lo hicimos y sentí una sensación extraña. Era placer; sólo después de un año, sabe dios por qué, pude sentirme satisfecho. Esa vez fue única… hubo mejores, pero no para mi.
Gabo se quejaba de que no estuviéramos juntos más tiempo, mientras para mi esos días nunca llegaron a ser largos. Recuerdo, pobre ángel, que su humor cambiaba en gran manera. Eso me extrañaba muchísimo, no lo entendía. Coger le hacía tan bien, dejar de hacerlo lo malhumoraba tanto, mientras que para mi era indiferente.
En toda la relación tuve presente este problema. Pero nunca le di la atención merecida. Ahora entiendo esa frase que me golpeó como una piedra, aquella que me decía que si yo pensaba que a él realmente le gustaba coger una vez por semana… ¡Obvio que no! ¿A qué persona sana le gusta hacerlo una sola vez? ¡Y una con suerte!
Siento horror al pensar en Gabo teniéndome como novio, pensando para sus adentros cómo era posible una relación estable y no tener sexo; rodeado de sus amigos, aquellos a los que yo llamaba “promiscuos”, que no paraban de hablar de todo lo que hacían el día anterior en la cama. Pobre Gabo, pobre pobre Gabo.
Tanto me amaba Gabo que solía decirme que esto era muy feo para él, pero que tampoco le importaba tanto, que tenerme a su lado lo hacía feliz.
Imbécil, así me siento, una mierda, tan egoísta, acostumbrado a recibir, nunca a dar.
Un día Gabo no pudo más.
Alguien se preguntará por qué me siento tan bien. Simple: ahora comprendí, ahora se por qué… ahora Gabo no me tiene más y puede ser feliz. Yo también.
Ahora entiendo cuando pensaba, no sin vergüenza, que Gabo bien podía ser mi mejor amigo. ¡NO! Los novios no son amigos. Los novios hacen el amor y se desean tanto como se aman. No sé si habré amado a Gabo como se lo merecía. Sí sé, y esto me da vergüenza, que nunca tuve deseo, nunca me provocaba lo que debía. Gabo nunca me atrajo. Nada fue recíproco. Simplemente me enamoré de una parte de él. Gabo es hermoso, pero yo me enamoré de la persona, de la gracia, de la inteligencia, de su pelo y su mirada tanto como de la blancura de su piel, de su admiración a este pelotudo, de la manera que se pintaba las uñas, de cómo me hacía reír, de cuánto decía que lo excitaba. Yo nunca amé a Gabo como hombre, sólo como hermano.
Tuvieron que pasar casi dos años para comprender que esto es natural, que no lo es no sentirlo, que padecerlo es estresante, que también provoca tristeza.
Si es cómo todos me dicen, que Gabo lee mi blog, leer todas estas líneas le provocarán dolor. Pues prefiero que, si eso ocurre, sea ahora y no más tarde, que sea pronto y dure poco. Siempre querré a Gabo, y siempre le estaré en deuda. Pero es mejor dejar las cosas en claro; conocer la verdad siempre será mejor a desconocerla.
sábado, 6 de febrero de 2010
El post-post
El último post trajo una cola que me dio mucho para pensar.
Ayer preparaba mi entrada “respuesta”, pero me colgué hablando con el Profe y perdí “aquello” que necesito para escribir.
En fin. Anoche hubiese tenido sentido publicar lo que hoy creo una basura. Así y todo voy a rescatar los puntos esenciales de un post que verá la luz jamás.
- Con Nico coincidimos que es probable que Gabriel lea mi blog. Lo que quiero decir es que si lo hace no me importa. Yo no escribo para él, tampoco escribo sobre él. Si su nombre aparece es porque necesito hablar de una gran parte de mi. A aquellos que me leen (incluso a Gabo, si lee) les debo dejar en claro eso.
- Yo no quiero volver con Gabo. Lo del otro día es lo que suelo llamar “ejercicio de escritura”. Me han reprochado una suerte de contradicción: que primero digo que estoy dolido por lo que me hizo y luego pienso en decirle “te amo”. La cosa es así: me sorprendí en un momento de debilidad, y sólo eché a correr mi imaginación. Es algo que hago y haré siempre, situaciones en mi cabeza (algunas hasta muy desagradables), que muchas veces no puedo controlar. La mayoría no las quiero controlar. Quizás fuera un error publicarlo, pero no me arrepiento.
- Muy en el fondo espero que Gabriel no lea nada de lo que escribo acá. Saber que eso pase (por más fuerza que tenga mi sospecha) no me haría sentir cómodo. Yo no quiero que Gabo sepa qué me pasa, cómo vivo estas horas, de la misma manera que tampoco quiero saber algo de él. Algún día nos encontraremos y como amigos nos diremos “esta todo bien”. Hoy por hoy, no tengo ni quiero tener noticias suyas.
- El Profe es una cosa rara. Ya ni ganas tengo de llamarlo así. La cosa pareció complicarse… No sería junto que hablara de esto, por lo menos no ahora.
Por lo demás... me encuentro bien, a salvo. Saldré vivo de esto.
