A fines de este mes se cumplirán dos años desde el momento en que con Gabriel decidimos ponernos de novios. Alguien me dijo que no podía seguir pensando en estas cosas, pero sucede que, simplemente, yo no lo olvidaré nunca. Gabo dejó huellas en mi vida que no creo posible verlas desaparecer. Lloré mucho a Gabo; también me lloré mucho a mi mismo. Sus últimas palabras fueron como gritos en mi cabeza en las noches largas, pero sabe dios cuánto necesité oírlas para poder dejarlo ir, para poder dejarlo morir. A partir de ese momento comencé mi duelo… Fue duro. Pero lo superé. En el camino descubrí infinidad de cosas nuevas y hasta me reconcilié con el amor. Gracias a Horario, a ese ser tan especial que encarna su cuerpo frágil y mágico, aprendí a perdonar, y ya estoy listo para seguir creciendo.
Quisiera compartir con ustedes esta canción que acabo de encontrar entre mis archivos, de casualidad, como todas las casualidades que me golpean la cara a diario. Se llama “El poder del adiós”
Tu corazón está cerrado, por eso debo irme El hechizo se ha roto, te amé tanto La libertad surge cuando aprendes a dejarla ir La creación surge cuando aprendes a decir que no Eras la lección que debía aprender Yo era la fortaleza que debías quemar El dolor es la advertencia de que algo anda mal Ruego a Dios que no dure mucho Quiero llegar a lo más alto
No hay nada más que intentar No hay lugar para esconderse No hay poder más grande Que el poder del adiós Tu corazón está cerrado, por eso debo irme El hechizo se ha roto, te amé tanto Fuíste la lección que debí aprender Yo era tu fortaleza
No hay nada más que intentar No hay lugar para esconderse No hay poder más grande Que el poder del adiós
Tengo un conocido que tiene la costumbre-oportunidad-suerte de, ocasionalmente, encontrarse en los baños del Shopping a gente desconocida; con las cuales no median palabras, apenas miradas fijas; dónde la condición es la atracción (o las ganas) y estar de acuerdo, obvio. Esta práctica me parece algo rara, encierra todo el morbo de ser vistos, por ejemplo. Además de todo lo que implica el baño público. Y es fácil: se miran, se ponen de acuerdo, disimulan y terminan masturbándose el uno al otro. Era evidente que Facundo me invitaba a esto aquel día que lo vi. De ninguna manera, aquella vez, hubiera aceptado tal cosa. Pero encontrarme frente a tal situación no pudo menos que dejarme sin reacción inmediata, y sólo me quedé mirándolo sin pensar en nada, sin poder hacerlo. Pero a mí siempre me salva el timbre que indica que el recreo ha llegado, justo cuando doy lección. Entraron unos chicos floggers, ruidosos por demás. De pronto volví a la realidad y me fui casi corriendo. Habré pensado tontamente que Facundo saldría por atrás, me detendría: ¿me pediría perdón?, acaso un “no te vayas” o “yo te conozco”; en casa pensé que he de ser muy romántico… pesar que Facundo saldría del baño… Si lo hacía no iba a ser para decirme lo que quería escuchar. En la entrada me encontré con Horacio. Antes de saludarme me increpó con que dónde estaba. Y me puse mi traje de víctima y le dije que tenía frío, y que me había cansado de esperarlo, que entré en el Shopping para hacer tiempo. Todo esto mientras, agarrado de un brazo, lo arrastraba con disimulo a no sé donde, yo sólo quería alejarme de ese lugar. No creo que el pobre lo haya notado, pero no paré de pensar en la situación en toda la tarde. Cuando llegué y casa y me conecté, con plena intención de despejarme, encuentro que en el msn alguien me había agregado. No podría olvidar esa cuenta de correo. No era la de Facundo, aquella con la que nos habíamos conocido. Era la de Matías…; digamos, la cuenta-trampa de Facundo. Yo la conocía porque muchos chicos con los que he hablado conocieron a Facundo por Matías… Quien conocía a Matías no conocía a Facundo; quien conocía a Facundo podía conocer a los dos. Yo conocí a Matías mucho después, y sólo de nombre. Matías era para coger, para dar el espectáculo de los músculos tatuados y ese mito de los más de 20 cm, que parece que no son tantos, aunque sí muchos. Ojo, Facundo también cogía, sólo que prefería hacerlo como Matías.
Agregué a Matías. Después de media hora me habló:
F: Pensé que habías cambiado. G: ¿Perdón? F: Sí; además tampoco perdés la costumbre, esa de esperar a que te hablen primero. Igual algo cambiaste… te pusiste más lindo. G: ¿Quién te pasó mi correo? F: ¿Cuándo nos vemos?
Todo era muy loco. Facundo, Matías… mi primera y única obsesión (espero que la última) volvía a querer hacer ruido en mi cabeza. Tanto que me había costado olvidarme de él, ahora no sólo demostraba haber dejado atrás su enojo sino que me recordaba con varia precisión. Y me preguntaba cuándo nos vemos.
Dicen que es muy común que un gay lleve por nombre el de Ezequiel. No debería creer en esto, pero tampoco puedo negar que exista cierta correlatividad… hasta yo me llamo así.
En fin, aún les debo la segunda parte de mi historia con Facundo, que continuó, que ya terminó; pero una seguidilla de situaciones un tanto desfavorables me impiden escribir. Pero esto no quiero dejarlo pasar. Tampoco tiene importancia. En mi vida no ocurren cosas importantes; uno termina haciendo lo que puede.
Soy malo, y disfruto siéndolo. Hace tiempo, cuando aún maquillaba mi pena con sonrisas de momento, me encontré en Pin Up con un chico que tenía de vista. A pesar de mi gran resistencia natural al alcohol, ese día estaba más “contento” que de costumbre. No lo reconocí hasta que nos perdimos de vista, pero el chico era un compañero de facultad. Yo sabía que lo conocía, y lo iba a dejar de mirar, molestar, hasta que vi que me bajó la mirada, como haciéndose el distraído. Borracho y todo lo miré fijo con cara de “¿Así que vos también?”, y el muchachito no supo dónde meterse. Mi amiga me metió a los empujones en un taxi mientras yo no paraba de mirarlo y sonreír maliciosamente, hasta que lo perdí de vista.
Por aquella época todavía hablaba con el Profe. Le conté esto último y me dijo, riendo, que era malo, malvado me dijo, que eso no se hacía. Otro chusma que se quedó con la sangre en el ojo porque no le dije cuál de sus otros alumnitos era gay. (¿Y qué quería? A este sí que le lleva una década entera.)
En el transcurso de estos meses nos vimos varias veces, sin hablarnos. Nos cruzamos por la calle y literalmente “me comía con la mirada”. Debo decir que es muy tímido, flaquito, jovencito.
Sorpresa para mi cuando empecé las clases y terminamos compartiendo la misma cátedra. Yo me siento detrás suyo por lo que no dejo de saber cuándo me mira. Y me mira, claro. Lo suyo es con curiosidad. Estoy seguro que yo le doy curiosidad. Lo mío es malicia; lo único que quiero es ponerlo nervioso. ¡Pero che!, tampoco soy acólito de ningún demonio. Hoy por ejemplo nos cruzamos en un pasillo. Otra vez me clavó sus ojos y bajó la mirada. Pero en esta oportunidad decidí saludarlo.
-Hola, una pregunta, vos… cursas Contemporánea, ¿no? ¿Cómo te fue en el parcial?
“Tragame tierra”; no sabía dónde mirar, se puso colorado, se puso más gay, se puso nervioso. Se puso a contarme como pudo lo difícil del parcial, que esto, que aquello. Yo, con cara de poker, voz de macho (¿?), le dije que no pude ir.
-Ah, mirá, acá lo tengo-; diezminutos buscando la hojita de las consignas. -No, no los entregaron pero me quedé las preguntas. Tomá, quedátelas.
Y con algo más que generosidad me dio algo así como oro en polvo. Más tarde se acordó para qué estaba en este mundo y se despidió a las apuradas, dándome con mucha vergüenza la mano.
-Gracias, nos vemos. ¿Cómo te llamas? ¡Ezequiel! (era sorpresa de verdad), mirá vos, yo Gustavo Ezequiel. Cuidate.
Hace varias semanas esperaba a Horacio en la puerta del Shopping. Esto que voy a contar me lo guardé un tiempo porque me dio mucho pudor; hoy no recuerdo por qué. O no entiendo por qué. Decía que esperaba a Horacio... otro que me hace esperar mucho cuando quedamos a una hora. Y después soy yo el impuntual. Hacía un frío terrible, por lo que fui a dar una vuelta corta por el Shopping, ver ropa, libros. También me di una vuelta por el baño para ver que todo estuviera ok. Entré, me miré, intenté peinarme... Había gente, así que disimulé un poco lavándome las manos. Mientras yo hacía algo de tiempo secándome en el secamanos salieron unos tipos y me quedé solo, a excepción de alguien que seguía en el mingitorio. Era una sola persona por lo que poco me importó que me viera haciéndome el lindo frente al espejo. En eso estaba yo peinando mis cejas que el chico que estaba “orinando” se acercó y se lavó las manos a mi lado. Levanté la mirada y lo encontré “comiéndome con los ojos”. Era Facundo. Mi primera fantasía, el mítico, mi promesa, "la espina", el hombre del sexo y los tatoo's... Facundo estaba a mi lado y me miraba con la misma cara inescrutable con la que lo conocí, con la que nunca más pude verlo. Me miraba mientras se lavaba las manos. Yo no me quedé atrás, y por más colorado que estaba no dejé de mirar el espejo en que nuestros ojos hacían contacto. No dijimos nada, yo por miedo a que no recordara quién era. Pero una sonrisa justa, breve, me lo dijo todo. Facundo se acercó mucho, tanto que giré para verlo cara a cara. Se sonrió un poco más y se volvió a la zona de los mingitorios, mirándome. Disfrutaba mi nerviosismo. Como si nada se desabrochó el pantalón y miró contra la pared. Esta vez no orinaba. Simplemente se quedó como para hacerlo, esperando. Yo quedé desconcertado, hecho piedra mirándolo. Estaba por irme cuando dijo: -Dale-, y giró la cabeza para mirarme y decirme lo mismo, esta vez con los ojos...
PD: Los años le dieron ese aspecto que me hace pensarlo otra vez. Y otra vez, ya me agregó al msn.
Hoy le dije algo así como que me estaba enamorando de un chico... -¿Y cómo es ese chico? Y bueno... jugando como juego desde el mismo día que lo conocí, mis “pistas” apuntaban a media comunidad. No llegué a decir que ese chico era él porque algo nos interrumpió... Más tarde estabamos de nuevo juntos, mirando unas fotos en el Face, comentando comentarios que me habían dejado hace tiempo. -Y... es que hay mucha gente que me quiere, que me ama...-, dije, para pincharlo. -Sí, [Juan Pelotas] no es el único que te ama-, dijo, y mi reacción fue como si me hubiera tocado una tercer mano la espalda, justo cuando estaba muy relajado, justo cuando estaba bien...
PD: Al rato: -Que te pasó? Dije algo que te molestó? ¿Y cómo disimular?
Yo no quería. Después de lo de Gabo mi idea era saltar de cama en cama, y estuve a nada de lograrlo. Horacio me enganchó, no se tragó mi pedido mentiroso de “disfrutemos el momento”. -A mi me gustan los títulos; además te quiero presentar a mis amigos como “algo”... ¿qué les voy a decir? ¿“Te presento a mi día a día”? No, no da. Y lo vi tan lastimero que le terminé proponiendo, en una escena patética e increíble... que sea mi novio. Él, chocho... yo... yo no recuerdo cuándo fue esto, cuándo es que cumplimos el primer mes. Ya me amenazó que no podía olvidarme, y él no quiere recordarme la fecha. Por lo demás estamos bien. Ya empecé a quererlo y extrañarlo. Ya hemos discutido, y toda la noche que no tuve noticias de él me pareció mucho tiempo. Qué se le va a hacer, yo no quería, por lo menos hasta bien entrada la segunda mitad del año... pero estoy de novio. Disfrutando esa piel hermosa.
PD: Recuerdo que una vez en Facebook me hice fan de un grupo que decía “Yo no necesito sexo... la Facultad me coje todos los días”. ¡Mentira! El sexo lo necesito más que nunca (y como nunca lo estoy disfrutando, varias veces por semana, jeje), pero lo de la Facultad es verdad... Este blog esta perdiendo los post más jugosos de este mes por la maldita Facultad.
Con Horacio, eso de hacer el amor, como canta Manzanero, era algo que veníamos practicando desde hacía unos días, desde aquel mismo en el que nos fundimos en un beso tosco y torpe en el boliche, cuando más tarde nos atacamos por el cuello y partes de la oreja...
“Y más que siempre, y más que nunca, y más que jamás…”
Desde aquella noche hemos venido practicando el rito y mis enfermas cosquillas nunca fueron el problema…
“…ni que las gentes nos vieran a los dos…”
Hablando y conociéndonos; aun nos falta tanto, pero eso sí, creo que ni un instante dejamos de hacer el amor.
“El sorbo de café que nos tomamos aquel rato que pasamos sin parar de conversar…”
Porque el tiempo así no tiene límites, y si bien la luz del día nos indica que ya es muy tarde, todavía no nos cansamos de estar juntos.
Con Horacio, eso de hacer el amor fue más allá. Y fue espectacular, como la primera vez que no tuve, así de tanto me gustó, casi perfecta; saber que también a él gustó, haberlo sentido feliz en cada lugar donde nuestra piel tuvo encuentro.
Con Horacio, después de tanto y a la vez tan poco tiempo, hicimos el amor. Y para ninguno de los dos (sospecho que en especial para él) habrá vuelta atrás.
PD: había olvidado (si alguna vez supe) que un hombre desnudo puede ser hermoso.
"En todos los asuntos poco importantes el estilo, no la sinceridad, es lo esencial. En todos los asuntos importantes el estilo, no la sinceridad, es lo esencial"
Soy Gustavo y vivo en Mar del Plata. Tengo 24 años, un novio a la distancia, una familia más distante aún, y una vida con la que comprendí, ahora, que no sé qué hacer con ella. ¡Ah! Vivo solo, pero hasta diciembre nomás. Este blog nació hace más de tres años y fue para otra cosa. Tuvo varios fines. Casi lo di por perdido. Siempre trato de volver. A veces tengo éxito. ¿Respondo su pregunta?