sábado, 15 de octubre de 2011

La desgracia que golpea a nuestra puerta

Uno piensa que estas cosas le suceden a los demás.

Hace menos de una semana murió mi hermano. Fue todo muy sorpresivo: un día cumplió años, dos días después chocó con su moto, y a las semanas su corazón dejó de latir. Tenía un año menos que yo.

Hoy no tengo tantas ganas de hablar de él. Supongo que al pasar los días, los meses, nos iremos acostumbrando a su ausencia. Aprenderemos a convivir sin él, porque de eso se trata: llevar esta marca en nuestros corazones para toda la vida.

Desde luego, mis energías ahora se concentran en apuntalar a mis padres.

Por mi parte, me suceden cosas extrañas. No siento dolor. No es que me encuentre insensible. Por momentos me emociono mucho y, claro, lloro. Pero me sorprende que ni mi llanto ni lágrimas son de dolor. Es muy extraño. Yo he vivido un ataque de pánico y he sentido el dolor en el corazón por la angustia. Pero hoy no me duele nada de eso. Es como que tengo muy claro que mi hermano siguió y sigue su camino de Evolución, que nada ni nadie lo habría detenido. Quizás algún día lo comprenda mejor y me quite la culpa de no sufrir. Al menos he tenido la oportunidad de decirle que lo amo, mientras estaba en coma en una cama de hospital; creo que eso tiene mucho que ver en cómo me siento ahora.

Mi vida y la de mi familia se ha detenido. Mi papá al menos volvió a trabajar y a tener su mente un poco más ocupada. El caso de mi madre es distinto y eso será un capítulo aparte para todos.

Yo abandoné en la práctica el departamento que ocupo en el centro. Me queda el alquiler de un par de meses más, pero es en casa de mis padres donde duermo hace casi un mes. También dejé la facultad; tanto ir y venir, de médicos y hospital, rezos y familia, angustia y no sé qué otras cosas pudieron más que mi concentración, pero no tanto como la culpa (sí, ella otra vez).

Trabajo: hacía un mes que estaba desempleado al momento de la primera desgracia, la del accidente. Y hoy siento que mi mamá necesita mi compañía, o al menos no me atrevo a dejarla sola. Aunque veo que eso será inevitable en la proximidad. Mis cuentas ya están en rojo; y a pesar de una serie de reflexiones, de corte ecologista-espiritual-revolucionarias de último momento (todas amparadas en el hastío que me producel eso que llamamos consumismo), nuevamente me invade la necesidad de disponer de dinero, naturalmente.

En casa, mi antiguo y nuevo hogar, me entretengo con tareas de jardinería. No tengo muy claro cómo seguirá mi vida. Ahora comienza una serie de cuestiones burocráticas que no podemos eludir referentes a la muerte de mi hermano. Planeo preparar al menos un final para la facultad y comenzar a pensar en buscar trabajo. Tengo en la cabeza el tema de mi cuerpo, de mi aspecto físico: empieza el calor y me siento incómodo con poca ropa. Desde el último verano no he engordado tanto. Pero bueno, ya saben.

Por ahora eso.

Nota de color: en el velorio me reencontré con Pini, mi ex. Estaba en Mar del Plata cuando se enteró y quiso verme. Hacía por lo menos dos meses que no teníamos contacto alguno. Y allí nos abrazamos largamente y me dejó llorar en su hombro. No se quedó mucho tiempo, pero el que estuvo se la pasó acariciándome. Me dijo que me quería y que al igual que yo, me había extrañado mucho y que siempre estaría a mi lado. Por supuesto, ni bien lo vi reafirmé que aún lo amo y lo haré por mucho tiempo. Cosas de la vida.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Adicto a Facebook

Entiendo perfectamente que a nadie le interesa. Y quizas sólo escriba esto para que Peter se apronte (me comunicaré con vos cuando sea necesario, en las próximas semanas)... Cerré mi cuenta de Facebook. No deja de traerme problemas. Me conectó todo el tiempo para ver si "alguien" en especial publica algo... y ni siquiera usa la red social... No sé a dónde estoy llevando mi vida. Mañana he de hablarlo con mi psicóloga, justo cuando se decide a dejar de verme tan seguido.

Hoy extraño mucho a Pini

Yo sé que lo nuestro es un imposible. O un posible doloroso e innecesario. Las cosas están mejor así ahora que no nos liga más que los buenos recuerdos. Pero sucede que hoy lo extraño mucho.

En reiterados momentos del día lo he recordado de manera particular. Sí, aún estoy en ese estado en el que cualquier cosa puede arrastrarme a su persona. Por ejemplo, mientras escuchaba la radio, pasaron un tema de Dread Mar I. Esa banda le gusta mucho a Pini, y por si fuera poco, no creo haber escuchado menos de 10 veces el disco entero cuando fui por primera vez a su casa: mientras nos amábamos y volvíamos a dormir, desde la madrugada hasta la mañana esa fue nuestra música de fondo. Tengo un recuerdo muy particular sobre eso. En un momento le pregunté qué sería de nosotros. Hacia poco más de un mes que nos conocíamos. Me dijo que no sabía pero que dejáramos pasar el tiempo, él nos daría una respuesta. Y en ese momento escuchamos de fondo algo como “yo sé que lo que siento es amor, y esta creciendo”. Nos reímos, los dos ya lo sabíamos.

Por estos días mi papá esta en casa y se entretiene haciendo algunas refacciones. Se detiene un momento y toma el vaso con jugo que le alcanza mi mamá. Se miran un instante, no mucho más… se han dicho todo. No sé si se aman, no me interesa. Sí sé que se respetan y necesitan. Ya han concretado sus vidas y aunque no fue fácil están contentos en cómo lo han hecho, y juntos. Me pregunté también en el día cómo sería nuestro presente, o futuro, si la vida nos hubiese encontrado en otro lugar. Quizás no hubiesen funcionado. Yo creo que sí…

En este momento estoy tentado de escribirle un mensaje, pero… ¿qué decirle?

Hace un mes y medio que lo vi por última vez, y hace casi tres semanas que dejamos de comunicarnos. Quedamos en que deberíamos vernos, sabiendo el uno del otro que ninguno estaba bien. Pocos días después se enteró que lo había eliminado de Facebook. (Lo sé; parece una chiquilinada. Pero era doloroso para mi abrir esta página de vicios y ver la foto de su perfil. Opté por mi. Pero él tampoco lo necesitaba. Sabía y sabe mi número si quiere “saber cómo estoy”). Su descargo fue el siguiente:


“Quise entrar en tu Face para saber qué es lo que te está pasando. No pensé que me eliminarías. Me duele pensar que es tan fácil desechar una persona u olvidarla. No quiero perseguirte ni que lo sientas así pero no sé qué pensar… qué fue real y que queda en el plano de lo virtual…”


No sé. A veces pienso que daría mucho de lo que tengo por volver a vernos, besarnos, para una noche juntos, llorar y volver. A su lado, por instantes, me sentí parte del Universo, pleno, feliz de tener la oportunidad de vivir. Pero también pienso que, aunque no soy tan joven, son 25 los años que llevo a cuestas; mi vida, a diferencia de la mayoría, empezó hace poco y necesito construir mucho antes que nada. No sé… la verdad, no sé.



PD: este texto no se acomoda a mi gusto. Pero lo tomo como un descargo. Disculpen las incoherencias. No lo quiero releer.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Sí, soy un idiota

"¿Qué haces esta noche?" "Me veo con Edgardo…" "¡Ah! Qué lindo. Te vas a cuidar, ¿no?" "No vamos a hacer nada." "¿Por?" "Porque me duele el pito…" "¿!Y por qué!?"


Le mentí que me masturbé de una manera algo violenta. Que me dolía, sí, pero por otra cosa. Me daba vergüenza decirle que había invitado al chico más feo de Mar del Plata a tomar mate… y que no fue mate lo que él terminó tomando.

Antes de lograr que se fuera ya me sentía morir, con una sensación de suciedad en todo el cuerpo, principalmente en las manos. Él me preguntó varias veces qué me pasaba y yo fingí que estaba preocupado por lo mucho que tenía que estudiar.

Este ser extraño al que ni me atrevo inventarle un nombre insistía perpetuamente con verme, saludarme, que me extrañaba y no sé cuantas cosas más. Me cansé de decirle que no, y ya comenzaba a darme lástima. Un día más volvió a insistir. Acepté. Llegó en menos de lo esperado para instalarse en mi departamento hasta después que se ocultó el sol. Tarde, la conversación ya me aburría hasta que le propuse salir a caminar; lo quería sacar de lo que considero mi territorio. No quiso.


-¿Qué querés hacer, entonces?


Admiré su sinceridad; hizo una seña para que fuéramos a la cama. Le dije que no, que en cambio me enseñara a estudiar (sí, no se estudiar, y él sí).

Y allí se desvirtuó todo. No entraré en detalles, estoy sumamente avergonzado. Él es repugnante y yo… aún no me lo explico.

Caí en la cuenta de lo que hacía demasiado tarde, cuando mi “yo” estaba dentro de su “él”. Aquello era eterno y ya empezaba a experimentar algo parecido a la náusea. Mentí otra vez, que estaba cansado, que ya no tenía fuerza ni en las piernas ni en los brazos.

Como si fuera poco a mi pesar se recostó a mi lado y ¡me abrazó! Si por él fuera hubiéramos comenzado un nuevo día de esa manera. Esperé el tiempo que creí exacto y me fue al baño. Cuando volví lo encontré vistiéndose lentamente. Todavía sentí piedad, y por el frío le presté una campera que ahora deberá devolverme. Sí, soy un idiota.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Edgardo

Edgardo es un chico algo menor que yo que trabaja en un centro comercial al que voy con frecuencia a hacer compras. Edgardo me gusta tanto como nervioso me pone. Es increíble el poder que ejerce sobre mí. Ojalá nunca lo descubra. Ojalá no sea tarde.

Yo apenas sabía su nombre, y ni tenía la certeza de que fuera gay, aunque albergaba mis serias dudas. Un día lo agregué a Facebook y me aceptó. Pegamos onda. No pude evitar hacerle saber que me encantaba (traicionando todas mis recetas de conquista) y él tan sólo dejó deslizar que algo mío lo atraía. Pocos días después quedamos en vernos y ese gran paso para mi humanidad sólo lo saboreé con disgusto: no pude robarle el beso que quería.

Sucede que es más tímido que yo, y yo tan poco vivido que no puedo decodificar sus señales.

Para la misma semana lo invité a comer a mi departamento, con sabe dios que intensiones, pues aún yo estaba de novio. Muy tarde para mi gusto me dijo que no vendría y comencé a oler histeria.

Seguíamos conversando hasta que la semana pasada lo invité a ir a bailar un viernes, el peor de los días para salir en plan “gay” en el invierno marplatense. De todas formas la pasamos bien, me agrada su compañía.

Como nunca al día siguiente tuve que salir nuevamente (era el cumpleaños del novio de mi ángel guardián, Leandro) y confirmé que ese sí era un buen día para ir a bailar y se lo hice saber a Edgardo, quien no perdió tiempo para comprometerme para el próximo fin de semana. Que fue ayer.

Esta vez le pedí que viniera antes. Después de un tiempo me pidió permiso para recostarse en mi cama, para poder ver mejor la tele. Yo, por mi parte pude (y solamente) recostarme cerca suyo pero a distancia abismal. Le mentí que tenía mucho frío, pero la realidad era que el temblor inacabable de mi cuerpo no era más que los nervios que me producía la idea de besarlo. Ambos nos dimos sueño y como la cosa no iba para ningún lugar terminamos por ir a bailar, muy al pesar de nuestro deseo.

Allí en el boliche la pasamos muy bien. Este diálogo lo considero memorable:

-Bailás muy bien-, dijo Edgardo.

-Nah. A mi me gusta como bailas vos. Además estás muy lindo-, admití.

-Vos también-, me sonrió (dios, es tan… atractivo).

-No era necesario mentirme-, le dije con la sonrisa que empleo para este latiguillo.

-No te miento. Si no hubiese dicho simplemente “gracias”.

Quiso irse temprano. Y bastante temprano como para hacer valer el costo de la entrada estábamos volviendo a mi departamento. Yo lo había invitado a desayunar, puesto que él me había mentido que tenía hambre.

Ni bien entró se recostó en la cama. Pensé que sería oportuno sentarme un rato a su lado. Volvía a temblarme el cuerpo. Estaba diciendo muchas tonterías y ya empezaba a mirarlo. Era un punto de no retorno y me asustaba la sola idea del rechazo.

Esto no fue lo más oportuno, pero le pregunté si podía darle un beso. El lo dudó, y ese instante mínimo que tardó para decirme que sí fue de terror.

Lo besé. Yo sé que amó mis besos. Y por mi lado yo sólo me saqué las ganas. Me quedé con sabor a poco, me esperaba más del “beso”. Pero tener en mi cama al proyecto de Adonis hiper relajado fue bastante para madrugada del domingo.

Nota: Su piel es maravillosa, terriblemente suave. Pero tiene estrías, algo que me desconcertó. Esto es tan sólo un ejemplo. Me hizo pensar que si alguien como él puede provocarme tantas cosas, qué será lo que yo puedo transmitir con mi cuerpo que no tiene estrías, y no es muy distinto al suyo. No entiendo por qué me desvalorizo tanto cuando todo me indica que soy mejor de lo que entiendo.

PD: volverá. Y habremos de tener sexo. Será raro, lo sé.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Historia de un final (II)

Peter dice

cómo andás en tu segundo día libre laboralmente?

Gustavo dice

m separé, supongo que lo sabes…

Peter dice

no lo sé, sólo lo suponía por comentarios y demases...

qué pasó?

Gustavo dice

no es oficial, solo falta la firma

pero se terminaron los llamados tanto como los mensajes

Peter dice

pero en el fuero interno es oficial o están ahí?

Gustavo dice

no sé qué pasó

no hay oficialidad ni fuero ni nada

Peter dice

o sea que ha faltado el diálogo...

Gustavo dice

si. Y tengo que ser sincero conmigo también...

no estoy maduro para una relación

menos si es a distancia

Peter dice

bueno, es bueno que lo asumas...

yo creo que ese es el tema en realidad

Gustavo dice

aunque lo amo y lo amaré por siempre

llegué a encontrar paralelos entre mi papá y él...

fue duro, todo un paradigma, más porque yo tomé la decisión, y en soledad

Peter dice

es medio loco, no?

y con la psico cómo anda la cosa? seguís?

Gustavo dice

si, ayer me dijo algo extraño

que en poco más comenzaremos a vernos solo 2 veces por semana

lo cual será sólo un alivio para mi bolsillo, jeje

Peter dice

cuántas veces se veían?????

Gustavo dice

JAJAJAJJAJA, ME EQUIVOQUE

quise decir por mes

Peter dice

ahhhhh....

pensé que estabas más chapa de lo que admitías

Gustavo dice

viajo a mediados de mes

siii?????

Gustavo dice

vos podrás verme?

Peter dice

sip sip sip

Gustavo dice

tendré q hablar con Pini

darle cierre definitivo a esto

puesto que no se digna a venir

o quizás lo hizo y no me enteré

sabes q?, además?

tengo a alguien entre ceja y ceja

jaaja

[INTERRUPCIÓN]

bueno, ya m quitaste protagonismo, no se como remontar

hablemos de vos

Peter dice

cuánto tiempo seguís en el departamento?

Gustavo dice

3 meses exactos desde ayer

Peter dice

(ahí te tiré una punta)

Gustavo dice

uhhhhhhhh

Peter dice

y luego???

Gustavo dice

padres

Peter dice

grrrr

Gustavo dice

esta todo mal con vos?

Peter dice

bueno... lo mío no es para contar por msn...esperarás a que te mande la carta o a verme

Nooooo.... no está todo mal... para nada

pasé una pequeña crisis existencial, pero bueno, hay cosas con nombres propios

pero si te digo que tiene nombre propio podés imaginar por dónde viene la cosa

(no digas nombres<)

Gustavo dice

si, [NOMBRE CESURADO]

Ah!, perdón, leí tarde

ese es mi chico (???)

jejejeje

dios, me siento como cuando tiras una piedra y cae en una ventana

che, habla!, no m hagas sentir peor

Peter dice

jajajajjajajajaj

básicamente, mañana se convierte en mi amante

Gustavo dice

ah, bueno

mejor

Peter dice

te quiero mucho..

Gustavo dice

yo tb...

fuiste una de las mejores cosas q m dejo Gabriel

Peter dice

la mejor, chiquito!!! la mejor!!! jajaj

viernes, 5 de agosto de 2011

Historia de un final (I)

La Navidad es una circunstancia que ejerce terrible poder sobre mi. La última no fue excepción y todavía les agradezco a mis padres que aceptaran mi decisión acostarme temprano, de dejarlos celebrar sin mi. Al otro día amanecí casi nuevo, como quien promete no beber y termina brindando la menor cantidad de veces posible. Era mi día libre y me la pasé haciendo eso que mejor me sale: contemplar la vida, o en otras palabras… nada. Estaba a punto de acostarme cuando suena el teléfono y del otro lado la voz inconfundible de mi ángel de la guarda:

-Vamos a bailar.

Es difícil decirle que no a Leandro. No porque sea irresistible (lo es para mi), si no porque todo lo que decide es bueno y beneficioso para ambos. Tanto que esa misma noche fue nexo entre Pini y yo. Él era su amigo, que estaba vacacionando en Mar del Plata. Estaba solo y desde que se reconocieron se quedó junto a nosotros. Él recuerda que yo le parecí lindo. Yo recuerdo que esa noche no quería terminarla sin besar a alguien. Pronto Leandro nos dejó solos un momento y nos dimos un beso. Fue especial, no me pregunten por qué, solo sé que me sentí distinto y no quise dejar de estar a su lado ningún momento.

A su favor tengo que decir que besa muy bien. Hay tantas cosas buenas en él…

Dos días después fuimos a cenar los tres. Antes de medianoche Leandro ya nos había dejado solos otra vez. Ese día volví a la casa de mis padres con las primeras señales del amanecer; habíamos pasado la noche en la calle, besándonos.

Era un sueño. Y al día siguiente nos volvimos a encontrar para pasar nuestra primera noche juntos. Claro, fue la primera vez que hicimos el amor.

Nos volvimos a ver un día más y al otro se terminaba el año de una manera que no pude soñar. En la madrugada del 1 de enero estaba en mi casa pasando otra noche de ensueño. Esa misma tarde volvía a su ciudad, prometiendo volver. Antes de poder extrañarlo estaba de nuevo pasando otra semana más conmigo…