sábado, 17 de abril de 2010

Somos novios... (otra de manzanero)

Yo no quería. Después de lo de Gabo mi idea era saltar de cama en cama, y estuve a nada de lograrlo. Horacio me enganchó, no se tragó mi pedido mentiroso de “disfrutemos el momento”.
-A mi me gustan los títulos; además te quiero presentar a mis amigos como “algo”... ¿qué les voy a decir? ¿“Te presento a mi día a día”? No, no da.
Y lo vi tan lastimero que le terminé proponiendo, en una escena patética e increíble... que sea mi novio. Él, chocho... yo... yo no recuerdo cuándo fue esto, cuándo es que cumplimos el primer mes. Ya me amenazó que no podía olvidarme, y él no quiere recordarme la fecha.
Por lo demás estamos bien. Ya empecé a quererlo y extrañarlo. Ya hemos discutido, y toda la noche que no tuve noticias de él me pareció mucho tiempo.
Qué se le va a hacer, yo no quería, por lo menos hasta bien entrada la segunda mitad del año... pero estoy de novio. Disfrutando esa piel hermosa.

PD: Recuerdo que una vez en Facebook me hice fan de un grupo que decía “Yo no necesito sexo... la Facultad me coje todos los días”. ¡Mentira! El sexo lo necesito más que nunca (y como nunca lo estoy disfrutando, varias veces por semana, jeje), pero lo de la Facultad es verdad... Este blog esta perdiendo los post más jugosos de este mes por la maldita Facultad.

miércoles, 7 de abril de 2010

Y más que siempre, y más que nunca, y más que jamás...

Por supuesto que hicimos el amor…


Con Horacio, eso de hacer el amor, como canta Manzanero, era algo que veníamos practicando desde hacía unos días, desde aquel mismo en el que nos fundimos en un beso tosco y torpe en el boliche, cuando más tarde nos atacamos por el cuello y partes de la oreja...


Y más que siempre, y más que nunca, y más que jamás…


Desde aquella noche hemos venido practicando el rito y mis enfermas cosquillas nunca fueron el problema…


…ni que las gentes nos vieran a los dos…


Hablando y conociéndonos; aun nos falta tanto, pero eso sí, creo que ni un instante dejamos de hacer el amor.


El sorbo de café que nos tomamos aquel rato que pasamos sin parar de conversar…


Porque el tiempo así no tiene límites, y si bien la luz del día nos indica que ya es muy tarde, todavía no nos cansamos de estar juntos.


Con Horacio, eso de hacer el amor fue más allá. Y fue espectacular, como la primera vez que no tuve, así de tanto me gustó, casi perfecta; saber que también a él gustó, haberlo sentido feliz en cada lugar donde nuestra piel tuvo encuentro.

Con Horacio, después de tanto y a la vez tan poco tiempo, hicimos el amor. Y para ninguno de los dos (sospecho que en especial para él) habrá vuelta atrás.



PD: había olvidado (si alguna vez supe) que un hombre desnudo puede ser hermoso.

viernes, 2 de abril de 2010

Horacio

Horacio no se llama así. Tiene otro nombre, pero como ahora estoy en plan de “reservarme” un poco más, esa será su identificación en este blog.
Hablaba de Horacio. Que lo conocí hace realmente pocos días, que de entrada no me pareció tan feo como me previno mi amigo, nuestro celestino. Podría haber esperado mil cosas peores, pero me encontré a un chico que no aparenta sus casi tres décadas en absoluto (llegué a pensar que era menor que yo), que es más flaco de lo que realmente acepto (o aceptaba), demasiado formal, algo afectado, terriblemente tierno. A Horacio dan ganas de abrazarlo siempre. En esa oportunidad, en la que fuimos presentados, apenas cruzamos palabras o miradas. Fue suficiente. Lo demás se dio solo, todo gracias a Leandro, que no perdió el tiempo para hacer que salgamos juntos a bailar (nosotros, él y un amigo más).
Una vez, hablando de lo difícil que se me hizo acercarme al Profe la vez que nos dimos un beso, Leandro me dijo que eso era porque entre ellos tienen un código: “Nadie se agarra a nadie hasta después de las 4.30 de la mañana”. La idea de esa pauta es no dejarse solos, permanecer unidos. Y me pareció perfecto, mucho más si hubiese tenido noticias de esa pauta aquella noche. En fin, supuse que así sería con todos sus amigos, por lo que la noche en que salí con Horacio yo estaba muy tranquilo, además de que mis expectativas eran muy bajas, todo para no terminar defraudado.
Pues he de decir que no me dio tiempo a nada. Apenas empezaba a sonar aquella música que no se puede dejar de bailar, el diálogo trunco fue el siguiente:
Yo: ¿Te gusta esta música?
Horacio: Sí, me gusta.
Yo. ¿Y te gusta bailar?
Horacio: Sí, un poco me gusta.
Yo: ¿Y vas a bailar?
Y esta vez no tuve respuesta. (Haré mi mea culpa y diré que mis preguntas no eran inocentes, tanto como mi actitud, mi postura, la forma que lo miraba, nada inocente). Horacio se me acercó de una manera muy rápida, una que no deja de extrañarme si es verdad que es muy tímido. Nos dimos un beso, que no fue el mejor, pero que ha mejorado en el transcuso de los días. Pero volvamos a esa noche. Desde ese momento le pertenecí a Horacio. No me dejó solo ni para ir al baño, y si nos moviamos era sólo y sólo de su mano, siempre abrazados, o besándonos.
Desde esa noche nos vimos casi todos los días. Hasta me hizo un regalo: un peluche con forma de conejo blanco con un huevo de Pascua al que bauticé... Horacio, y al que él se refiere como “nuestro hijo”. Así de rápida la cosa, tanto como que ya me dijo “te quiero”, o me insinuó la inminencia de un “noviazgo”...; mas: hace un par de días me dijo que ya había visto mi regalo de cumpleaños (¡Y PARA ESO FALTAN MESES!) y que era probable que tenga que elegir otro, porque capaz que me lo regalaba antes. Le tuve que decir que eso no me gustaba, que yo tenía ganas de conocerlo pero que -”por dios” (esto no se lo dije)- quería ir despacio. No creo que lo haya entendido.
Y es que Horacio no estaba en mis planes. Después de lo de Gabriel yo quería conocer gente, portarmme mal, hacer todo aquello que no pude por estar de novio. No quería ponerme de novio, no por lo menos antes de bien entrada la segunda mitad del año. Esta vez quería dedicarme más a mi descuidada carrera, estar con mis recuperados amigos, sentirme libre y sin obligaciones...
Las expectativas no son tan terribles. Repito que Horacio no estaba en mis planes: a pesar de ser ese puñado de años mayor que busco en un hombre es hermosamente blanco y delgado, aparentemente bastante dependiente, económicamente estable (y le gusta hacer regalos y pagar cuando vamos a tomar algo)... Igual, yo no quería, tan rápido no quería.

viernes, 26 de marzo de 2010

Prudencia... vergüenza también

¿Por qué tendré la boca tan grande, el ego tan inflado… o seré simplemente tan pelotudo de pasar indiscriminadamente la dirección de mi blog a la gente que conozco?
Creo que mi vida gira sobre contados puntos, y sobre ellos me muevo desde hace mucho… a veces siento ganas de hablar sobre eso, cosas que algunos saben, otros no, y otros que no quiero que sepan. En fin, la experiencia me golpea todas las mañanas en la cabeza y yo sigo sin aprender. Ya me pasó con mi ex pareja… tantas cosas quise decir de nosotros pero sabía que él tarde o temprano se enteraría de todo lo que no quería que sepa… justamente, por mi manía de que “me lea”. Eso ya quedó en el pasado, pero mi vida continúa, algunas cosillas me han tocaron de cerca desde “aquello” y no sé si por vergüenza o prudencia me guardo de escribirlas por acá. Si hasta llegué a crear un “diario electrónico”, uno que, por capítulos, guardo bajo contraseña en mi notebook… Porque para mi escribir es una necesidad, la de exteriorizar mis sentimientos, aquellos que no puedo derramar hablando, porque por momentos mi voz es muy afectada o demasiado ronca, o me trabo como si estuviera nervioso… a veces hablo como hablo porque estoy nervioso, muchas veces hablo muy despacito y la gente me interrumpe para que levante la voz -ni hablar de la manera loca en la que me sonrojo por cualquier cosa, hace más de dos meses, no sé por qué. No me gusta contar lo que siento hablándolo, por lo menos no tanto como escribiéndolo. Y yo sé que no escribo bien, que con mucho esfuerzo de mi parte podría hacerlo mejor, pero ¡qué va!, no hago nada últimamente.
Ya tendré que terminar con eso de la promoción pública de mi blog, por lo menos entre conocidos directos. Ojalá fueran muchos los que sientan la fortuna que siento yo al escribir para extraños, para simples nombres ficticios escritos en una pantalla, anónimos que probablemente sigan siéndolo, gente que hasta presta más atención.

PD: hoy es prudencia… la semana que viene, quiera dios, escriba por los hechos mismos. Les dejo el video que me hace llegar tarde al trabajo...


lunes, 15 de marzo de 2010

Por el carril derecho una avenida londinense

Si ustedes están cansados yo lo estoy más, de verdad.
Voy a volver a hablar sobre Gabriel, y esta será, en lo que de mi dependa, la última vez que lo haga de esta manera.
Hace tres meses me separé de él. Fue todo muy raro: un día le dije que sentía que nuestra relación iba a no sabía dónde, y para mi sorpresa él me dijo que sentía lo mismo. Fue una sorpresa porque, a diferencia mía, él había guardado esa sensación dentro suyo por mucho tiempo, al punto de traicionarse y no decírmelo. A los pocos días quedamos en que ya no seríamos más novios, pero tampoco amigos... por el momento amigovios. A los pocos días me llama y me dice que esta situación no lo dejaba tranquilo y que prefería que seamos simplemente amigos. Para esta altura ya todo estaba fuera de mi alcance, por primera vez las cosas seguían su rumbo y mi mano no intervenía en absoluto. Recuerdo que después de esa llamada le envié un mensaje diciéndole que no quería verlo por un tiempo. Porque necesitaba pensar, más por el dolor de sentirme abandonado y no poder haberlo abandonado primero, o ser más buenos el uno con el otro y abandonarnos simultáneamente. Antes de cumplir una semana de aquel episodio me llama para decirme que podía pasar a buscar algunas cosas que él tenía. Me extrañó que fuera el mismo Gabriel quien había hecho caso omiso a mi pedido de no saber nada de él. Quedamos entonces en vernos al día siguiente. Con mi ilusión a cuestas, ese día me dijo que ya estaba de novio, con un chico con el que mantenía conversaciones desde hacía meses, que de mi se había separado mentalmente hacía mucho, que me tenía lástima. Eso dijo, y yo no logré entender, hasta el viernes, tanta hipocrecía, tanto engaño, tanta inmadurez, tanta maldad.
Desde ese día pasaron 3 meses, tristeza y confusión, pasó el Profe y otros fracasos, algunas distracciones y más ilusiones. Pero a Gabriel nunca lo quité de mi cabeza.
Antes de ir a ver Alicia en el País de las Maravillas y de agobiar con flores a María, cenando con una amiga me dispararon la pregunta más brutal de mi vida: ¿Hasta cuándo pensas esperarlo? Y emnudecí, literalmente.
Al día siguiente hablé con otra amiga y le conté lo sucedido. Le expliqué las razones de mi espera, y terminó por instarme a buscar la respuesta, a dar por finalizada mi tragedia, a jugarme por mi mismo.
Con mi decisión al hombro finalmente volví a admitir a Gabriel en el Msn y le pregunté si seguía de novio. Eso le molestó y se negó a responder. Me fui, pero volví al rato para decirle que debía hablar con él con urgencia. Gabriel se asustó, pensó en él mismo cuando me llamó para preguntarme si estaba enfermo, más específicamente si tenía Sida.
-No tengo Sida, pero necesito decirte esto mañana, a la cara-, y accedió.
El viernes fui a verlo. Estaba con la marica que lo secunda para todos lados, aquel que puedo jurar que complotó para dar fin con nuestra relación desde el principio. Se despidió de él y le pedí ir al hall de su casa, para hablar más tranquilos.
Ya sentados le volví a repetir que no tenía Sida; pero sí pena, que no entendía lo que había ocurrido entre nosotros. Que no me explicaba lo rápido de nuestro desenlace, que no se haya preocupado por mi desde aquel día, que se haya puesto de novio tan rápido. Le dije que no me entraba en la cabeza que no me haya dicho que le sucedían estas cosas desde hacía mucho, que no haya querido hablar. También le dije que me sentía culpable de todo esto, que estaba arrepentido, que por nada lo odiaba o estaba enojado, sólo eso, que no entendía por qué.
Le pregunté si ya no le pasaba nada conmigo. También le dije que yo lo seguía amando, que no había pasado un sólo día sin pensar en él. Y lo dejé verme llorar.
Gabriel me dijo que sí seguía de novio, que ya me había olvidado, que en su cabeza había otras prioridades, que era felíz. Me dijo que yo también debería intentar ser felíz, recordar lo nuestro como una linda experiencia que había terminado. Me dijo que a esta altura veía con dificultad la posibilidad de ser amigos.
-Ser amigos es algo que sé que no va a acurrir desde hace mucho. Decime, ¿tanta lástima me tenés que no pudiste decirmelo antes?
Con mucha sinceridad, en sus ojos y en el tono de su vos, me dijo que sí, que me tenía lástima, por ser una persona triste, negativa y pesimista. Algo muy loco: en mi vida me dijeron muchas veces que me veían triste; jamás como un hombre negativo, o pesimista.
Me fui. Sin saludarlo ni mirarlo a los ojos. Ya lo eliminé de mi Msn, y no lo tengo en ninguno de mis contactos. En poco más me estaré deshaciendo de otros recuerdos.
El sábado, escribiendole a mi amor platónico de BA, no pude evitar derramar algunas lágrimas que pronto corrieron como cataratas por mi cara. Luego de tres meses, de tristeza y confusión, del Profe y otros fracasos, algunas distracciones y más ilusiones... me permití llorar de nuevo como hacía mucho no lo hacía, y con ese llanto comenzaba, de una vez por todas, mi duelo y mi soltería.
Quizás no lo imaginen, pero me siento viajando por el carril derecho de una avenida londinense.

sábado, 6 de marzo de 2010

Se aprende así?

Anoche estuve pensando en escribirle al Profe. Le quería decir unas cosas, y no decirle otras. Mi idea principal era que tuviera en cuenta mi mail, porque por más que diga que me olvidé de él no es así. Tengo unas ganas tremendas de terminar aquello que empezamos hace más de un mes. A veces pienso qué sería de toda esta mi historia si además de el Profe hubieran otros “Profes”... cualquier relación más allá de lo físico creo que sería imposible. Lo que quiero decir que me tocó tener una sola experiencia desde que estoy “soltero”, que pudo ser cualquier otro y no él, que así y todo el Profe no me mueve más de lo que tiene que moverme (y eso se ubica exactamente en mi entrepierna).
Hoy, finalmente le mandé el mail. Ya no me acuerdo si era o no mi idea la expresada, pero lo mandé igual... Estoy cometiendo tantos errores, será que así es el camino del aprendizaje?

"Hola. No quiero molestarte pero necesito que sepas algo. Que todo esta bien, que no estoy enojado, dolido o espectante, nada. Yo sé que estuve un poco (bastante) pesado, me lo hiciste saber con tu rechazo. Por eso también quiero que sepas que nunca fue mi intención molestarte; al contrario.
"Al principio me tomé todo con cierta ingenuidad porque no fui yo el que te buscó, pero después me hiciste sentir inquieto. Lo único que quería era poder volver a verte una vez más y saber qué me pasaba a mi. Quería sacarme la duda que me hacía y todavía hace ruido: vos siempre me gustaste demasiado pero no estaba seguro de si era simple calentura o qué. Ahora me quedaré con la duda, pero tengo la impresión de que es mejor así, porque al final puede que tengas razón: es probable que, como vos, yo no sepa lo que quiero aunque, si te interesa, creo que no lo sé porque no me atrevo ni a pensarlo... también soy cobarde. No pretendo que entiendas esto último así que no te preocupes si me vuelvo complicado.
"No era mi idea escribirte un mail, y menos decirte esto de esta manera (ayer, acostado en mi cama, las palabras exactas me pertenecían).
"Sabé que de vos me quedará el mejor recuerdo: hay gente que no le da la importancia que yo, pero para mi un beso no se compara con nada; nunca quise besar a nadie tanto como a vos y de todos a los que alguna vez quise besar (que tampoco son fueron tantos) ninguno me dio bolilla, solo vos.
"Sabé también que tu fantasía de mi interés por vos por haber sido mi profesor es solo eso, una fantasía y solo tuya; una que jamás se me cruzó por la cabeza hasta que me enteré que pensabas eso.
"Espero que estés bien y que no te tomes a mal mi mensaje. Te mando un fuerte abrazo.

Gustavo"

miércoles, 3 de marzo de 2010

¿Gisele otra vez?

Me crucé a Gisele (también aquí) en el colectivo, yendo a dejar mi vida en la librería. Por dios, cómo engordó esa chica. Además tenía uno de esos anteojos que tapan toda la cara. Por dios que no había forma de reconocerla. Es lógico que al decirme ¿¡Cómo estás!? Yo la mirara de reojo, dos veces, con cara de “Te estás confundiendo querida, y no me mires que no tengo nada para vos”.
-Ah, hola, ¿cómo andás?
-Bien-, dice.
-¿Vas a trabajar?-, pregunta de ascensor. Respondió algo que no entendí.
-¿Y vos?
-Sí, a trabajar-, le digo. Todo esto a punto de bajar. Bajamos (obvio que primero la dama) y le tiro un chau al aire porque realmente estaba apurado; y hablando un poco más enserio, ayer tenía mal humor y un estado anímico deplorable.
Llegado a casa me conecto y encuentro un mail suyo en mi casilla, en mis dos casillas. A veces me llegan mail suyos, todos cadenas que ni abro. Pero como ayer buscaba excusas para sentirme mal, intenté encontrar algo que me hiciera daño en ese mensaje suyo. Me escribió lo siguiente:

Hola.... espero que este msj no parezca desubicado,pero no entiendo xq tenes tanta mala onda conmigo cuando te cruzo,se que me porte para la mierd.. en su momento por eso te quiero pedir disculpas,se que es tarde pero bue.. espero que me respondas y de corazon te digo que me lamente mucho no haberte sigo tratando no te pido nada solo que me respondas. Gisele.

¿Era necesario? Nada de lo que me dijo me hace mella, porque lo nuestro fue hace mucho. Como le dije en mi respuesta, ella me rompió el corazón, me hizo llorar como nunca nadie, fue la causante de dolor en mi alma, una experiencia que no he vuelto a repetir… Y de nada me arrepiento, porque todo me hizo aprender… mi piel se ha vuelto más dura. Pero, ¿era necesario? Aquel juramento, el de no volver a fijar mi atención en una mujer, me ha venido de maravillas porque, sinceramente, yo no las entiendo. E intentarlo me habría traído muchos inconvenientes. Yo no entiendo a las mujeres, y mucho menos entiendo a esta.

PD: Mi respuesta, apurada, fue esta:

"Giselle! Mirá, no sé porqué te respondo porque en general no haría esto con nadie. No sos más importante que la gente que hoy me rodea, pero pertenecés a una parte crítica de mi historia, desagradable por cierto, pero terriblemente importante. Recuerdo aquella época como una de las peores de mi vida. Esto jamás te lo conté, pero olvidarte me llevó meses, pensar en vos sin decir malas palabras también me llevó mucho tiempo. Fue horrible, pero de esa experiencia aprendí un montón de cosas que me sirvieron mucho tiempo después. Lo que pasó yo ya lo superé, lo dejé atrás y en absoluto conservo sentimientos negativos respecto a vos.
Lamento que nunca me hayas conocido. De esa forma quizás me hubieses apreciado más. Si hubieses prestado atención sabrías que mi "parquedad" es característica al primer momento de entrar en contacto con una persona, por más gran amigo que esta persona pueda resultar ser. Así es mi naturaleza, no me sale ser de otra manera. Si me comporto así los primeros 5 minutos con alguien, ese alguien puede ser vos y cualquier otra persona. No te persigas porque yo no tengo mala onda. No con vos por lo menos.
"En este momento estoy pasando por una situación particular. Las cosas a veces no salen como uno quiere y es inevitable llevar la frustración en la cara. En serio Gi, no pasa nada."