lunes, 3 de mayo de 2010
Facundo...
Decía que esperaba a Horacio... otro que me hace esperar mucho cuando quedamos a una hora. Y después soy yo el impuntual.
Hacía un frío terrible, por lo que fui a dar una vuelta corta por el Shopping, ver ropa, libros. También me di una vuelta por el baño para ver que todo estuviera ok.
Entré, me miré, intenté peinarme... Había gente, así que disimulé un poco lavándome las manos. Mientras yo hacía algo de tiempo secándome en el secamanos salieron unos tipos y me quedé solo, a excepción de alguien que seguía en el mingitorio. Era una sola persona por lo que poco me importó que me viera haciéndome el lindo frente al espejo.
En eso estaba yo peinando mis cejas que el chico que estaba “orinando” se acercó y se lavó las manos a mi lado. Levanté la mirada y lo encontré “comiéndome con los ojos”. Era Facundo. Mi primera fantasía, el mítico, mi promesa, "la espina", el hombre del sexo y los tatoo's... Facundo estaba a mi lado y me miraba con la misma cara inescrutable con la que lo conocí, con la que nunca más pude verlo. Me miraba mientras se lavaba las manos. Yo no me quedé atrás, y por más colorado que estaba no dejé de mirar el espejo en que nuestros ojos hacían contacto. No dijimos nada, yo por miedo a que no recordara quién era. Pero una sonrisa justa, breve, me lo dijo todo. Facundo se acercó mucho, tanto que giré para verlo cara a cara. Se sonrió un poco más y se volvió a la zona de los mingitorios, mirándome. Disfrutaba mi nerviosismo. Como si nada se desabrochó el pantalón y miró contra la pared. Esta vez no orinaba. Simplemente se quedó como para hacerlo, esperando. Yo quedé desconcertado, hecho piedra mirándolo. Estaba por irme cuando dijo:
-Dale-, y giró la cabeza para mirarme y decirme lo mismo, esta vez con los ojos...
PD: Los años le dieron ese aspecto que me hace pensarlo otra vez. Y otra vez, ya me agregó al msn.
jueves, 22 de abril de 2010
¿Alguien que me ama?
-¿Y cómo es ese chico?
Y bueno... jugando como juego desde el mismo día que lo conocí, mis “pistas” apuntaban a media comunidad. No llegué a decir que ese chico era él porque algo nos interrumpió...
Más tarde estabamos de nuevo juntos, mirando unas fotos en el Face, comentando comentarios que me habían dejado hace tiempo.
-Y... es que hay mucha gente que me quiere, que me ama...-, dije, para pincharlo.
-Sí, [Juan Pelotas] no es el único que te ama-, dijo, y mi reacción fue como si me hubiera tocado una tercer mano la espalda, justo cuando estaba muy relajado, justo cuando estaba bien...
PD: Al rato:
-Que te pasó? Dije algo que te molestó?
¿Y cómo disimular?
sábado, 17 de abril de 2010
Somos novios... (otra de manzanero)
-A mi me gustan los títulos; además te quiero presentar a mis amigos como “algo”... ¿qué les voy a decir? ¿“Te presento a mi día a día”? No, no da.
Y lo vi tan lastimero que le terminé proponiendo, en una escena patética e increíble... que sea mi novio. Él, chocho... yo... yo no recuerdo cuándo fue esto, cuándo es que cumplimos el primer mes. Ya me amenazó que no podía olvidarme, y él no quiere recordarme la fecha.
Por lo demás estamos bien. Ya empecé a quererlo y extrañarlo. Ya hemos discutido, y toda la noche que no tuve noticias de él me pareció mucho tiempo.
Qué se le va a hacer, yo no quería, por lo menos hasta bien entrada la segunda mitad del año... pero estoy de novio. Disfrutando esa piel hermosa.
PD: Recuerdo que una vez en Facebook me hice fan de un grupo que decía “Yo no necesito sexo... la Facultad me coje todos los días”. ¡Mentira! El sexo lo necesito más que nunca (y como nunca lo estoy disfrutando, varias veces por semana, jeje), pero lo de la Facultad es verdad... Este blog esta perdiendo los post más jugosos de este mes por la maldita Facultad.
miércoles, 7 de abril de 2010
Y más que siempre, y más que nunca, y más que jamás...
“Por supuesto que hicimos el amor…”
Con Horacio, eso de hacer el amor, como canta Manzanero, era algo que veníamos practicando desde hacía unos días, desde aquel mismo en el que nos fundimos en un beso tosco y torpe en el boliche, cuando más tarde nos atacamos por el cuello y partes de la oreja...
“Y más que siempre, y más que nunca, y más que jamás…”
Desde aquella noche hemos venido practicando el rito y mis enfermas cosquillas nunca fueron el problema…
“…ni que las gentes nos vieran a los dos…”
Hablando y conociéndonos; aun nos falta tanto, pero eso sí, creo que ni un instante dejamos de hacer el amor.
“El sorbo de café que nos tomamos aquel rato que pasamos sin parar de conversar…”
Porque el tiempo así no tiene límites, y si bien la luz del día nos indica que ya es muy tarde, todavía no nos cansamos de estar juntos.
Con Horacio, eso de hacer el amor fue más allá. Y fue espectacular, como la primera vez que no tuve, así de tanto me gustó, casi perfecta; saber que también a él gustó, haberlo sentido feliz en cada lugar donde nuestra piel tuvo encuentro.
Con Horacio, después de tanto y a la vez tan poco tiempo, hicimos el amor. Y para ninguno de los dos (sospecho que en especial para él) habrá vuelta atrás.
PD: había olvidado (si alguna vez supe) que un hombre desnudo puede ser hermoso.
viernes, 2 de abril de 2010
Horacio
Hablaba de Horacio. Que lo conocí hace realmente pocos días, que de entrada no me pareció tan feo como me previno mi amigo, nuestro celestino. Podría haber esperado mil cosas peores, pero me encontré a un chico que no aparenta sus casi tres décadas en absoluto (llegué a pensar que era menor que yo), que es más flaco de lo que realmente acepto (o aceptaba), demasiado formal, algo afectado, terriblemente tierno. A Horacio dan ganas de abrazarlo siempre. En esa oportunidad, en la que fuimos presentados, apenas cruzamos palabras o miradas. Fue suficiente. Lo demás se dio solo, todo gracias a Leandro, que no perdió el tiempo para hacer que salgamos juntos a bailar (nosotros, él y un amigo más).
Una vez, hablando de lo difícil que se me hizo acercarme al Profe la vez que nos dimos un beso, Leandro me dijo que eso era porque entre ellos tienen un código: “Nadie se agarra a nadie hasta después de las 4.30 de la mañana”. La idea de esa pauta es no dejarse solos, permanecer unidos. Y me pareció perfecto, mucho más si hubiese tenido noticias de esa pauta aquella noche. En fin, supuse que así sería con todos sus amigos, por lo que la noche en que salí con Horacio yo estaba muy tranquilo, además de que mis expectativas eran muy bajas, todo para no terminar defraudado.
Pues he de decir que no me dio tiempo a nada. Apenas empezaba a sonar aquella música que no se puede dejar de bailar, el diálogo trunco fue el siguiente:
Yo: ¿Te gusta esta música?
Horacio: Sí, me gusta.
Yo. ¿Y te gusta bailar?
Horacio: Sí, un poco me gusta.
Yo: ¿Y vas a bailar?
Y esta vez no tuve respuesta. (Haré mi mea culpa y diré que mis preguntas no eran inocentes, tanto como mi actitud, mi postura, la forma que lo miraba, nada inocente). Horacio se me acercó de una manera muy rápida, una que no deja de extrañarme si es verdad que es muy tímido. Nos dimos un beso, que no fue el mejor, pero que ha mejorado en el transcuso de los días. Pero volvamos a esa noche. Desde ese momento le pertenecí a Horacio. No me dejó solo ni para ir al baño, y si nos moviamos era sólo y sólo de su mano, siempre abrazados, o besándonos.
Desde esa noche nos vimos casi todos los días. Hasta me hizo un regalo: un peluche con forma de conejo blanco con un huevo de Pascua al que bauticé... Horacio, y al que él se refiere como “nuestro hijo”. Así de rápida la cosa, tanto como que ya me dijo “te quiero”, o me insinuó la inminencia de un “noviazgo”...; mas: hace un par de días me dijo que ya había visto mi regalo de cumpleaños (¡Y PARA ESO FALTAN MESES!) y que era probable que tenga que elegir otro, porque capaz que me lo regalaba antes. Le tuve que decir que eso no me gustaba, que yo tenía ganas de conocerlo pero que -”por dios” (esto no se lo dije)- quería ir despacio. No creo que lo haya entendido.
Y es que Horacio no estaba en mis planes. Después de lo de Gabriel yo quería conocer gente, portarmme mal, hacer todo aquello que no pude por estar de novio. No quería ponerme de novio, no por lo menos antes de bien entrada la segunda mitad del año. Esta vez quería dedicarme más a mi descuidada carrera, estar con mis recuperados amigos, sentirme libre y sin obligaciones...
Las expectativas no son tan terribles. Repito que Horacio no estaba en mis planes: a pesar de ser ese puñado de años mayor que busco en un hombre es hermosamente blanco y delgado, aparentemente bastante dependiente, económicamente estable (y le gusta hacer regalos y pagar cuando vamos a tomar algo)... Igual, yo no quería, tan rápido no quería.
viernes, 26 de marzo de 2010
Prudencia... vergüenza también
Creo que mi vida gira sobre contados puntos, y sobre ellos me muevo desde hace mucho… a veces siento ganas de hablar sobre eso, cosas que algunos saben, otros no, y otros que no quiero que sepan. En fin, la experiencia me golpea todas las mañanas en la cabeza y yo sigo sin aprender. Ya me pasó con mi ex pareja… tantas cosas quise decir de nosotros pero sabía que él tarde o temprano se enteraría de todo lo que no quería que sepa… justamente, por mi manía de que “me lea”. Eso ya quedó en el pasado, pero mi vida continúa, algunas cosillas me han tocaron de cerca desde “aquello” y no sé si por vergüenza o prudencia me guardo de escribirlas por acá. Si hasta llegué a crear un “diario electrónico”, uno que, por capítulos, guardo bajo contraseña en mi notebook… Porque para mi escribir es una necesidad, la de exteriorizar mis sentimientos, aquellos que no puedo derramar hablando, porque por momentos mi voz es muy afectada o demasiado ronca, o me trabo como si estuviera nervioso… a veces hablo como hablo porque estoy nervioso, muchas veces hablo muy despacito y la gente me interrumpe para que levante la voz -ni hablar de la manera loca en la que me sonrojo por cualquier cosa, hace más de dos meses, no sé por qué. No me gusta contar lo que siento hablándolo, por lo menos no tanto como escribiéndolo. Y yo sé que no escribo bien, que con mucho esfuerzo de mi parte podría hacerlo mejor, pero ¡qué va!, no hago nada últimamente.
Ya tendré que terminar con eso de la promoción pública de mi blog, por lo menos entre conocidos directos. Ojalá fueran muchos los que sientan la fortuna que siento yo al escribir para extraños, para simples nombres ficticios escritos en una pantalla, anónimos que probablemente sigan siéndolo, gente que hasta presta más atención.
PD: hoy es prudencia… la semana que viene, quiera dios, escriba por los hechos mismos. Les dejo el video que me hace llegar tarde al trabajo...
lunes, 15 de marzo de 2010
Por el carril derecho una avenida londinense
Voy a volver a hablar sobre Gabriel, y esta será, en lo que de mi dependa, la última vez que lo haga de esta manera.
Hace tres meses me separé de él. Fue todo muy raro: un día le dije que sentía que nuestra relación iba a no sabía dónde, y para mi sorpresa él me dijo que sentía lo mismo. Fue una sorpresa porque, a diferencia mía, él había guardado esa sensación dentro suyo por mucho tiempo, al punto de traicionarse y no decírmelo. A los pocos días quedamos en que ya no seríamos más novios, pero tampoco amigos... por el momento amigovios. A los pocos días me llama y me dice que esta situación no lo dejaba tranquilo y que prefería que seamos simplemente amigos. Para esta altura ya todo estaba fuera de mi alcance, por primera vez las cosas seguían su rumbo y mi mano no intervenía en absoluto. Recuerdo que después de esa llamada le envié un mensaje diciéndole que no quería verlo por un tiempo. Porque necesitaba pensar, más por el dolor de sentirme abandonado y no poder haberlo abandonado primero, o ser más buenos el uno con el otro y abandonarnos simultáneamente. Antes de cumplir una semana de aquel episodio me llama para decirme que podía pasar a buscar algunas cosas que él tenía. Me extrañó que fuera el mismo Gabriel quien había hecho caso omiso a mi pedido de no saber nada de él. Quedamos entonces en vernos al día siguiente. Con mi ilusión a cuestas, ese día me dijo que ya estaba de novio, con un chico con el que mantenía conversaciones desde hacía meses, que de mi se había separado mentalmente hacía mucho, que me tenía lástima. Eso dijo, y yo no logré entender, hasta el viernes, tanta hipocrecía, tanto engaño, tanta inmadurez, tanta maldad.
Desde ese día pasaron 3 meses, tristeza y confusión, pasó el Profe y otros fracasos, algunas distracciones y más ilusiones. Pero a Gabriel nunca lo quité de mi cabeza.
Antes de ir a ver Alicia en el País de las Maravillas y de agobiar con flores a María, cenando con una amiga me dispararon la pregunta más brutal de mi vida: ¿Hasta cuándo pensas esperarlo? Y emnudecí, literalmente.
Al día siguiente hablé con otra amiga y le conté lo sucedido. Le expliqué las razones de mi espera, y terminó por instarme a buscar la respuesta, a dar por finalizada mi tragedia, a jugarme por mi mismo.
Con mi decisión al hombro finalmente volví a admitir a Gabriel en el Msn y le pregunté si seguía de novio. Eso le molestó y se negó a responder. Me fui, pero volví al rato para decirle que debía hablar con él con urgencia. Gabriel se asustó, pensó en él mismo cuando me llamó para preguntarme si estaba enfermo, más específicamente si tenía Sida.
-No tengo Sida, pero necesito decirte esto mañana, a la cara-, y accedió.
El viernes fui a verlo. Estaba con la marica que lo secunda para todos lados, aquel que puedo jurar que complotó para dar fin con nuestra relación desde el principio. Se despidió de él y le pedí ir al hall de su casa, para hablar más tranquilos.
Ya sentados le volví a repetir que no tenía Sida; pero sí pena, que no entendía lo que había ocurrido entre nosotros. Que no me explicaba lo rápido de nuestro desenlace, que no se haya preocupado por mi desde aquel día, que se haya puesto de novio tan rápido. Le dije que no me entraba en la cabeza que no me haya dicho que le sucedían estas cosas desde hacía mucho, que no haya querido hablar. También le dije que me sentía culpable de todo esto, que estaba arrepentido, que por nada lo odiaba o estaba enojado, sólo eso, que no entendía por qué.
Le pregunté si ya no le pasaba nada conmigo. También le dije que yo lo seguía amando, que no había pasado un sólo día sin pensar en él. Y lo dejé verme llorar.
Gabriel me dijo que sí seguía de novio, que ya me había olvidado, que en su cabeza había otras prioridades, que era felíz. Me dijo que yo también debería intentar ser felíz, recordar lo nuestro como una linda experiencia que había terminado. Me dijo que a esta altura veía con dificultad la posibilidad de ser amigos.
-Ser amigos es algo que sé que no va a acurrir desde hace mucho. Decime, ¿tanta lástima me tenés que no pudiste decirmelo antes?
Con mucha sinceridad, en sus ojos y en el tono de su vos, me dijo que sí, que me tenía lástima, por ser una persona triste, negativa y pesimista. Algo muy loco: en mi vida me dijeron muchas veces que me veían triste; jamás como un hombre negativo, o pesimista.
Me fui. Sin saludarlo ni mirarlo a los ojos. Ya lo eliminé de mi Msn, y no lo tengo en ninguno de mis contactos. En poco más me estaré deshaciendo de otros recuerdos.
El sábado, escribiendole a mi amor platónico de BA, no pude evitar derramar algunas lágrimas que pronto corrieron como cataratas por mi cara. Luego de tres meses, de tristeza y confusión, del Profe y otros fracasos, algunas distracciones y más ilusiones... me permití llorar de nuevo como hacía mucho no lo hacía, y con ese llanto comenzaba, de una vez por todas, mi duelo y mi soltería.
Quizás no lo imaginen, pero me siento viajando por el carril derecho de una avenida londinense.
