martes, 12 de enero de 2010

En la librería tenemos libros, pero más también

Abi ayer estaba mal. Conny la había hecho poner de mal humor canalizando su represión y angustia interna sobre la pobre Abi.

Abi es delgada, morocha (me trae a la memoria a Fabiana, mi amor platónico de la secundaria), tiene unas piernas que me recuerdan a mi mamá y la cola de pocas chicas. Es simpática, me hace reír. Ayer me dijo que era lento, la miré y se rió, y me dijo que quizás ella era demasiado rápida. Nos reímos más. A veces pienso que exagera. Cuánto quisiera que ya fuera así de putísima, porque es la impresión que quiere dar, muy liberal. Realmente quisiera que así fuera… siempre amaré esa libertad.

Parece frágil, pero ha de ser más fuerte que yo. Tenemos la misma edad, pero desde el principio pensé que tenía por lo menos diez años más. A veces se le nota, eso de ser pendeja aún se le nota.

Abi tiene “marido”; a diferencia de Marina (que también tenía uno, un nene de pecho 10 años menor al que no le pudo robar un hijo) convive con él. Ellos se escaparon de un pequeño pueblo, de su monotonía, de su mente cerrada. Ahora parecen felices. El le lleva comida caliente todos los días a la hora de la cena. “Qué le das a cambio que te trata de esa manera”, le pregunté riéndome, “Ni te imaginas”, respondió, y nos reímos.

Fue Abi la primera persona en saber de mis problemas con Gabo. Ella pareció percibirlo, y cuando se lo dije en la escalera me dio un abrazo. Valoro mucho esas cosas.

Abi y Marga charlan bastante. No pueden estar peleadas ocho horas diarias seguidas. Por eso hablan bastante. Pero también tienen muchos encontronazos. Diferencias, qué se yo. Marga es tan especial. Tiene ese nombre tan único, una gran herencia de su madre, que si no lo eligió lo permitió, y eso es mucho.

Hace unos días hablábamos de tribus urbanas. Tamara, que esta en el turno anterior, me dijo que ella (misma) es Hard Core (una chica que anda en skate y escucha música de ese estilo). Y a mi se me ocurrió preguntar qué era un hippi hoy en día. Coincidimos todos en que ya no existen, que por lo menos no los podemos ver. Sin embargo yo no estuve seguro de eso. Yo pienso que Marga es hippi, es su esencia.

Margarita esconde vivos ojos verdes con unos anteojos un poco gruesos. Tiene el pelo largo castaño claro, pero se lo aclara y juraría que es rubio; lo deja siempre suelto, libre. Su manera de vestir es particular, es genial, no podría describirla. A pesar de vivir presa de sí misma (cada día menos), Margarita está condenada a la liberta eterna. Si fuera un pájaro sería una paloma, si estuviera en el campo tendría flores enganchadas al pelo. Marga siempre llora, no lo puede evitar. Tiene un novio, el amor de su vida, que tampoco puede evitar: pelean bastante pero están hechos el uno para el otro.

Ella tiene una historia de vida un poco complicada; no me corresponde a mi contarla. Lo importante es que hoy tiene la oportunidad de cambiarla, y está a punto de hacerlo. Le deseo lo mejor.

Ezequiel es mi otro compañero. Ambos compartimos ese nombre. Tiene 25 años, la altura perfecta (169 cm), medio morocho, medio pelado, medio gordito, super carismático (a mi no me gusta, pero no quiere decir que sea feo, en absoluto). Un hombre responsable, sale con la más responsable del turno de la mañana. Se nota que se quieren mucho (y es lógico, aún no llegaron al año juntos). Su persona me atrae. Siempre necesito hablar con hombres, pero en la librería todos saben que soy gay y a veces, todavía pienso que a algunos eso les debe incomodar. Con Eze hablo bastante. A veces lo dejo tranquilo por eso, porque creo incomodarlo. Parece, sin embargo, que no es así pues cuando estamos sin hablar él me busca conversación. Eze es muy agradable, me encanta ver la manera en que hace cuentas, no se le escapa nada. Una vez hablamos de mi idea loca de dedicarme a la acuariofilia. Le dije cuántos huevos podían poner una pareja de peces, y a cuanto se vende cada pez. Me dijo que haríamos negocios juntos, pues agarró la calculadora y llegó a la cifra de 500.000 pesos por año. Como nos reímos. Es un grande Eze, otra persona a la que estimo mucho y le deseo también lo mejor en sus proyectos (pareciera haber armado toda su vida).

Es difícil pensar cómo en un clima tan hostil, tan cargado de cosas negativas, de sus dueños… pueda rescatar cosas como estas.

1 comentario:

temmpus dijo...

Generalmente cuando los jefes son opresivos y dictatoriales, los empleados tratan de juntarse más y favorecer el clima. No es de extrañar.

Una ex-compañera de trabajo me comentó que cuando se fué de la empresa, le preguntó la jefa del departamento de Recursos Humanos, que qué era lo que destacaría como mejor de la empresa.

Ella respondió sin dudarlo "la gente". Entonces, dispuesta a apuntarlo en sus notas, la de recursos dijo "ah, el ambiente de trabajo".

Confundida, la chica insistió "no, el ambiente de trabajo es pésimo. Mis compañeros es lo mejor de la empresa".